Sing: explotación y bienestar personal.

Existe una mezcla extraña en Sing (2016), como en la vida: el oportunismo se disfraza de ayuda, y el bienestar personal nace de la explotación. Un koala, cuyo teatro pasa por una mala racha desde hace tiempo, tiene la idea de realizar un concurso de canto, donde el premio son (por error) 100,000 dolares. Aunque no tiene ese dinero, al ver el éxito de la convocatoria, decide continuar con el evento, con la esperanza de que, al final, las ganancias sirvan para pagarle al ganador y, sobre todo, salven su teatro de ser embargado por el banco. No se trata de un koala muy respetable, como puede verse, sin importar cuán ocurrente y divertido pueda ser, o cuánta habilidad de palabra tenga. Sin embargo, pese a los orígenes poco nobles del proyecto, resulta que todo sale muy bien para él y los cantantes.

Vale la pena estudiar la situación: ¿cuáles son las condiciones que hacen posibles los programas de concursos? En apariencia, y así se ofrecen, su motivación es sacar a la luz el talento oculto. Genios de la cocina, voces privilegiadas, atletas natos, personas con la habilidad para entretenernos por las noches o simple gente con mucha determinación… solo necesitaban que alguien les ofreciera una oportunidad. Sin negar que los genios pueden morir en el anonimato si alguien no los ayuda, lo que debería extrañarnos es la codicia y el deseo de sangre del mecenas. Nunca da lo suficiente para desarrollar el talento de todos, y no conforme con guardarse dinero que le sobra, ofrece todas las condiciones materiales, y —en ocasiones— los maestros, a cambio de ver a los genios pelear entre ellos para sobrevivir una semana más en el show. Se dirá que el genio se desarrolla mejor en situaciones adversas (lo que es dudoso), pero nada mata tanto el amor por algo como vivir cada hora pensando que no somos lo suficientemente buenos. En la película, el caso de Rosita llega a ilustrarlo, al menos, hasta la escena de su baile en el supermercado. O basta recordar a Dorothy Osborne, una muchacha con talento para escribir, que se convenció de que era una locura hacerlo, al ver cómo el mundo se reía en la cara de toda mujer que intentara borronear algunos versos.

La motivación de los concursos no es ayudar, sino ensanchar la cartera de quien los organiza, pero lo que es indudable es la existencia del terreno que explota: gente con talento que pasa desapercibida, y que vive con la insatisfacción de no ser o hacer lo que quiere. Un hipopótamo lo dice en Sing: ya trabajo en esto, pero nací para cantar. Aquí hay una mina de oro, como saben todos los embaucadores (incluido nuestro koala protagonista): un hombre insatisfecho es capaz de darlo y dejarlo todo si ante él se pone la posibilidad de obtener lo que desea. ¿Quién no sabe de las personas estafadas porque querían una mejor vida, o no ha visto las lágrimas de los participantes de concursos cuando, tras abandonar su trabajo y separarse de su familia, no consiguen nada?

Sería interesante realizar un estudio sobre estos participantes. ¿Dónde están los orígenes de su insatisfacción? La pobreza, no hay muchas dudas, estaría incluida. El pequeño con gran habilidad y amor por la cocina nunca podría estudiar para ser un chef, pues el dinero necesario para pagar la escuela donde le enseñarían a cocinar debe usarse para comprar la comida de la semana. El genio de Shakespeare, se ha escrito, no se desarrolla entre las clases trabajadoras. Podemos aventurarnos y decir que la situación familiar también sería señalada: los padres que desean que el hijo siga una tradición, y lo alejan de lo que realmente quiere con tal de complacerlos, como Johnny, en el filme; o el simple abandono de sueños porque un puercoespín engreído (y aquí el valor metafórico del personaje es notable) no nos deja hacer lo que queremos, como sucede con Ash.

Ese terreno de insatisfacción, que abonan la situación social, familiar o personal, es el que explotan los concursos. El oportunismo hace su aparición: el hombre de negocios observa terreno fértil para hacer dinero. Y lo mejor es que no tiene que hacer nada, más que dar promesas de un futuro mejor, para que los concursantes se entreguen en bandeja de plata. El negocio perfecto. En Sing, todo esto no puede ser más obvio: cada participante está insatisfecho. La ama de casa que no es valorada, el joven presionado por su padre para seguir sus pasos, el músico que se considera menospreciado, la chica en una relación asfixiante, y la joven limitada por su timidez. El material de explotación está ahí, y todos llegan felices y por su propio pie a las audiciones.

Lo extraño es que aquellos programas, a veces, consiguen ayudar a los participantes. Obtienen un trabajo, olvidan sus miedos, cambia su forma de ver las cosas, o al menos se hacen de unos contactos en el gremio, sin hablar del que resulta ganador. El bienestar personal nace de la explotación… Quizá estamos ante el único caso donde alguien explota tu imagen, tu tiempo, tu situación precaria, vende tus lágrimas a millones de personas e, indirectamente, termina ayudándote. Otra vez, Sing es certera. Todos los participantes mejoran su vida, resolviendo sus problemas familiares, con una nueva idea de sí mismos, o al menos con una pequeña enamorada en un deportivo —sin importar que un oso esté detrás de ellos—. Y al hombre de negocios tampoco le va mal.

Asi las cosas, pensar en Sing es sopesar reacciones contrarias. El oportunismo y la explotación son cuestionables, pero al ver que nuestros amados personajes terminan bien, uno se ve tentado, solo tentado, a pasarlo todo. Y el mundo es tan complejo de valorar como el mismo filme. Quizá lo único seguro es que, para cerrar un espectáculo a lo grande, no debes programar a Tori Kelly después de Sinatra.

Título original: Sing.
Título: Sing: ¡ven y canta!
Directores: Garth Jennings y Christophe Lourdelet.
Guion: Garth Jennings.
Producción: Janet Healy, Christopher Meledandri.
Estudio de animación: Illumination Entertainment.
Edición: Gregory Perler.
Música: Joby Talbot.
País: Estados Unidos.
Año: 2016.
Voces: Matthew McConaughey (Buster Moon), Reese Witherspoon (Rosita), Seth MacFarlane (Mike), Scarlett Johansson (Ash), Taron Egerton (Johnny), Tori Kelly (Meena), Nick Kroll (Gunter).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s