Zootopia: un mundo mejor.

Zootopia (2016) es una invitación a mejorar el mundo. Al final resulta muy claro, en el discurso que pronuncia la oficial Hopps. Mejorar el mundo son palabras mayores, y no faltará quien piense que dicha tarea es arrogante e ingenua. Un filme no puede cambiar el mundo, quién lo duda (sin importar que Disney lo distribuya por el globo), y siempre resulta un poco sospechosa toda persona que crea tener la respuesta a una empresa tan compleja. Pero no se puede descalificar a alguien solo porque tenga expectativas muy grandes. Lo más justo es observar la manera en que trata de resolver el problema y el modo en que se dirige a nosotros. Pues, aunque no consiga su objetivo, o ni siquiera lo comprenda, algo valioso resulta de todo intento fallido.

En Zootopia no hay rastro de arrogancia. La protagonista no es una heroína, y no está libre de faltas; es una más de nosotros, que consigue volverse mejor. Judy Hopps creció pensando que en la cuidad que le da nombre al filme todos podían llegar a ser lo que desean. Ella quiere ser policía… sería la primera coneja en ingresar al departamento. Pero cuando parece que ha logrado su objetivo, la realidad la golpea. Es menospreciada, ya que no tiene las características para luchar del lado de la justicia: no es grande, y tampoco es una depredadora. El golpe es fuerte, y un zorro, astuto y sin miedo a herir los sentimientos, se lo espeta. Los prejuicios son los que rigen la vida en sociedad, y la única manera de lograr lo que uno quiere es teniendo la suerte de haber nacido con determinadas características valoradas por la gente. El resto tendrá que conformarse con lo que le tocó ─como los padres de Hopps─. La sociedad ya definió para qué sirve uno incluso antes de nacer. Zootopia lo tiene claro, y que no nos resulte extraño el papel de ningún animal, revela cuán bien sabemos que determinadas características son las preestablecidas para cada oficio. El león es el gobernador, y todos sabemos por qué.

Pero he aquí el asunto importante: Judy no es solo el personaje menospreciado, a quien debemos compadecer. Ella, también, se conduce bajo la ley del prejuicio. Lo descubre muy tarde, cuando incluso a Nick, su amigo zorro, le teme, simplemente, porque es un zorro. La protagonista no es intachable: un acierto doble por parte de los directores. Así, con el filme, el dios de la rectitud no baja a sermonearnos. Y también se revela, hay que saberlo, que no siempre somos conscientes de nuestras faltas. Podemos discriminar y menospreciar sin saberlo, incluso a las personas más cercanas a nosotros.

Zootopia no elige el camino de la superioridad moral de un personaje; prefiere el del ejemplo. Judy reconoce su error. No era tan abierta de mente como pensaba, ni estaba libre de prejuicios, aunque pudiera recriminarle a otros estas actitudes (la escena donde sus padres le dan las defensas contra zorros; y la escena inicial, cuando le habla al pequeño zorro, quien cree que ella no puede ser policía). Y consigue luchar contra la ley del prejuicio que había asimilado, al grado de desconocer su presencia en su comportamiento. Aquí el ejemplo que el filme pone ante nosotros. Con Judy a la vista, Zootopia sostiene que el cambio de la sociedad empieza en nosotros, cosa que en el discurso final es pronunciado con todas sus letras.

En este punto, a escena entra la posible acusación de ingenuidad. La película es hilarante en varios momentos (las escenas de los perezosos son brillantes), las referencias cinéfilas están presentes y la historia se teje con elegancia, ¿pero ─diría un crítico─ todo esto solo para decir algo tan simple y recurrente? Y es que, tal vez, pocos desconocen que aquella es una idea que, por alguna razón, está en boga, y es objeto de continuas burlas y críticas. ¿El asunto es tan sencillo? No.

Tomemos con seriedad la idea, que nadie parece hacerlo. Los críticos fabrican hombres de paja cuando la cuestionan indicando que se reduce a barrer la calle, ser amable con los demás, no pasarse la luz roja del semáforo o cualesquiera otras actividades más o menos importantes. Así pensado, desde luego, no hay razones para sostener que de este modo habría un cambio en la sociedad. Quizá las calles estén limpias y ocurran menos accidentes de auto, pero esto también podría suceder en una sociedad esclavizada. Hasta los tiranos tienen casas limpias y ordenadas. Por otra parte, los críticos, tácitamente varias veces, adjudican esta idea, y su proclamación, a las clases trabajadoras; de esta manera, es claro, pensar que el cambio empieza por nosotros es solo una manera de reproducir el conformismo social. El problema no sería la organización política o social, sino que nosotros hemos estado haciendo algo mal. Le habríamos fallado al Estado. Por este camino, los críticos adjudican la idea a la clase social que los ayuda a concluir, de modo más fácil, lo que quieren: la estupidez de semejante idea.

Pero, tomada con seriedad, aquella apunta a encontrar en sí mismo la inspiración moral para reunificar el vínculo entre los hombres y, de este modo, fundar el Estado sobre una base nueva. No se trata de realizar ciertas acciones, sino de comprenderse a sí mismo, y la relación con los otros, de un modo diferente (como lo hace Judy). Y dicha idea, sobra un poco decirlo, no solo es aplicable a ciertas clases, sino a todos, en tanto que somos miembros de una sociedad que nos ha moldeado, incluso sin que lo sepamos. Claro está, solo afirmar que «el cambio empieza por nosotros» es de una simpleza abrumadora, tanto por parte de los que lo sostienen, como por parte de los críticos, que contribuyen a esta superficialidad interpretando de modo ridículo. Estos tiempos son muy aficionados a las frases de calcomanía, pero debemos resistirnos a caer en interpretaciones de folleto publicitario (columnas de opinión, se les llama muchas veces). ¿Zootopia cae en lo superficial? Un poco. El cambio de Judy ocupa solo dos escenas, y uno se ve llevado a pensar que liberarse de los prejuicios es fácil, o dicho así, que el cambio radical de modo de vida sucede en una noche. Por supuesto que no es tan sencillo, pero es excusable el tratamiento que da el filme, en aras de postular el ejemplo a seguir.

Título original: Zootopia.
Directores: Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush.
Guion: Jared Bush, Phil Johnston.
Producción: Clark Spencer, John Lasseter.
Estudio de animación: Walt Disney Animation Studios.
Edición: Fabienne Rawley, Jeremy Milton.
Música: Michael Giacchino.
País: Estados Unidos.
Año: 2016.
Voces: Ginnifer Goodwin (Judy Hopps), Jason Bateman (Nick Wilde), Idris Elba (jefe Bogo), Jenny Slate (Bellwether).

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