El perjuicio: estudio de una familia problemática.

Existen momentos inolvidables para las familias, tanto alegres como dolorosos. Los primeros, sin embargo, tienen la propiedad de no cambiar nada en la economía familiar. Las familias dichosas, obviamente, lo siguen siendo; y las fracturadas también, pues ese momento de alegría queda resguardado en la memoria, y a veces saldrá a la luz en la sobremesa. Pero no provocará que, de súbito, todos empiecen a llevarse bien, aunque a los estadounidenses les gusta pensar que sí. Tal vez sucede, pero no tantas veces como dice Hollywood.

Los momentos dolorosos, en cambio, siempre modifican algo, y no hay marcha atrás una vez que suceden. La muerte es un ejemplo, el asesinato también, el secuestro y desde luego la violación. Basta ver a nuestro alrededor para notar que, una vez sucedido algo de esto, las familias no vuelven a ser las mismas. Todo se trastoca: las relaciones, los afectos e incluso los valores. Sin importar que la familia sea dichosa o disfunciónal. No es momento de revisar los cambios que afectan a cada una de estas, pero vale la pena apuntar que, aquí, el asunto es más complejo que con los momentos alegres.

El perjuicio (2015) nos muestra el día en que acontece uno de esos momentos inolvidables, de los dolorosos. Una reunión familiar es convocada, porque Caroline dará, junto a su esposo, la noticia de su embarazo. Están presentes sus padres; su hermano Laurent (quien llega tarde) y su esposa, acompañados de su pequeño, Nathan; también asiste su otro hermano, Cédric. La velada transcurre con tensión, hasta que tiene lugar ese momento en el que nada se puede callar, ni las recriminaciones, ni las exigencias ni las lágrimas. De aquí que el guion dé pistas del pasado, pues nada de esto puede suceder sin recordarlo. Esta es una familia fracturada, pero, como ya sabía Tolstoi, la infelicidad familiar es diferente en cada una.

En este caso, se ha desarrollado alrededor de una persona. El plano en ralentí con Cédric sentado a la mesa, mientras llueve, es una buena ilustración: la tormenta se acerca, y todo el alboroto se fundará en la existencia de ese hombre, que no está en armonía con el resto. No sabemos qué es lo que sucede con Cédric, pero algo pasó que, para educarlo, sus padres tuvieron que recurrir a castigos, a una habitación que funciona como celda de castigo y a cintas para amarrarlo a la cama. Ello trajo consigo la fatiga del padre, que la madre devenga juez y castigadora, el temor y envidia (por el tiempo que sus padres dedicaron a él) de la hermana, y que su hermano sea la fuerza para contenerlo. En Cédric, por su parte, ha dado lugar al resentimiento.

Tras esta reunión, nada seguirá como hasta ahora, de aquí el travelling de retroceso con el que termina el filme y la historia que su madre le cuenta a Cédric. Esta habla de unos hombres que cambiaron de actitud, de un odio profundo al cariño. Y su madre le pregunta si comprende lo que eso significa. Al mismo tiempo, la cámara se aleja lentamente, como marcando esos puntos suspensivos que dejan en el aire la respuesta. Un travelling en retroceso es muy parecido a una despedida: no sabemos qué será de la vida del otro. Es claro que algo cambiará, pero tanto el odio podría aumentar como nacer ese cariño que menciona la madre.

Pues bien, esta falta de conclusión nos dice qué tipo de película es esta. Aquí no hay lecciones, ni toma de partido. Más bien, y aunque tal caracterización parezca algo rimbombante, se trata de un estudio. Cualquiera puede saber lo que es vivir en una familia semejante, pero ponerlo en escena implica un ejercicio de análisis y comprensión de todos los comportamientos y relaciones entre los miembros de la familia. Una escena a propósito de esto: la madre encierra a Cédric en su habitación, todos se distienden porque ya no está y pueden actuar sin temor a alterarlo, pero regresa. Su familia lo ve, pero él está desenfocado. ¿Qué significa esto sino ese temor que todos han experimentado al ver a alguien de quien no se sabe qué esperar, porque puede hacerlo todo? Llorar, golpear, gritar, nada le es desconocido. El plano es tan apropiado que podría enchinar la piel, porque el flou indica lo indeterminado. Después, la cámara lo sigue, sin mostrar el rostro. Él se comporta de modo diferente y la voz lo indica todo. El que ha llegado no es el hombre que antes estuvo a punto de las lágrimas y cuya capacidad verbal se reduce a la repetición de lo leído. Ahora, argumenta, es cáustico, frío y sangriento.

Y como buen estudio, Antoine Cuypers no permite, tan fácilmente, tomar un bando. Cédric, sí, ha tenido una vida complicada; en ocasiones, es posible darle la razón. Habla bien, puede caminar bien, como él dice, así que no habría por qué negarle algo de libertad. Otras veces, sin embargo, se llega a entrever que, cuando el enojo se apodera de él, es capaz de todo. Que sus padres le impidan tocar a la esposa de su hermano se debe, quizá, a que alguna vez no se midió. Y su estratagema con Nathan (no dejarlo beber en toda la noche para mostrarle a sus padres la locura a la que lo han llevado), revela no solo cómo el resentimiento agudiza la inteligencia, sino ─más importante─ la falta de escrúpulos, la cual no siempre nace de las privaciones que uno ha sufrido. Por más que, a priori, Cédric parezca la víctima, Cuypers nos previene de que el asunto no se reduce a una familia que abusó de un chico.

El filme tampoco le da la razón al resto, porque, aunque pueden creer que sin Cédric estarían mejor, hay algunos roces entre ellos. Por ejemplo, cuando la madre le dice a Caroline que preferiría que no juzgue a las personas tan rápidamente. Desde luego, estos desacuerdos, como la pelea entre los padres, pueden encontrar su origen en Cédric. Para evitar toda duda, hay una escena importante. Cuando aquel, por fin, se ha quedado en su habitación, todos los demás, en la mesa, empiezan a reír y a pasar un buen rato, como si, sin él, todo mejorara de repente. La cámara, sin embargo, toma la decisión de alejarse lentamente, hacia atrás. Temerosa de que, por quedarse más tiempo, apoyaría esta idea; al alejarse, en cambio, marca su distancia, dejando claro que el asunto no es tan simple como la desaparición de una persona.

El perjuicio es un nombre certero, porque no señala a un perjudicado. Al final, parece que han sido todos. Esa condena impuesta por la familia (y la sociedad), que dice que, a pesar de todo, sus miembros deben permanecer juntos, los ha llevado a adoptar papeles que prefirirían no tener. El mejor ejemplo es el padre: elige no hablar con su cuñado, pues ya ha tenido mucho que sufrir con su propia familia. Lo único que quiere, cuando la situación se lo permite, es relajarse, porque estar al pendiente de que una familia no se mate es agotador. Esa escena donde se levanta de la mesa para sacar y tender la ropa es tan buena como desoladora: el único momento de paz en su vida, viene con las tareas más simples. Estas son una especie de salvavidas, que le permiten escapar de las peleas, por eso se levanta de la mesa en plena discusión.

¿Qué sentido tiene hacer un estudio, sin embargo, que no toma partido? Para lo que han servido desde siempre: despejar el camino aclarando cosas. El perjuicio saca a luz comportamientos y los explica, como el del padre; muestra conductas que trata de desmontar, como el del hermano en tanto fuerza física que contiene a  Cédric. Esto ya ha pasado muchas veces, pues cuando Caroline le dice que, si estuviera Laurent, no tendría semejante comportamiento, eso revela que, antes, ha habido la necesidad de someterlo, y él fue quien lo hizo. De hecho, cuando sale a cámara, ya está predispuesto a usar los músculos. Y si se presta atención a todos los personajes, Cuypers intenta hacer lo mismo con cada uno: trata de mostrar cómo es que han llegado a ser lo que son, nunca juzgándolos. En términos generales, la cinta muestra lo complejas que son las relaciones en familias problemáticas, porque no siempre se reduce a alguien que abusó de otro. El hombre es un ser más complejo, y esa vieja institución que es la familia, también.

el-perjuicioTítulo original: Préjudice.
Título: El perjuicio.
Director: Antoine Cuypers.
Guion: Antoine Cuypers, Antoine Wauters.
Producción: Bernard Michaux, Benoit Roland.
Fotografía: Frédéric Noirhomme.
Edición: Elif Uluengin.
País: Bélgica, Luxemburgo, Paises Bajos.
Año: 2015.
Elenco: Nathalie Baye (Madre), Thomas Blanchard (Cédric), Ariane Labed (Caroline), Arno (Alain), Cathy Min Jung (Cyrielle), Éric Caravaca (Gaetan), Arthur Bols (Nathan), Julien Baumgartner (Laurent).
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Se puede ver El perjuicio de manera gratuita durante el 7° My French Film Festival, en la página del festival, hasta el 13 de febrero de 2017.

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