El novato: liberarse a sí mismo.

En una entrevista, Rudi Rosenberg menciona la idea sobre la que gira su opera prima, El novato (2015): lo que trató de mostrar es que la verdadera victoria consiste en liberarse a sí mismo de la mirada de los otros. Tal pensamiento es antiguo, lo cual revela que, casi desde siempre, ha sido un problema para los seres humanos el tener un vida buena, cosa que nunca se podrá conseguir si uno vive preocupado por lo que piensan los demás de nosotros, o haciendo lo necesario para cubrir algunas expectativas. Sobra decir que esto conlleva preocupaciones, desvelos, enojos, llantos… Como se sabe, obtener tal victoria no es sencillo, y no todos lo logran. De hecho, aunque se consiga, esa victoria está en peligro cada día. El deseo de obtener renombre (que siempre depende de los otros) es difícil de acallar; el deseo de agradar no lo es menos; y, en fin, como muchos de los negocios humanos se basan en buena medida en la opinión que alguien tenga de nosotros, el mundo «nos empuja» a considerar, por encima del nuestro, el juicio que otros tienen de nuestra persona.

Lograr aquella victoria, pues, no es cosa fácil; en parte, por eso, instituciones, marcas y gobiernos, prefieren decir que la victoria es modificar nuestra apariencia, acoplarnos al gusto de los demás y, a la larga, obtener el control sobre ellos. Pero, aunque tal victoria está en juego toda la vida, quizá pocos negarán que en la adolescencia se corre más peligro. Tienen lugar los primeros enamoramientos, se presenta la preocupación por entrar en un grupo de amistades, el deseo de hacerse de un lugar en la dinámica del colegio nos lleva a realizar cualquier barbaridad ─como no lo han dejado de mostrar los estadounidenses─, y la inseguridad por la apariencia física no se hace esperar. Tal vez esta es la época en la que, por antonomasia, nos definimos a través de las miradas que los demás arrojan sobre nosotros. Y si uno tiene la mala fortuna de entrar a una nueva escuela, solo y expuesto, los problemas aumentan.

Es lo que sucede en El novato. Benoît es el chico nuevo del colegio, quien, intentado hacer amigos, tiene la mala suerte de invitar a su casa a los abusadores del salón. Tras ver su habitación rosa llena de pegatinas de princesas y ponis (pues aún no cambiaba la decoración anterior), comienzan a burlarse de él. Aunado a su timidez, este acoso le impide relacionarse con sus compañeros. Para su fortuna, una chica sueca, Johanna, que no habla bien el francés, está tan sola como él y se vuelven amigos. Sin embargo, ella comienza a juntarse con los populares, y la relación se rompe. En un último intento de socializar, Benoît y su tío organizan una fiesta. A ella solo asisten los marginados del salón: Joshua, el chico al que todos desprecian y de quien algunos abusan; Constantin, el resabido que, en contraste, todos consideran anodino; y Aglaée, una joven discapacitada. Benoît hará amistad con ellos.

Para lograrlo, sin embargo, tiene que liberarse de la mirada de los otros. ¿Cómo hacerlo?, es una pregunta digna de formularse. Y es muy meritorio que, por debajo de la excelente comedia que es, el film se atreva a dar una respuesta. En primer lugar, es preciso dejar de mirar a los demás. Quien no hace esto, basa la comprensión que tiene de sí mismo, en buena medida, en los otros. Y es que las listas de Joshua, con la personas que le han hecho algún mal, lo definen. De ahí que, pese a que no se lo pregunte, le diga a Benoît que no se chupa el dedo. Hay cierto sentimiento de vergüenza que solo nace él por prestarle atención a los bravucones. De igual modo que, entre nosotros, algunos se consideran ineptos, feos o sin valor por compararse con otras personas. El sometimiento al otro comienza ofreciéndonos como esclavos. Pero, ¿qué más da lo que diga o haga la gente? Es preciso despegar la mirada de ellos.

El amor es otro ejemplo, retratado muy bien por Rosenberg. Las escenas de Benoît buscando la mirada de Johanna son tan certeras como verídicas: ahí está presente ese constante anhelo de agradar, de no dejar de ser visto. Cierto amor es someterse a la mirada del otro; y solo cuando nos ve, valemos algo. Es más, para recuperar el amor perdido, como el chico, se llega a hacer cualquier cosa, sin importar que se fabrique una imagen falsa de lo que uno es. ¿Quién, después de todo, no ha estado dispuesto a ser alguien más con tal de ser amado? Vale la pena notar cómo, al final, Johanna desaparece del film, porque a Benoît deja de importarle lo que pase con ella. Es un chico que se ha liberado, porque liberó su atención de ella, y puede ser él mismo. Joshua, por su parte, rompe sus listas: eso es liberarse también, dejando de prestar oídos a lo que otros quieren de nosotros. La última escena, de igual modo, es maravillosa, cuando los chicos cantan, a la vista de todos, y sin importarles qué tan mal lo hagan. Liberarse de la mirada de los demás trae consigo la libertad de exponerse a ellos sin miedo. Se puede ser uno mismo, con la seguridad de que esto es lo más valioso.

Benoît puede hacer amigos, porque la verdadera amistad se fundamenta, propone Rosenberg, no en lo conveniente que puede resultar, sino en la confianza de quien se puede mostrar ante otro sin reservas. Mas, para lograrlo esto, era necesario olvidar la preocupación por el que dirán, por guardar las apariencias, por quedar bien.

Aquí la película, por último, toca otro de los grandes temas: el nacimiento y fundamento de la amistad. Desde luego, este es un filme sobre jóvenes y, en dicha época, aquella suele estar marcada por la invulnerabilidad al ridículo. Pero, a diferencia de los que hacen el tonto para llamar la atención (como Charles al llegar al salón), el chico libre hace tonterías porque es divertido hacerlas junto a los amigos. Hazlitt dijo que ser joven es ser uno de los dioses inmortales, porque ellos no piensan en la muerte, pero también, vale decir, porque los afectos no están medidos. Y así como Zeus se entrega a una pasión amorosa y es capaz de hacer que una noche dure tres días, los jóvenes se entregan sin medida a una amistad, sin importar que ella pueda durar un día o toda la vida. Y sus acciones, como la cólera o el favor de los dioses, desconocen los límites de la prudencia o lo escatológico.

el-novatoTítulo original: Le nouveau.
Título: El novato.
Director: Rudi Rosenberg.
Guion: Rudi Rosenberg, Bruno Muschio, Igor Gotesman.
Producción: Eric Juhérian, Mathias Rubin.
Fotografía: Nicolas Loir.
Edición: Julie Lena.
Música: Jonathan Morali.
País: Francia.
Año: 2015.
Elenco: Réphaël Ghrenassia (Benoît ), Joshua Raccah (Joshua), Géraldine Martineau (Aglaée ), Guillaume Cloud-Roussel (Constantin ), Johanna Lindstedt (Johanna), Max Boublil (tío Greg).
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Se puede ver El novato de manera gratuita durante el 7° My French Film Festival, en la página del festival, hasta el 13 de febrero de 2017.

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