Sin miedo: la belleza salvadora.

Tal vez nunca se necesita ser explícito para mostrar lo terrible de una situación. Danielle Arbid lo consigue en los primeros minutos de Sin miedo (2015): bastan unos planos y una frase. La cámara muestra a un hombre que platica con una joven cuyo rostro no vemos. Aquella toma el lugar de sus ojos, y vemos cómo la mira, con lascivia. Las imágenes del pecho, las nalgas, la manera en que se acomoda la ropa. Todo nos indica los deseos del hombre, y lo importante es que el rostro de la joven nunca aparece, así que no importa quién sea, ella solo vale como carne. Después está la frase: «Tu tía no se enterará de nada». El tipo supone, claro, que ella está deseosa de dormir con él, y lo único que la detiene es que su tía podría enterarse. En unos minutos, la chica pierde su identidad y su capacidad de elección. De esta escena, a una intentando abusar de ella, media solo un paso. Arbid lo da, pese a no ser necesario.

Sea como fuere, la bienvenida del film es clara: estos primeros minutos ya nos hacen saber que la situación de la protagonista no es fácil. Pero no todo se reduce a un familiar que intenta acostarse con ella; además, Lina es una joven libanesa en la Francia de los noventa, inmersa en un choque de posiciones políticas, que se encuentra en ese país para estudiar. Tres cosas, entonces, confluyen para dificultar su vida: un entorno familiar peligroso; la compleja situación de los estudiantes universitarios que tienen que exprimir dinero de las rocas para vivir, o tiempo de ellas para estudiar y trabajar; y, por si fuera poco, su condición de extranjera en un país donde algunos exigen su deportación inmediata.

Son muchas dificultades y, por tanto, a ratos cada una va ocupando la mente de Lina y la pantalla. En ocasiones, se llega pensar que la falta de un foco de atención es un error, como si toda película debiera ocuparse de un problema nada más. Pero, en este caso, estamos ante alguien que enfrenta muchos problemas, y la gente en esta situación no tiene la capacidad de dejar algunos en fuera de campo; todos caen sobre uno y, si acaso se puede orillar este en favor de otro, es porque su urgencia lo impone. Es lo que pasa con Sin miedo. A veces, es la familia lo que no deja vivir tranquila a Lina, como en su regreso Líbano por la enfermedad de su padre, donde se revela que no solo su tío es un problema. Su madre y su hermano se relacionan a gritos, y, al parecer, su padre no era el más amable de ellos. Otra veces el dinero le provoca desvelos: roba un café, se apropia del trabajo de otros, y tiene que llegar a emplearse de lo que se pueda. También está la situación política: se hace amiga de personas afines a la extrema derecha, y de izquierda. Llega a conocer la disputa entre ambas posiciones, que puede llegar a los golpes, pero, sobre todo, se enfrenta a lo complejo que es residir de manera legal en Francia.

Entre tantos asuntos, hay una constante: la manera en que se sale avante. La belleza es la clave. No es casualidad que en la segunda clase a la que asiste se hable de «lo feo», mientras a nadie le pasa desapercibido que Lina es hermosa. Y esta cualidad es lo que le permite sobrevivir. Cuando no tiene dinero, se encuentra a un hombre adinerado que está dispuesto a gastar muchos francos con tal de llevarla a la cama algunas veces. Cuando este la deja, aparece otro hombre, prendado de ella desde que la vio y, para bien y para mal, le ofrece el contacto humano del que carece todo extranjero. Cuando este se marcha, llega un joven, igual o más enamorado, que no pierde la oportunidad de presionar a su padre, un abogado, para que la ayuda a conseguir su residencia legal en el país. Bienaventurada la gente hermosa, que corre con más «suerte» que el común de las personas.

Otorgarle tanta importancia a la apariencia física marca la agenda de la película. La simple duración lo prueba: la filmación de una marcha, y una posible lucha entre aquellas dos facciones políticas, se termina en menos de un minuto. Y para quien no sepa las características en el vestir de un skinhead, poco le dicen algunos planos. Por el contrario, los dos primeros encuentros sexuales se toman su tiempo. Por no ahondar en la predilección de la cámara por el rostro de Lina; o ese momento en el que el relato se da tiempo de insinuar los celos que tiene una joven de la protagonista, porque se lleva la atención de los hombres. Al final, Sin miedo es una historia dulce, donde cuántas más sean las dificultades tanto más sencilla es la solución. Quizá el problema es que otorgarle tanta importancia a la belleza, termina ocultando los esfuerzos de la protagonista. ¿Para qué tanto estudiar o trabajar, se podría pensar, si se trata de una chica hermosa? He aquí cuando el filme cae en terreno peligroso, caricaturizando un asunto que, sobra decirlo, es complejo, cruzado por odios, prejuicios, y donde está en juego la vida de mucha gente.

Una de las últimas escenas, empero, tal vez revela que, pese a todo, Arbid reconoce lo importante del asunto. La migración no es cualquier cosa. Una mujer que está a punto de ser deportada habla, de la nada, con Lina, y le cuenta lo terrible que es su situación. Porque, aunque sea difícil vivir en Francia, al menos, es un lugar seguro. En su país natal, en cambio, se vive con miedo, y con la seguridad de que nadie ni ningún gobierno puede protegerla. La mujer le dice a Lina que ella tiene suerte de tener un abogado, pero no. Más bien, tiene la suerte de ser hermosa, y de que su hijo se haya enamorado de ella. En efecto, este es un film sobre una afortunada, entre tantos otros, que no lo son.

peur-de-rienTítulo original: Peur de rien.
Título: Sin miedo.
Directora: Danielle Arbid.
Guion: Danielle Arbid, Julie Peyr.
Producción: Philippe Martin, David Thion.
Fotografía: Hélène Louvart.
Edición: Mathilde Muyard.
Música: Bachar Mar-Khalife.
País: Francia.
Año: 2015.
Elenco: Manal Issa (Lina), Vincent Lacoste (Rafaël), Paul Hamy (Jean-Marc), Damien Chapelle (Julien), Dominique Blanc (Madame Gagnebin).

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Se puede ver Sin miedo de manera gratuita durante el 7° My French Film Festival, en la página del festival, hasta el 13 de febrero de 2017.

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