El vigilante: la corrupción del hombre íntegro.

Al primero que se le ocurrió la idea con la que inicia El vigilante (2016) fue a Diógenes: cuando las personas salían del teatro, él entraba, y con eso dejaba en claro que su vida era contraria a la que llevaba la mayoría de las personas. Como si Diego Ros tuviera esto en mente, al inicio de su opera prima, nos presenta a Salvador haciendo lo mismo que el filósofo cínico. Él baja las escaleras del metro mientras el resto de las personas sube. Tal vez consideró que esta imagen no era lo suficientemente clara, así que, en un plano posterior, mientras el andén que está frente a él se encuentra lleno de gente; por el contrario, el suyo está vacío. Con este inicio sobresaliente, por la capacidad de delinear a un personaje a través de algunos planos, es manifiesto que Salvador se rige por una serie de ideas que, sin duda, son contrarias a la del resto de los hombres.

Este personaje singular es el vigilante de una construcción. Al llegar a su trabajo, descubre a un buen número de policías, peritos y paramédicos alrededor de una camioneta que había estado abandonada desde la noche anterior. Como debe ser, le informa a las autoridades todo lo que pudo observar. Y también les dice que su compañero, Hugo, quizá pudo ver algo más porque él estuvo en la caseta de vigilancia. Cuando llega este, sus testimonios se contradicen, pues él afirma que Salvador fue quien estuvo en la caseta. La razón de su mentira: él vio a los autores del crimen, quienes son, nada menos, que los encargados de velar por la justicia. Esto origina una disputa entre ambos, pues Salvador trata de convencer a su compañero de que cambie su testimonio, porque si no lo hace, entonces no se diferenciará en nada de esa basura.

Lo anterior es la línea narrativa que permanecerá a lo largo del filme, aunque en ocasiones pasa a segundo plano en favor de otra historia. Sin embargo, lo constante en todas ellas es el problema que ya pone ante nosotros el conflicto entre los compañeros. Salvador es un hombre íntegro. Por eso busca convencer a Hugo de que diga la verdad, y por ello no se va del trabajo hasta que llegue su relevo, por más urgente que sea su partida y por más que desee hacerlo, ya que su esposa está a punto de dar a luz. Para él, nada es más importante que comportarse conforme a lo que es justo y bueno. Si no se hace esto, como lo dice él mismo, uno se convierte en un hombre miserable, en uno de aquellos de los que supuestamente nos queremos diferenciar. El problema, no obstante, es que nadie más se comporta de este modo. Sus compañeros son desobligados y mentirosos (Hugo contrata a una prostituta cuando está de turno, y le dice a Salvador que es su sobrina; y los guardias del turno de la tarde prefieren salir a su hora, sin importar que algunas cosas hayan sido robadas), entre los trabajadores hay ladrones, la gente tira balazos al aire sin medir las consecuencias, los padres son capaces de vender a sus hijos y, para colmo, aquellos cuyo trabajo es velar por la justicia son los autores de los peores crímenes. El problema es el siguiente: ¿cómo puede un hombre ser íntegro en una sociedad donde nadie más lo es? Cuando observamos todo esto, se descubre lo poderosas son las imágenes del inicio del filme. El hombre intachable está solo, y va contra el modo de vida de todos los demás.

El vigilante arroja una mirada sobre este problema, y lo que nos ofrece es muy aciago. No importa cuánto busque evitarlo, por el constante y miserable actuar de las personas, el hombre íntegro terminará corrompiéndose. Y lo más terrible es que Ros le da a esto el carácter de necesidad. Salvador quiere salir de la construcción para llegar al parto de su esposa, pero cada vez que lo intenta hay algo que se lo impide (¿este rasgo tiene relación con Buñuel?). Es así que termina en una espiral de corrupción que, poco a poco, va consiguiendo que actúe contra sus ideales, hasta que termina cargando un cadáver, únicamente, para no meterse en problemas. El hombre respetuoso de las leyes, seguidor de la justicia y de lo bueno, se va desfigurando lentamente. Y esto afecta incluso su vestir, pues termina el filme sin su chaqueta de vigilante y con la camisa de Hugo. Un gesto que puede pasar desapercibido debido a su sutileza, pero representa mucho, pues se quita aquella cuando se mancha de sangre y no respeta el proceso que, al inicio de la cinta, habría seguido sin dudar.

La corrupción del hombre íntegro es inevitable. ¿Pero, por qué? Debido a que su vida es la que se pone en juego. En algunas ocasiones esto sucede literalmente, como se revela al final de la película: Salvador miente, dice que no sabe nada sobre los criminales, porque si habla, seguramente, no amanecería con vida. Otras veces no llega a tanto, pero la gente no actúa de manera recta para no tener problemas, para evitarse molestias; cierra ojos y oídos para que su vida no se vea turbada. Y sin embargo, por más que continúe con vida, Salvador sabe que ha perdido algo: cuando por fin puede irse, anuncia su partida completamente desanimado. Y lo peor es que se perdió el nacimiento de su hija. En esto hay otra fuerte carga de sentido: al final, tras quebrantar todos sus ideales, Salvador ha perdido la vida libre de manchas (esto es lo que significa el bebé). ¿Cómo vivir bien consigo mismo con la seguridad de que, por su silencio, los criminales están libres y, de esta forma, en nada se diferencia de ellos?

Con un filme que transcurre a lo largo de una noche, Ros consigue estremecernos de manera profunda. No solo porque sabe crear suspenso, maneja las sombras y los ruidos más que bien; sino, sobre todo, porque dice que pronto no habrá nadie intachable. Todos terminarán corrompiéndose, por temor a arriesgar la vida. Los filósofos antiguos, sin embargo, nos mostraron que es mejor recibir una injusticia que cometerla; y que, si es preciso, hay que dar la vida con tal de actuar de manera justa y conforme al bien.

Título original: El vigilante.
Director: Diego Ros.
Guion: Diego Ros.
Producción: Diego Ros, Jack Zagha, Yossy Zagha.
Fotografía: Galo Olivares.
Edición: Diego Ros.
Música: Diego Aguirre.
Sonido: Daniel García Olvera.
País: México.
Año: 2016.
Elenco: Leonardo Alonso, Ari Gallegos, Noé Hernández, Héctor Holten, Bryan Mateo, Lilia Mendoza.

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El vigilante forma parte del 14° Festival Internacional de Cine de Morelia y puede verse de manera gratuita a través de Festival Scope, hasta el 5 de noviembre de 2016.

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