Pacífico: vidas en construcción.

Los primeros minutos de Pacífico (2016) son protagonizados por un hombre que da vueltas en círculos, al tiempo que repite lo siguiente: «de altos espíritus es apreciar las cosas altas». Todo parece indicar que la cinta de Fernanda Romandía trata sobre algún ser ensimismado, de los que siempre tienden a hacer a un lado los aspectos más prosaicos de la vida y se enfocan en «cosas altas». Esta impresión cobra fuerza pues, en los minutos siguientes, el hombre es objeto de burla de los demás. Y tienen motivos para ello, porque mientras camina sigue repitiendo la misma frase. Tal vez no esté del todo fuera de contexto recordar esa famosa anécdota de Tales, quien cayo en un pozo y fue objeto de burla de una criada tracia, por querer investigar las cosas celestes y no prestar atención a las que estaban a sus pies. Sin embargo, con el pasar del tiempo, sucede un vuelco en la cinta, y la atención se pone en aquello que se estaba haciendo a un lado: las risas, la convivencia, el día a día; en suma, la vida en su sentido más ordinario.

Pacífico empezó siendo la documentación de una construcción (diseñada por Tadao Ando), a la que la directora fue invitada. Pero, según cuenta, el guion ficcionado surgió a medida que esta iba avanzando. Básicamente, nació ahí, en pleno rodaje. Sucede, entonces, un fenómeno curioso, porque hay un paralelo entre el desenvolvimiento interno del filme y su desarrollo. Decíamos que la historia comienza enfocándose en la apreciación de «cosas altas», y en la película es constante el uso de la cámara fija que observa únicamente el desarrollo de la construcción. Pero no cualquiera, debe notarse, sino la concebida por un arquitecto reconocido. Es de suponer que la filmación inició como el personaje de los primeros minutos: su interés era apreciar las cosas altas, más en específico, la manera en que se erigen, sin prestar mucha atención a los trabajadores. Sin las historias que se van tejiendo a medida que se alza la construcción, casi seguramente, habría resultado una cinta con planos muy medidos, y hasta bellos, que muestran cómo nace un lugar de renombre.

Pero, si todo hubiera terminado así, el filme habría sido tan frío y vacío como un lugar deshabitado. Lo mejor que pudo suceder fue prestar atención a quienes hacen posible la construcción. Dejar de lado su simple apreciación como mano de obra, y mirarlos a ellos, como personas. Los personajes más importantes son los siguientes: Oriente, uno de los albañiles, quiere regresar a Michoacán para estar con su familia, pero el problema es que, si lo hace, tendrá que dejar a su novia. Él es, precisamente, el hombre del inicio de la cinta. Otro albañil de nombre Diego, cantante también de una banda, enfrenta un problema amoroso: su novia sale con otro. Y él es padrino de Coral, el rostro más importante del filme junto a Oriente, quien es una niña que vagabundea por la construcción.

Una vez que el asunto del filme es humano, todas las frases que Oriente memoriza tienen que ver con ello: «cada uno es como Dios le hizo y aún peor muchas veces»; y las más importantes: «cada uno es artífice de su propia aventura» y «las amistades que son buenas nadie las puede turbar». Todas estas reflejan la agenda del filme. La primera tiene que ver con el modo de ser de las personas, y aparecen los cuestionamientos a la chica porque tiene dos novios, Diego es criticado porque nunca deja su celular, se habla de cómo los albañiles prefieren beber refresco en vez de agua, o se menciona la propensión que tienen algunos a inventar historias. Lo interesante es que estos señalamientos se deben únicamente a los personajes. De parte de la directora no hay ningún posicionamiento: la cámara fija es predominante, casi siempre con planos generales. Tal parece que solo está ahí para observar. Esto es destacable en algunas ocasiones, por ejemplo, cuando los trabajadores reciben su pago para después ir a un bar para divertirse y beber. Aquí no hay recriminación, conmiseración, ni siquiera complicidad o alegría, y eso es importante, al menos, porque nos alejamos de una impresión generalizada: que estas personas desperdician su vida, que su existencia es tan miserable que solo esperan tener un poco de dinero para evadirse. No hay nada de esto en el filme. Únicamente son personas que tratan de vivir lo mejor que pueden. Romandía se permite un guiño a esto, cuando Oriente le reclama a un hombre por mirar a su novia. Cualquiera pensaría que se avecina una pelea, pero sucede todo lo contrario: los hombres terminan bebiendo juntos. No hay espacio para peleas tontas porque, al fin y al cabo, lo que todos quieren es pasarla bien.

En algunas ocasiones hay movimiento, con la cámara en mano, y esto suele pasar cuando una emoción se apodera del personaje. Por ejemplo, cuando la joven es rechazada por Diego una vez que descubre su amorío con otro, la escena en la que Coral le reclama a la niña que perdió sus aretes, o cuando Oriente camina borracho y solo por la calle. Sin contar estos momentos, el filme tiene la consigna de no entrometerse en la vida de sus personajes. Esto llega a hacerlo pesado por momentos, pero todo radica en la paciencia que tenga uno para observar cómo viven las personas. Por otra parte, la falta de posicionamiento trae consigo un plano cuestionable, donde faltó pudor de parte de la directora en relación a Coral.

Las otras dos frases tienen que ver con la línea narrativa que cobra fuerza hacia el final de Pacífico: la relación entre Oriente y Coral. El hombre que caminaba repitiendo frases, sin prestar mucha atención a las personas, de a poco se va encariñando con la niña. Ella incluso le pide que sea su padrino. Y esta relación parece que es el detonante de que, al final, decida irse a Michoacán para estar con sus propios hijos. Desde luego, esta decisión trae un problema: ya no podrá ver a Coral, pero a los dos les queda la seguridad de que «las amistades que son buenas nadie las puede turbar», ni siquiera la distancia. Y que, al final, «cada uno es artífice de su propia aventura», así que se deben aceptar las consecuencias de lo que uno hace: Oriente debe atreverse a decirle a su novia que la dejará. La escena en la que ella lo encara, vale decirlo, es buena, con primeros planos al rostro porque esta vez la opción de mirar desde lejos no es posible. Es preciso mirar de frente las consecuencias que trae un abandono. Por último, hay otro aspecto importante: la memorización de frases de parte de Oriente pierde la grandilocuencia que tenía al inicio, cuando se decía poeta; una vez que el filme deja de otorgarle importancia a la construcción en favor de los trabajadores, las frases se memorizan para encarar la vida. Un ejercicio importante de lectura, como se puede ver.

pacificoTítulo original: Pacífico.
Director: Fernanda Romandía.
Guion: Fernanda Romandía, Daniela Schneider.
Producción: Fernanda Romandía, Daniela Schneider.
Fotografía: Fernanda Romandía, Joaquín del Paso, Pedro González Rubio.
Edición: Yibran Assuad, Fernanda Romandía.
Sonido: Rodrigo de Vega Benavides, Martin Delgado, María Luz Orozo.
País: México.
Año: 2016.
Elenco: Coral Ríos, Ricardo Cruz.

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Pacífico forma parte del 14° Festival Internacional de Cine de Morelia y puede verse de manera gratuita a través de Festival Scope hasta el 5 de noviembre de 2016.

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