El extraordinario viaje de T. S. Spivet: la búsqueda del saber por el saber.

Uno de los primeros rasgos reconocibles en el cine de Jean-Pierre Jeunet es que tiene una predilección por seres que son un poco diferentes del resto de las personas. Amélie es el ejemplo más claro y conocido de esto. No tan reconocido, pero igual presente, es la idea de que, para el director francés, el hombre no puede enfrentar la vida de manera solitaria. Cuando llega alguien a tu lado, la vida, de súbito, cobra una belleza que no se había percibido. De aquí esa escena, en Amélie (2001), cuando la protagonista toma del brazo a un hombre ciego y solitario, y a medida que lo acompaña en su caminar, a través de sus palabras, consigue que termine extasiado, no de otra cosa sino de la propia vida. Esta última idea es tanto más cierta cuando se trata de los seres favoritos de Jeunet, quienes siempre están distanciados, solitarios, no muy capaces de crear un vínculo con alguien. Para ellos la vida es mucho más difícil (lo que, por cierto, produce un contraste con la luminosa fotografía que es característica del director: quien tiene una vida complicada está inmerso en un mundo bello), y por eso requieren más de alguien que esté a su lado. Otra vez, quien primero llega a la mente es Amélie.

La camarera más famosa Montmartre fue una niña solitaria y, cuando llega el momento de relacionarse con otras personas, en el filme cobra importancia el personaje de Raymond Dufayel. Nunca se explica muy bien por qué Amélie lo visita constantemente, y no es necesario hacerlo, ya que es claro que él la ayuda a hacer aquello que nunca hizo, a saber, relacionarse con otros, casi siempre a través de conversaciones que hacen referencia a una tercera persona, que ambos saben que se trata de ella. Jeunet coloca a Dufayel como el amigo y compañero que ayuda a Amélie a transitar por la vida. Por lo regular, no se le otorga mucha importancia a este personaje, pero no es equivocado afirmar que es la piedra angular de lo que Amélie llega a ser: proporciona consejos cada vez que no sabe qué hacer y la motiva a dar ese último paso, encontrarse con Nino, que no es otra cosa sino establecer la relación más íntima que haya tenido con alguien. Y al hacer esto, le salva la vida, pues, como él mismo dice, así evita que su corazón se vuelva tan frío y tieso como su esqueleto.

Nadie puede enfrentar la vida solo. De aquí, también, la búsqueda desesperada de los amantes en Un long dimanche de fiançailles (2004). Por su parte, con El extraordinario viaje de T. S. Spivet (2013), Jean-Pierre Jeunet regresa sobre las mismas ideas. Esta vez, la singularidad del personaje radica en su inteligencia. El pequeño T. S. es el Leonardo da Vinci de Montana, y es que, en verdad, parece muy capaz de desenvolverse con soltura en varias ramas de la ciencia. Su madre es una entomóloga, que en ningún momento parece desatender su labor científica. Su padre es un vaquero en toda la extensión de la palabra, según cuenta el propio T. S. Y su hermana (quizá el personaje más descuidado de toda la cinta), una chica que desea ser actriz. El quinto miembro de la familia es el recuerdo de un accidente: Layton era el hermano gemelo de T. S., quien murió en un accidente relacionado con el disparo de un rifle Winchester.

Aunque no lo digan expresamente, y pese a que aparentan haberse aliviado de la tragedia, la muerte de Layton aún marca sus vidas. Precisamente, por ello, aparece a cuadro, no solo como rememoración, sino como espectro. Layton se presenta a los ojos de T. S. porque su muerte modificó el comportamiento de todos: su madre ya solo se enfoca en su trabajo, descuidando la relación con su hijo; y su padre no tiene mucho trato con él. Así encontramos la ya mencionada dificultad que experimentan los personajes de Jeunet para relacionarse con la gente. Y, más allá del ámbito familiar, su inteligencia dificulta su relación con otros. Su profesor es notablemente hostil con él, quizá porque un niño de diez años es capaz de publicar en revistas científicas mientras él no hace muy bien su trabajo. Tampoco le conocemos ni un amigo al protagonista, y que todos se rían de él, porque no puede escoger sus calcetines por su propia cuenta, tal vez revela que no es apreciado especialmente por alguien. El pequeño es un niño solitario.

Hasta aquí, tenemos un filme muy característico de Jeunet, con dos de la ideas principales en su cine: el personaje singular y solitario, y la idea no expresada de que nadie puede enfrentar la vida solo. Por ello la convivencia era más alegre cuando vivía Layton: T. S. lo tenía a él para jugar, aunque fueran de diferente carácter, y la familia, pese a los disensos que podían tener, sabían que contaban el uno con el otro. En este sentido se puede leer esa escena, donde la madre y el padre del pequeño, tras una breve disputa, rozan sus manos al cruzar el pasillo. Pero la cinta tiene un elemento nuevo, y se encuentra en lo que hace singular al personaje de T. S. Con él, se arroja una mirada sobre un viejo problema: la utilización del saber o, si se busca ser más preciso, la del conocimiento científico.

El protagonista nunca tiene muy claro para qué realiza sus experimentos e investigaciones, salvo una vez, cuando intentó ayudar a su padre. Para T. S. lo que importa es el saber por el saber. Y el mejor ejemplo es la maquina del movimiento perpetuo que, desde el inicio, se plantea como la búsqueda de realizar algo por el simple hecho de conseguirlo. Hacia el final se mencionan los beneficios que traería consigo una maquina de este tipo, aunque muy rápidamente, pero cuando él se propone desarrollarla nada sabe de esto. Para el pequeño se trata únicamente de un reto más. T. S. es la representación de la búsqueda y utilización del saber sin plantearse sus fines, y es capaz de hacer a un lado todo con tal de resolver un nuevo enigma, ya sea faltar a la obra de su hermana, o abandonar su casa para recibir un premio en el Instituto Smithsoniano. Cuando no se plantean los fines de algo, lo que resulta son empresas tan arrojadas como la de un niño de diez años que se propone cruzar en tren un país.

La contraparte de esta postura se encuentra en Layton, un chico que tiende más hacia lo práctico, en especial por su caracterización como vaquero, al igual que su padre. Para este, algo se hace con el objetivo de resolver un problema. El momento clave se encuentra en la escena en que, por única vez, un hermano desaprueba al otro. Cuando estudian el cerebro de T. S., Layton le hace ver la manera tan burda en que se conduce: ¡cruzó Estados Unidos únicamente para convertirse en un conejillo de indias!

Aquel momento no tiene mayor repercusión en el protagonista, pero revela cuál es la cuestión. Cuando no se plantea el para qué de las cosas, se corre el peligro de caer presa de los peores fines. Entre estos se encuentran varios casos, pero Jeunet se enfoca en la banalización, la creación de una imagen del científico como si fuera una estrella de pop, de tal modo que, al final, lo que menos importa es la ciencia. La aparición de Neil deGrasse Tyson en Zoolander 2 es un buen ejemplo de esto. Es así que, hacia el final, toda la ciencia se corrompe, y el personaje de Judy Davis se olvida de aquella para empezar a vender la imagen de un niño genio, que además es huérfano y tiene un pasado terrible.

Ante este problema, la posición del filme es que el saber, la ciencia, no puede perder de vista el aspecto humano. Si por algo se ha de buscar es para conseguir un bien para la vida humana. De aquí que, al final, la maquina del movimiento perpetuo sea utilizada para mecer la cuna del nuevo bebé. En esta imagen se resume todo lo que Jeunet busca decir. Pero para lograr esto debe vincular el saber con las personas, y por eso, al final, la familia de T. S. tiene que llegar a decirle que lo quieren, y que lo sucedido con Layton fue solo un accidente. De este modo, el protagonista, el saber, cae en la cuenta de que su labor debe encaminarse a mejorar la vida de aquellos lo rodean. Este es el aspecto importante del filme, pero más allá de él, es justo decirlo, Jeunet no consigue provocar la emoción por la vida que logró antaño y, por ratos, su conocida estética sirve únicamente para recordar sus mejores filmes.

el-extraordinario-viaje-de-t-s-spivet-posterTítulo original: The Young and Prodigious T.S. Spivet.
Título: El extraordinario viaje de T. S. Spivet.
Director: Jean-Pierre Jeunet.
Guion: Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant, basados en la obra de Reif Larsen.
Producción: Frédéric Brillion, Gilles Legrand, Suzanne Girard.
Fotografía: Thomas Hardmeier.
Edición: Hervé Schneid.
Música: Denis Sanacore.
País: Francia, Australia, Cánada.
Año: 2013.
Elenco: Kyle Catlett (T. S. Spivet), Helena Bonham Carter (Dr. Clair), Callum Keith Rennie (padre). Niamh Wilson (Gracie), Jakob Davies (Layton), Judy Davis (G.H. Jibsen).

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