Cyberbully: salvando vidas.

Cyberbully (2015) podría ser el capítulo autoconclusivo de una serie. La mano de Ben Chanan se nota, quien mayormente ha dirigido capítulos de series: la música extradigética siempre va de la mano con las acciones, remarcándo su sentido (en cierto momento se intenta una ironía, pero también es muy común); el filme da un giro hacia el final, donde la protagonista toma las riendas del asunto y se alza con la victoria, usando una frase lapidaria que deja en ridículo a su contraparte; casi todo plano tiene una función eminentemente narrativa, a tal grado que, cuando vemos la pantalla de la computadora, la cámara solo toma la parte importante: la conversación en Facebook, la pantalla de Skype o los comentarios en una publicación. En el plano solo aparece aquello que ayude a narrar la historia. No hay espacio para dudas o para intentar decir algo que no se pueda descubrir leyendo el guion. Y, sin duda, Cyberbully sería un buen capítulo. Quizá lo directa que es se debe a que se trata de un telefilme; o bien, porque se quiso dejar lo más claro posible el mensaje de la cinta

Lo importante radica en lo que se quiere decir sobre el tema que le da título al filme: el ciberacoso. Una tarde, Casey es atacada por un hacker, quien la amenaza con publicar algunas fotografías que se tomó desnuda. ¿La razón? Ella ha acosado a varias personas a través de cuentas anónimas, pero, en especial, hizo público el video de una chica y la criticó fuertemente. Tiempo después, la joven se suicidó, tras haber sufrido un constante acoso originado por ese video. Así que el hacker, quien dice ayudar a victimas de ciberacoso, planea aplicar con Casey la justicia del «ojo por ojo y diente por diente». Si ella no se suicida, él publica las fotos. En cualquier caso, dice en cierto momento, su vida está acabada.

La película tiene dos focos de atención, el del acosador y el de la victima. El punto de vista sobre el primero es preocupante en dos sentidos. Por un lado, Cyberbully pone de manifiesto que uno puede ser un acosador y no creer serlo. Y es que no es necesario hacer amenazas ni recurrir a groserías para atacar a alguien. El comentario que se cree solo una broma inocente es también una forma de violencia. Basta pensar en el caso de Wentworth Mille, el protagonista de Prison Break. En 2010 estuvo a punto de suicidarse, pero encontró en la comida una forma de salir adelante. Como consecuencia subió de peso, alguien le tomó una fotografía y se creó un meme con ella, en el que se contrasta su figura con la que tenía cuando actuaba en aquella serie. La broma, en apariencia inocente, no lo fue para alguien que pasaba un mal momento. Exponer públicamente la equivocación, o la ignorancia, o la falta de talento de otro, también puede ser un ataque. Y es que la línea entre la denuncia de un hecho criticable y la ridiculización de alguien no es tan clara como se cree en primera instancia. Casey no creía ser una acosadora. Incluso consideraba «normal» lo que hacía (bromear sobre otros), y llega a justificarse diciendo que es una actividad que todos hacen. ¿Cuánto de esto no hay de cierto? Hay cosas que se comparten, se escriben y se retuitean con mucha facilidad. Casey descubre que es una acosadora cuando intenta justificarse: si hay algún culpable, dice, son los mismos acosados, porque ellos se lo buscan. No deberían publicar ciertas cosas ya que deberían saber que en internet «todo se comenta». Esto nos lleva al otro sentido en el que Cyberbully es preocupante: el modo para mostrarle a un acosador lo que es, y para que se haga responsable de sus actos, es acosándolo. El remedio es más grave que la enfermedad. Si en verdad el hacker cree ayudar a victimas de ciberacoso, lo hace traicionando su causa, y entramos en un circulo ininterrumpido de violencia.

El otro foco de atención es la victima, y en este caso el filme es muy claro. Su mensaje es el mismo que Maisie Williams dio, en un video para la BBC, un año después del estreno de la película: «apaga tu ordenador y tu teléfono y habla con alguien real». Por más absorbente que pueda parecer el mundo virtual, siempre está la posibilidad de salir de él apagando los aparatos. Lo importante del filme es que rescata esta intuición, quizá muy básica, pero por ello muchas veces es olvidada. Por más cosas terribles que se digan de nosotros en la red, nuestra vida no está acabada.

Desde luego que se puede matizar la idea, y acusar a Cyberbully de ser muy simple, porque no siempre es tan sencillo desligar lo que sucede en la vida «real» de la imagen que se crea de uno en la red. Pero cuando se trata de salvar la vida de aquellos que sufren un constante acoso, los matices salen sobrando. Aunado a ello, este mensaje tiene una repercusión importante: se destruye la burbuja que siempre se crea cuando un filme tiene como centro lo que sucede en una computadora. En toda película de estas, los personajes pierden casi todo espacio. Lo importante es lo que sucede en su pantalla, y apenas tienen la capacidad para salir de una habitación. Se encierran en una burbuja, contrario a las cintas de terror donde se sale corriendo hasta donde se pueda. Pero al apagar el aparato, de inmediato, se recupera el mundo.

CyberbullyTítulo original: Cyberbully.
Director: Ben Chanan.
Guion: Ben Chanan, David Lobatto.
Producción: Leah Cooper.
Fotografía: Ben Moulden.
Edición: Anna Bench.
Música: Jon Opstad.
País: Reino Unido.
Año: 2015.
Elenco: Maisie Williams (Casey), Ella Purnell (Megan), Wilson Haagens (Hacker ─voz─) .

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