Apuntes 8: sobre lo que se dice en Twitter sin saberse.

Podríamos hacer un coloquio en donde se hablara de las cosas que se hacen sin saber que se hacen. Marx habló de eso alguna vez. Como no es preciso utilizar más palabras de las necesarias, paso a hablar sobre una de estas. Se sabe que en Twitter se escribe de todo. Y sin embargo, también todos saben que no debemos decir mucho. No debemos, por ejemplo, publicar nuestro número de teléfono, la contraseña de nuestra cuenta de banco o la dirección de nuestra casa. No debemos hacer pública la información «personal». Al menos, yo no he visto a nadie que lo haga, salvo en grupos o conversaciones privadas, desde luego. Y sin embargo, temo informales que suelen dar cierta información que quieren mantener oculta. Consideremos un caso, mitad ficticio, mitad real. Un usuario de Twitter habla sobre su trabajo, se queja del tráfico de la ciudad y de lo que hace el alcalde de su municipio, comparte notas sobre el estado de un país, platica con otras personas, publica fotos en su cuenta de Instagram y no deja de compartir el link a sus seguidores.

Todos estaremos de acuerdo en que este usuario no ha compartido nada «personal». Incluso podemos concederle que desactivó la localización, así que no sabemos desde qué lugar está tuiteando. Y sin embargo, no hace falta ser muy observador para notar que, una vez que toda esta información es recolectada, se pueden saber muchas más cosas sobre él de las que cree haber dicho. Sabremos en qué país vive de manera muy sencilla, y también en qué ciudad, pues al hablar sobre el clima, sobre el tráfico o al hacer referencias inconfundibles, está delatando su ubicación. A veces, incluso, las personas dicen de manera indirecta en qué ciudad y municipio viven, o qué ciudad están visitando. Aunque no lo parezca, se ha dicho mucho. Si alguien planea encontrarlo, su campo de búsqueda se ha reducido de millones de habitantes a los que viven en determinada localidad. Si uno observa la fotos de Instagram, tal vez pueda notar si aquel usuario vive en una casa o en un departamento. Y si ha cometido el error de postear una panorámica desde el balcón de su casa, ha ofrecido mucha más información, pues cualquiera puede reconocer un edifico, una construcción, una estatua o cualquier otro señalamiento. Hay una extraña costumbre, además, de publicar fotografías tras un sismo, ocurra este en su casa o en el trabajo, donde se ve a las personas a las afueras. Tal vez siga la cuenta del alcalde de su municipio. Hablar sobre el trabajo también es común. Nuestro usuario puede tuitear que va rumbo a él (lo he visto muchas veces), y quizá etiquete a la empresa o al lugar en el que labora (también lo he visto). Esto es dar mucha más información. Si se hace de manera regular, un observador atento puede encontrar una rutina. Nuestro usuario también habla con otras personas, amigos y desconocidos. Con estos se puede cuidar de no decir mucho, pero nunca se hace pública tanta información como cuando se habla con una persona en la que se confía, aunque se esté en un lugar concurrido. Todas las conversaciones en el transporte colectivo son pruebas de ello. No ahondaré más en estos métodos de recolección de información y deducción a partir de ella, porque hay cosas que no deben decirse. Pero si yo lo sé, cualquiera puede. Y debo admitir que sé más cosas sobre varios tuiteros de las que debería saber.

Aquellas torpes campañas que nos enseñan a proteger nuestra información nos han hecho creer que la gente es tan floja y tonta que solo dando información concisa se corre el peligro de decir más de la cuenta. Pero no es así. El mundo no está lleno de estupidos. Y hay gente tan diligente y paciente que es capaz de esperar años para cumplir sus cometidos. Tal vez cierta información no pueda ser descubierta a menos que uno la dé a conocer, como algún número de teléfono. Pero mucha información puede ser descubierta sin que se diga de manera explícita, como la dirección de una casa o del lugar en que se trabaja. En Twitter hay una coincidencia bastante curiosa, una que gira en torno al verbo seguir. Para poder establecer la rutina de una persona, uno debía seguirla por varios días, claro está, sin que esta se diera cuenta. Ahora el seguimiento se puede presionando el botón «seguir». Y si alguien espera lo suficiente, y aquel seguido dice mucho aunque no sepa que lo hace, se podrá establecer su rutina. El seguimiento se ha vuelto más cómodo, con ello el acoso, la persecución y todo aquello que gusten pensar.

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