Los insólitos peces gato: la afirmación vital y el regazo familiar.

Los insólitos peces gato (2013) se divide en tres partes: un prólogo, el desarrollo de la historia y un epílogo. Las diferencias en sus registros son claras y en especial el contraste entre el primero y el último. El inicio de la opera prima de Claudia Sainte-Luce es extraordinario: sin diálogos, con una cámara fija, una fotografía de colores oscuros o fríos, movimientos lentos por parte de la actriz y el registro del sonido, Sainte-Luce no solo presenta un personaje, también nos hace experimentar su situación vital. Hay aquí una muestra admirable de lo que permite el cine. El cansancio, la soledad, la tristeza incluso, pueden ser experimentadas por el espectador en estos primeros minutos. Los lugares oscuros denotan la soledad de la protagonista; el sonido de la gotera marca el lento y duro pasar del tiempo para alguien que no tiene nada ni a nadie; y el cereal preparado con poco esmero, y comido con menos, nos revela lo pesada que resulta su existencia.

En este inicio hay dos momentos geniales: la transición de la casa al trabajo se da con un plano en el que la bota de la protagonista aplasta a un grupo de hormigas. La imagen es clara: marcha hacia un lugar en el que, aunque trabaje con ahínco, el valor de su vida es nulo. Dicho lugar es un supermercado, y en él se emplea como mostradora de productos. Tras una secuencia, otra vez en un cuarto oscuro, donde toma su carrito, a cuadro aparece una mujer que come (o devora) varias salchichas de muestra y esboza una sonrisa sardónica, mientras nuestra protagonista, la mostradora, está en fuera de campo. Su existencia pasa desapercibida para los demás, entonces, y cuando intenta establecer una relación (sale a cuadro y le da un paquete de salchichas a la mujer), esta fracasa rotundamente (sin siquiera disimular, aquella bota el paquete). Sin necesitar ni una palabra, Sainte-Luce da las coordenadas para comprender al personaje.

La protagonista de estos minutos es Claudia, y ella aparece junto a los cuatro hijos de Martha en el epílogo de la cinta. En él, a cada uno por separado, la voz en off de esta les dedica unas palabras, las últimas de su vida. Ellas se refieren a disculpas por lo que hizo, a muestras de cariño, pero sobre todo a indicaciones para su vida: ir al dentista, buscar una carrera, sacar la basura, etcétera. Aquí ya no se presenta una situación vital, el duelo por ejemplo; lo que importa es el mensaje, y este es tan luminoso como los planos en los que todos aparecen: su madre ha muerto, sí, pero ella les dice que la vida sigue y que la deben enfrentar de la mejor manera posible, como ella lo hizo.

El contraste entre el prólogo y el epílogo no pasa desapercibido: ambos se refieren a la vida, pero el primero la muestra apesadumbrada, a un paso de no querer vivirla; el segundo es totalmente distinto: es un “¡sí!” a la vida, sin importar lo difícil que pueda ser. En el desarrollo de la historia se da el cambio de perspectiva con respecto a ella.

Martha es madre de cuatro hijos, a quien uno de sus esposos contagió de sida y su fortaleza disminuye conforme avanza el filme. Esta enfermedad causa que todos sus hijos lleven una vida apesadumbrada: Ale, la hija mayor, debe hacerse cargo de su mamá y de mantener a flote tanto la economía como la organización familiar; Wendy trata de evadirse de la situación a través de cortadas en sus brazos y sobredosis de medicamentos; Mariana llega a decir que si fuera secuestrada le harían un favor, y también busca evadirse a través del dolor (la escena donde peina su cabello con obsesión), aunque en menor grado; Armando, el más pequeño, cuando a su madre le sobreviene un ataque de vómito, se refugia en su habitación o llora desconsolado. Por su parte, Claudia conoce a Martha una vez que son vecinas de cama en el hospital, y poco a poco se vuelve parte de su familia, como su hija.

Lo que es común a todos los hijos y a Claudia, pues, es la convicción de que la vida es difícil, apenas posible de ser sobrellevada. Frente a ellos, Martha es lo contrario. Ella es luminosa: a pesar de su enfermedad no deja de ayudar a sus hijos en sus cosas, se preocupa constantemente por la vida de Claudia (se da cuenta de que mintió al decir que tenía padres, y le da algunos consejos sobre su intención de ser actriz), se ocupa de las tareas de la casa antes que de descansar, y quizá el gesto más bello de su vitalidad es su predilección por los Ruffles en vez de la comida de hospital.

Y el acierto del filme es que no lleva esta vitalidad al extremo, dándole tintes heroicos al personaje. Cosa que siempre resulta molesto en estos casos, porque ser heroico es solo una forma de apresurar la muerte sin decirlo; se disfraza el deseo de vivir con el deseo de morir, pues se lleva el cuerpo y la mente hasta sus límites, hasta ya no poder más. Martha sabe que nada puede hacer contra su enfermedad, y su impotencia queda resumida en el plano secuencia que muestra a todos durmiendo y termina con ella vomitando en silencio, intentando no despertar a nadie, y da golpes sobre la mesa cuando Ale se levanta para ayudarla. La vitalidad de Martha no es heroica. Se trata solo de una mujer que, al comprender que su muerte está próxima, se decide por vivir del mejor modo posible el tiempo que le queda. Lo que hay en este personaje es una reflexión sobre la vida, y una posición respecto a ella, originada por la consciencia de la muerte. Incluso el último momento es aprovechado: en un plano picado que anuncia el fin de su vida, tendida sobre la cama y con tres de sus hijas (Claudia una de ellas) alrededor suyo, le dice a Ale que vayan a la playa. Y pese a los problemas en el viaje, la belleza de esos momentos es inapreciable. Mejor morir tras un último viaje familiar que tras pasar días internada.

Así también, el filme evita otro extremo con acierto: la sordidez. Y es que la infelicidad en Los insólitos peces gato es manifiesta: «¿por qué estás con nosotros, eh, en serio te hace feliz?», le pregunta Wendy a Claudia, sorprendida de que a alguien le guste su vida. Pero la directora no disfruta mostrar la infelicidad. Los colapsos de Martha son dejados fuera de campo, como su muerte. A excepción de dos momentos desafortunados, en el que un hombre acosa a Mariana en el supermercado y en el que Claudia busca provocarse dolor, el trato hacia los personajes es comprensivo e incluso cariñoso. Sainte-Luce muestra que hay problemas, pero no recrimina nada ni muestra acciones autodestructivas gratuitas; ella no gusta mostrar cómo unas vidas se van a la deriva, como en la Abel (2010) de Diego Luna. Su mirada es cercana a la de Claudia cuando ve a Wendy automedicándose o a Mariana peinándose con obsesión: no cierra los ojos ante el hecho, pero en vez de recriminar, se muestra comprensiva y busca sacarlas de ese estado.

Y en este sentido, el peso de todo el filme recae sobre Martha, quien tiene el papel de guía, el de la autoridad (cada vez más delegada a Ale), y sobre todo el del cariño, pues cada vez que a alguien le pasa algo ─orinar la cama, quemarse con el sol, ser picado por una abeja─, siempre corren hacia ella en busca de amor y de apoyo. Así, su muerte (quizá como la de toda madre) es el desfondamiento más radical que pueden experimentar sus hijos. De golpe, pierden el ejemplo, la guía, la compañía, el apoyo que ha estado con ellos desde antes de ver la luz del mundo o los sacó de la oscuridad, como a Claudia; en suma, pierden el regazo.

La muerte de una madre (o de quien ocupó ese lugar para uno) no es cosa menor, y ya lo ha abordado el cine mexicano y probablemente no dejará de hacerlo: Vuelven los García (Ismael Rodríguez, 1947) y Las horas contigo (Catalina Aguilar Mastretta, 2015), por mencionar dos filmes, de modo que la obra de Sainte-Luce quede en medio. Y es común que, cuando ella muere, se le permita entregar unas últimas enseñanzas, para que de algún modo el regazo no desaparezca tras acabarse su vida o sus hijos no queden a la deriva. En la primera, Luisa García le dedica unas últimas palabras a sus muchachos y le deja su puesto a Lupita, a quien le encarga cuidar de ellos; en la segunda (pese a no ser una obra notable), la muerte de una abuela y madre cambia la relación que tenían su hija y su nieta.

Los insólitos peces gato no es la excepción, pero es una obra más importante porque Martha no espera hasta agonizar. Su caso es más reflexivo: acepta su muerte mucho antes de que llegue, y con ello acepta y aprovecha su vida, y conduce a todos a lo mismo. Su vida es ejemplar. Ella muestra el aceptar la propia vida: hay cosas que no se pueden cambiar y así, como ella apoyó a su esposo hasta el final aunque la contagió, a Claudia le dice que es guapa cuando en una escena anterior dijo que deseaba cambiar su cara. En este sentido a veces el filme cae en la frase vacía de superación, como en la escena de los horóscopos dichos en la radio o con la frase de Martha en voz en off («los suspiros son señal de que necesitas un poco más de aire para respirar»), mas lo importante es la afirmación de la propia vida, con ella como ejemplo, y de lo cual el epílogo es la conclusión, donde les agradece por ser quienes son.

Todos afirman su vida, cuando antes no querían vivir en sus circunstancias o cuando, incluso, desearon ser alguien más (Ale deseó cambiar su carácter), o sea, dejar de ser. Y además, el regazo permanece no solo como recuerdo, o con alguien ocupando su lugar; aquí, el regazo es la familia, porque la transformación de cada uno conlleva que su unidad como familia se vuelva estable. La escena donde riegan las cenizas de Martha por la ciudad lo dice todo: tras su muerte, sus hijos se unen más. La familia permanece, y como antes corrían hacia ella, ahora deben recurrir a todos cuando así lo necesiten.

poster los insólitos peces gatoTítulo original: Los insólitos peces gato.
Directora: Claudia Sainte-Luce.
Guion: Claudia Sainte-Luce.
Producción: Ruby Castillo, Christian Kregel, Geminiano Pineda.
Fotografía: Agnès Godard.
Edición: Santiago Ricci.
Música: Madame Recamier.
País: México, Francia.
Año: 2013.
Elenco: Lisa Owen (Martha), Ximena Ayala (Claudia), Sonia Franco (Alejandra), Wendy Guillén (Wendy), Andrea Baeza (Mariana), Alejandro Ramírez-Muñoz (Armando).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s