Batallas: ecos de la guerra.

Batallas (2015) es resultado de un largo trabajo de investigación realizado por la joven directora Isabelle Tollenaere, el cual expuso de manera muy lúcida en una entrevista reciente, concedida a Roger Koza, y a la que debo remitir a aquellos que estén interesados en el proceso de gestación de esta notable opera prima. En dicha entrevista, Tollenaere ha expresado los motivos que dieron origen a Batallas: «¿cómo enfrentarse hoy al pasado militar? Quería encontrar temas en los que el pasado fuera parte de la vida cotidiana, en los que la población viviera con ello.» Así las cosas, el filme nos lleva a cuatro países en cuatro capítulos, donde la guerra está en el pasado, pero también en el presente.

En Bélgica, el filme sigue a una de las tantas bombas arrojadas durante la Guerra Mundial y que, por alguna razón, no explotaron, sino que se encuentran enterradas incluso en lugares tan inocentes como un campo de cultivo, bien próximas a las personas. El capítulo es excepcional: construido con un juego entre primeros planos y planos abiertos, con la bomba siempre como protagonista de aquellos y donde estos muestran el espacio en el que está. En Letonia, conocemos a una mujer que trabaja en un curioso lugar: una vieja prisión que ha devenido espacio recreativo, donde se re-crea la experiencia de la vida militar, y donde la mujer actúa como una soldado para un grupo de angloparlantes. En Albania, nuestra atención la tiene una familia que ocupa como establo uno de los muchísimos búnkeres construidos durante el gobierno de Enver Hoxha. Y en Rusia, seguimos la celebración del Día de la Victoria, realizada todos los años con motivo de la victoria de los Aliados sobre Alemania; y además, conocemos una fabrica donde se realizan figuras inflables de artefactos bélicos.

Pero lo importante en el filme es que todas estas indicaciones espacio temporales se conocen a posteriori, son extracinematográficas. Pueden haber indicios (sobre todo en el capítulo situado en Rusia) que revelan en qué lugar y en qué época se ubica aquello que fue filmado, sin embargo, Tollenaere siempre procuró no decir mucho. Buscó, en la medida de lo posible, mantener ocultos fechas y lugares, y así crear un filme que no señale la historia de un país, que no estuviera marcado ni que mostrara la vida en unas naciones específicas. De haber hecho esto, Batallas sería un filme menos importante: habría sido un repaso de lo que la guerra dejó en aquellos lugares, quizá un dedo acusador, y su repercusión terminaría donde las fronteras de esos países están dibujadas.

Batallas no es un filme sobre la guerra en ciertos países, sino sobre la guerra. De aquí lo impersonales que son los nombres de sus capítulos: «una bomba», «un soldado», «un búnker» y «un tanque». Una bomba es peligrosa en todos lados, un soldado tiene el mismo objetivo en cualquier país (acabar con otro), un búnker es en todo lugar un espacio de protección, y un tanque es una arma poderosa en todo campo de batalla, quizá la mejor metáfora de lo que es la guerra: arrasa y aplasta, con lentitud pero de manera consistente, todo lo que hay a su paso. En este sentido, es genial el plano donde la cámara pasa de filmar a un grupo de personas bailando a un globo en forma de tanque que flota sobre ellos. La guerra aplasta y deja fuera de campo la alegría, el goce, la comunión.

Pero además, el ocultamiento de fechas y lugares tiene otro objetivo, engarzado con esta intención de hacer un filme sobre la guerra y no sobre la guerra en algunos países. Como bien lo ha dicho Tollenaere: «busqué deliberadamente un elemento de confusión, porque el tiempo es confuso, ya que el pasado y el presente se entrecruzan». En efecto, en Batallas la guerra no está, olvidada o superada, en el pasado; sí, de cierto modo está ahí, porque las bombas fueron arrojadas hace años y los búnkeres fueron construidos hace no menos, pero la guerra sigue bien presente: bombas todavía están en la tierra que pisamos; aún se celebran con gran estruendo las viejas victorias, porque los enemigos ya no existen físicamente, mas sí en la mente; y la guerra llama tanto la atención que existen lugares donde se ha convertido en recreación y re-creación.

Así las cosas, lo que Batallas nos muestra es la persistencia de la guerra. Aunque es usual creer que las zonas de guerra están en ciertos lugares, mientras el resto del mundo vive en paz; en realidad, la guerra está presente, entre nosotros, cada día y a cada momento, sin importar hace cuántos años haya sido pactada una supuesta paz. A este respecto, es sobresaliente el segundo capítulo, «un soldado»: su montaje es deliberadamente ambiguo. No se sabe con certidumbre si lo que vemos es un grupo de personas que están recreándose, haciéndose pasar por soldados, o si se trata de un entrenamiento férreo que tiene como objetivo aniquilar a otros. La línea que divide una suerte de reality show militar de una guerra efectiva no está trazada. Este el momento más claro de toda la cinta, donde presente y pasado no se distinguen. Donde queda claro que la guerra pertenece a todos los tiempos, aunque en diferentes grados, tal como lo ha dicho la directora: «busqué trazos de lo bélico en situaciones y cosas inocentes: niños jugando con armas, tanques y aviones de guerra en forma de globos.»

Pero por más inocentes que sean, estos actos son de guerra, tienen su marca. Y en este sentido, es admirable el momento en el que, tras mostrar a un niño jugando con su hermano pequeño, a quien le dispara, de inmediato Tollenaere ponga un plano de un grupo de hormigas arrastrando el cadáver de una mosca. Aunque aquello sea un juego, es un juego de guerra, y en este sentido algo muere al ponerlo en práctica o al menos hay consecuencias, quizá pequeñas o imperceptibles, pero las hay. La guerra, pues, está tan presente antes como ahora: quizá no haya lucha ni bombardeos, pero lo bélico persiste como recuerdo y como arma política (no solo por parte de Rusia), para sostener cierto nacionalismo; las armas se producen para el juego y el goce, inflables o de juguete; y hay interés por experimentar lo que para otros fue terrible.

Hay un concepto que tiene especial importancia en Batallas: eco. Por un lado, tiene que ver con esto, con la repercusión de las guerras pasadas. Pero también tiene que ver con el sonido, que es notable en la película. Quienes han vivido una situación de guerra conocen su importancia: por ejemplo, el sonido de las sirenas durante los bombardeos. Para quienes lo vivieron era paralizante, el sonido significaba la posibilidad de morir. En cambio, en aquellas ciudades donde se utilizan bocinas para comunicar algo a los ciudadanos, la única repercusión que tiene su sonido es el sobresalto provocado por su repentina aparición. Los sonidos son mucho más importantes en tiempos de guerra: el ruido de los aviones que bombardean, el grito de los soldados que paraliza (a este respecto, hay una escena notable en Phoenix, de Christian Petzold), o el canto que se dio en algunos campos de concentración cuando fueron liberados (pueden verse algunos testimonios en Night Will Fall, de André Singer).

Por su parte, en Batallas el sonido también indica que la guerra está presente: el ruido de los autos se asemeja siempre al de los aviones; en el segundo capítulo el grito de los soldados produce un doble estremecimiento, al escuchar al hombre dando indicaciones y después a la mujer, con un tono semejante, traduciéndolas; en el capítulo de la bomba, la cámara no deja de ver al cielo, como esperando un bombardeo, que parece ocurrir con el ruido que producen las noches de tormenta o el romper de las olas. Y así como estos sonidos son de guerra, Tollenaere sitúa en la música momentos de paz y distensión: la «soldado» se relaja con música pop y electrónica, el niño que le dispara a su hermano come a gusto escuchando una canción, y hasta una mosca parece bailar. Pero también hay música de guerra: el coro de niños que llama a morir por la patria. Todos estos sonidos parecen ser ecos de aquellos que alguna vez se escucharon.

Pero lo más notable del eco es que él proporciona una guía de lo que muestra Batallas: cuando alguien no sabe lo que es el eco y lo escucha por vez primera, no sabe que él es el origen de lo que escucha. A quien le sucede esto, no ve la relación de causa y efecto. Pasa lo mismo en el filme. Como quien no sabe qué es el eco, Batallas muestra que con la guerra no se puede distinguir dónde está su origen. Si lo bélico está siempre frente a nosotros, si la guerra persiste, si está en el pasado pero también en el presente, ¿se puede decir que lo que muestra Batallas es el efecto de guerras pasadas? ¿O acaso lo bélico que está presente como juego, como entretenimiento y como celebración son la causa de las guerras que vendrán y que ya sucedieron?

BatallasTítulo original: Battles.
Título: Batallas.
Directora: Isabelle Tollenaere.
Guion: Isabelle Tollenaere.
Producción: Sébastien Andres, Olivier Burlet,
Fotografía: Frédéric Noirhomme.
Edición: Nico Leunen.
Sonido: Kwinten Van Laethem.
País: Bélgica, Países Bajos.
Año: 2015.
Elenco: Nina Nikolaevna Volkova, Victor Anatolievich Vokova, Madara Marta Vičiule, Gedimins Vičiulis, Familia Muça, Explosive Ordnance Disposal Group Belgian Armed Forces.

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