Sangre francesa: mirada periférica sobre la extrema derecha en Francia.

Sangre francesa (Un Français, 2015) se extiende por poco menos de veinte años en la historia de Francia, desde mediados de los años noventa hasta comienzos de la segunda decada de los dos mil. El filme es claramente político, y tiene la mirada puesta en la extrema derecha de aquel país. Sin embargo, pese a que nombres son mencionados de manera explicita, como el del fundador del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, la posición que se elige en la película es periférica. El director Patrick Asté, mejor conocido como Diastème, sigue por todos esos años a Marco, quien en su juventud fue un skinhead, partidario de esta postura radical, pero con el pasar de los años se deslindó de ella.

El caso es que Marco no es un hombre inmerso en la discusión, ni tampoco es miembro activo en el partido. Más bien es un joven que va por las calles golpeando e intimidando a todos aquellos que no sean «franceses»: marroquíes, negros, etcétera. El lema que lo guía es: «Francia para los franceses». Puede afirmarse que no es una de las personas más renombradas en la causa de la extrema derecha, y de aquí lo periférico de la elección. El filme no sigue a un político, sino a uno de tantos convencidos por aquella posición.

Sin embargo, personas como Marco son el rostro más conocido, que viene a la mente casi de manera inmediata cuando se habla de la extrema derecha. Caminando por las calles es quien despierta temor, es el encargado de manifestar la brutalidad de una posición política, o de un cuerpo de ideas. De aquí los momentos en el filme cuando su sola presencia infunde miedo, en el transporte colectivo, al entrar a un negocio, e incluso notablemente afectado por la falta de aire. Sin importar su estado, es terrible encontrarse con él. En este sentido es sobresaliente el trabajo de Alban Lenoir como Marco: en un solo gesto (la escena en el transporte) o con una sola mirada muestra la brutalidad de la que su personaje puede ser capaz.

Pero esta posición periférica conlleva riesgos, porque si no se aborda bien, el fondo o los motivos de la brutalidad quedan escondidos. Debiera dejarse en claro desde el inicio que la violencia tiene su origen en una posición política, para evitar encontrarle otros motivos: personales, económicos, por el placer de quien la lleva a cabo, etcétera. Pero esto no pasa en Sangre francesa: solo hasta pasado un buen rato se comprende que toda la ira y la violencia tiene un origen político. La escena inicial, a este respecto, es de una brutalidad incomprensible: tres jóvenes fuertes persiguen a otros tres de complexión más débil. Solo uno logra escapar; los que son atrapados son humillados y golpeados. La razón de esta escena, y de la siguiente en un bar, es clara mucho después: aquellos fueron atacados porque su presencia en Francia no es aceptable para un grupo.

La confusión es tal que en un comienzo la violencia se atribuye a su condición precaria, remarcada por la escena en la que Marco intenta masturbarse. Diastème lo muestra tan paupérrimo que ni siquiera puede encontrar algo con qué excitarse. Ni siquiera la autosatisfacción le es sencilla. El no poner de manifiesto, desde un comienzo, que las acciones de estos jóvenes tienen un fondo político es un error grave, porque el director propicia lecturas simplonas. Lo que hay en Un Français no son unos pobres chicos que, por tener una vida sórdida, golpean a gente por la calle. El asunto es de mucha más envergadura: ellos son resultado de unas ideas que se distribuyen y se justifican; son jóvenes convencidos por un sistemático establecimiento de ideas que buscan la exclusión o aniquilación del otro.

El asunto debiera ser: ¿qué razones llevan a alguien a tomar esta postura? No: ¿qué tan miserable debe ser una vida para inclinarse hacia la posición de la extrema derecha? Escoger esto ultimo conlleva tratar como idiotas a los personajes: no siguen esta posición porque algunas razones los motiven; la siguen porque no hay otra opción. La postura de Diastème es clara: los más pobres siempre son los más manipulables, por sus carencias y por su falta de educación. Pero sin importar cuánto se crea esto, un filme no puede interpelar una posición política mostrando que su éxito se debe solo a las carencias de las personas. Esto solo conlleva menospreciar las vidas que se filman.

En este sentido, aunque la película es claramente política, resulta problemático que este aspecto nunca llega a asentarse bien. Pueden haber imágenes de archivo, se puede hacer referencias a hechos reales, pero Diastème siempre muestra que la precariedad personal es la que mueve a algunos a inclinarse por una posición extremista: el pequeño departamento en el que vive Marco, su padre adicto, su madre sumisa, la violencia siempre presente, la pobreza también de sus amigos, aquí están la razones de su actuar. En cambio, lo político queda reducido a pocas escenas protagonizadas por gente de notable poder adquisitivo, que se ocupan de la manifestación pública de la extrema derecha. En este ambiente, los amigos de Marco se diferencian por su ropa, por su comportamiento, y hay un regaño hacia alguien porque su apariencia y su adicción le da una mala imagen al movimiento. Por un breve instante, Diastème muestra el fondo político del asunto: aunque personas como Marco manifiesten la brutalidad de una posición política, no obstante, su persistencia se juega en otro lado.

En este tenor, Marco no se deslinda de esta posición porque se convenza de que es una postura equivocada, de que no tiene razón de ser; lo hace por miedo, tras ser primero golpeado en la cabeza y ver cómo matan a uno de sus compañeros, después por faltare la respiración en la calle y, por último, por ser apuñalado por una de las personas que él acostumbra golpear. La visión de su muerte es la que lo mueve a abandonar una posición que, buscando la aniquilación del otro, puede conllevar la de uno mismo. Por el contrario, Braguette se convenció más cuando le dispararon en la pierna: este es un personaje más político, más ocupado en las razones para defender su posición. No es gratuito que después se convierte en un rostro público de la extrema derecha. Por su parte, con Marco, tal como hizo con la filiación a esta, Diastème coloca su desapego en el ámbito personal, más sentimental que racional.

Una vez que deja de ser un skinhead, la periferia de la posición se hace más clara: la política solo aparece ahora en la televisión. Y las preocupaciones de Marco pasan a ser más personales: su trabajo, su salud y su familia. Cuando esto pasa, se hace más claro que Sangre francesa, sí, es un filme político, pero donde una historia de vida es más importante. Al final, lo que vemos es la vida de un chico que pudo superar la precaria situación de su juventud. Pero así como esta pudo llevarla a defender las ideas de la extrema derecha, bien pudo haberse convertido, por ejemplo, en un delincuente. La posición periférica que Diastème eligió lo llevó a realizar un buen drama, pero no un filme que interpele a una posición política: el joven Marco se inclinó hacia la extrema derecha porque su pobre vida le dejaba pocas opciones; se alejó de ella cuando vio cerca la muerte; y como adulto, su posición no es clara: «no estoy en el bando de nadie». Él solo quiere ver a su hija, lo demás no es tan importante. En la escena final, deja de ver las noticas para preparar la comida: los asuntos personales van por delante.

Sangre francesaTítulo original: Un Français.
Título: Sangre francesa.
Director: Diastème.
Guion: Diastème.
Producción: Marielle Duigou, Philippe Lioret.
Fotografía: Philippe Guilbert.
Edición: Chantal Hymans.
Música: Jean-Marie Blondel.
País: Francia.
Año: 2015.
Elenco: Alban Lenoir (Marco Lopez), Samuel Jouy (Braguette), Paul Hamy (Grand-Guy), Olivier Chenille (Marvin), Patrick Pineau (farmacéutico), Jeanne Rosa (Kiki).

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Se puede ver Sangre francesa de manera gratuita durante el 6° My French Film Festival, en la página del festival, hasta el 18 de febrero de 2016.

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2 comentarios en “Sangre francesa: mirada periférica sobre la extrema derecha en Francia.

  1. Muy interesante su crítica. Creo que es una película muy floja, y Usted lo señala en varios pasajes de su crítica. Lo que más me molestó es la falta de conciencia que el director atribuye a Marco, para cambiar su modo de vida. A mi no me resultó tan claro que fuera el miedo la motivación, creo que el filme no explica nada bien como alguien tan violento se transforma en una buena persona que hasta reparte comida gratis para los personajes que antes golpeaba.

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    1. Perdón por haber dejado su comentario en el aire tanto tiempo. Lo que señala es cierto, ese cambio en el modo de pensar de Marco no es nada claro. Quizá le di mucha importancia a algunos aspectos que me llevaron a pensar que el miedo era el motivo, y el que no estemos de acuerdo reafirma su punto: lo que originó el cambio en Marco fue muy descuidado por el director, cuando parece ser clave.

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