Alléluia: un filme para el tacto.

El filme de Fabrice Du Welz tiene como inspiración a una pareja de asesinos seriales de los años cuarenta en Estados Unidos: Raymond Fernández y Martha Beck. Su historia puede describirse con tres palabras: mentiras, amor y celos. Pero en el caso de Alléluia (2014) los nombres de la pareja pasan a ser Michel y Gloria, aunque las mismas palabras pueden describir la relación que se establece entre ellos. Mentiras porque Michel se dedica a enamorar mujeres con la intención de obtener su dinero; amor también porque Gloria, tras ser una de las tantas engañadas, lo persigue y se vuelve su amante, y también su ayudante a la hora de engañar a otras; celos porque no puede soportar que él se acueste con otras mujeres.

Lo peculiar en la película de Du Welz es que está filmada en 16 mm, de tal modo que la imagen resulta con grano. Y esto no es algo menor, porque una imagen sin grano provoca más a la visión, pero con este el tacto cobra relevancia. La imagen provoca el tacto, ya que produce cierto escozor y el deseo de limpiarla para hacerla clara. Por un lado, lo táctil de la cinta son las dos acciones de las que se ocupa: el sexo y el asesinato. Ambas, acciones eminentemente táctiles: en el caso del sexo pocas dudas caben; en cuanto al segundo, se puede recordar que los asesinatos más crueles son aquellos donde uno se deleita en el corte, en la quema, en la asfixia, en el golpe. Aquellos, pues, donde el asesino se ensaña con el cuerpo de la victima. Por ello, Du Welz siempre muestra los asesinatos en primeros planos: sabe que no necesita tomas abiertas en las que se vea cómo Gloria se ensaña con las mujeres que duermen con Michel porque el tipo de imagen lo denota. El ensañamiento táctil del asesinato se siente por medio de la imagen granulada, no solo se ve.

Pero como este grano interpela al tacto, entonces tiene otro sentido, el de la impotencia. La imagen no puede ser limpiada, así que este deseo está condenado a nunca realizarse. La impotencia se hace presente. Y esta se encuentra en los mismos asesinatos: Michel es impotente porque no puede detener a Gloria (salvo una única vez) cuando está dispuesta a matar a alguien. Y nosotros también somos impotentes: no solo no podemos limpiar la imagen; también porque los únicos personajes que despiertan nuestro querer (sobre todo la última victima) son asesinados frente a nosotros, sin ninguna consideración o posibilidad de escape. La impotencia marca la experiencia en/al ver este filme.

Y cuando esta imagen con grano se combina con filtros de color rojo, resultan escenas importantes para el filme. En estos casos se une lo táctil que proporciona la imagen granulada con la perspectiva que tiene la cinta, porque el color no es cosa menor: el rojo es el de la sangre y el del infierno. En una de las escenas, en el primer encuentro sexual entre Michel y Gloria, la imagen muestra su rostro. En cualquier otro caso, el sentido sería (más o menos) claro: el rostro del placer sexual. Pero al teñirla, la imagen se vuelve bifronte: es el rostro del placer, pero también puede ser un rostro de dolor.

Con algunas miradas y gestos, y con el color rojo acentuándolos, el rostro de Gloria luce como el de alguien que está sufriendo. Ambas acciones táctiles conviven en un plano: sexo y asesinato. Quien vea ese rostro sin contexto, no podría asegurar si Gloria disfruta del primero, o le están dando muerte. Y esta tensión entre lo placentero y el sufrimiento permea todo el filme: la relación entre los protagonistas, felices en el cine pero con un Michel que se siente atrapado; la relación que tiene la hija de la última victima con con cada uno de aquellos, pues disfruta la compañía de Michel pero detesta a Gloria. No es gratuito que dos encuentros sexuales sean interrumpidos y devengan asesinatos: placer y dolor, incluso, en una misma escena. La película, entonces, está regida por el sexo y el asesinato, por el placer y el dolor.

La otra escena importante es aquella en la que Michel y Gloria bailan alrededor de una gran fogata, desnudos. La imagen no es clara por el grano, y en este caso el rojo que la tiñe es el del infierno. Lo que el director muestra es la comprensión que tiene de sus personajes: para él, sus motivaciones son inescrutables, tan poco claras como la imagen. Es superfluo intentar descubrir qué los lleva a comportarse de tal manera: ¿por qué Michel no abandona a Gloria si parece sentirse atrapado?, ¿por qué ella sigue con él?, ¿por que a la única que salvó fue a la hija de la última victima? De algún modo, su señor no es el mismo que el nuestro: las razones que nos motivan a actuar a nosotros, no se aplican a ellos. En cierto momento lo afirma Gloria: somos incapaces de comprenderlos. No es que ellos sean diabólicos o tengan algún pacto con un demonio (aunque las escenas de hechicería busquen decir eso). Aquí el infierno sirve como metáfora de lo incomprensible, de lo oculto.

Así entonces, Fabrice Du Welz filma actos de motivaciones inescrutables. Ante ello, se inclinó por enfocarse en el asesinato, per se: la biografía de los asesinos no es explorada, la elección de las victimas nunca se muestra, la convivencia con ellas apenas es abordada, su captura y juicio ni se mencionan (a excepción de la última escena que parece referirse a ello). Como no puede entender el por qué de sus actos, Du Welz solo se enfoca en ellos, de tal modo que los filma apelando más al tacto que a la vista, porque esta distingue cosas, señala direcciones; en cambio, al tacto le pasan muchas cosas por alto.

Alleluia posterTítulo original: Alléluia.
Director: Fabrice Du Welz.
Guion: Fabrice Du Welz, Vincent Tavier, Romain Protat.
Producción: Clément Miserez, Vincent Tavier, Bart Van Langendonck, Bart Van Langendonck.
Fotografía: Manuel Dacosse.
Edición: Anne-Laure Guégan.
Música: Vincent Cahay.
País: Francia; Bélgica
Año: 2014.
Elenco: Lola Dueñas (Gloria), Laurent Lucas (Michel Bellmer), Héléna Noguerra (Solange), Édith Le Merdy (Marguerite), Anne-Marie Loop (Gabriella).

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Se puede ver Alléluia de manera gratuita durante el 6° My French Film Festival, en la página del festival, hasta el 18 de febrero de 2016.

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