Cita a ciegas: una mirada fresca.

El amor nace de la vista. O al menos esta es la idea más utilizada por las comedias románticas o por cualquiera otro filme, sin importar su género, que muestre el desarrollo de una relación amorosa. Sin ir más lejos, se puede apreciar en la programación del 6° My French Film Festival: Henri Henri (Martin Talbot, 2014), La belle saison (Catherine Corsini, 2015), 20 años de diferencia (David Moreau, 2013), Alléluia (Fabrice Du Welz, 2014), Las chicas (Alice Douard, 2015). Todas son películas donde el amor se da a partir de la mirada; o dicho de manera más prosaica, de la belleza física del otro. En este sentido, la opera prima de Clovis Cornillac, Cita a ciegas (2015) ─un nombre más importante que el otro con el que se conoce en español, Me quiere, no me quiere…, aunque no tan bello como el original, Un peu, beaucoup, aveuglément!─, va a contracorriente: en ella, el primer encuentro entre la pareja protagonista se da a través de la palabra.

En el filme, una pianista se muda a un nuevo departamento, el cual colinda con el de un inventor de puzzles, y la pared que los divide es tan delgada que desde uno de ellos se puede escuchar a la perfección todo lo que sucede en el otro. Al principio, ello provoca contratiempos, ya que él es básicamente un ermitaño. Pero después de una velada en la que platican, ambos comprenden que entre ellos «hay algo». De la palabra, entonces, surge el amor. Y el director retrasa el encuentro frente a frente, cuerpo a cuerpo, hasta el final de la cinta.

Puede decirse que Cornillac sigue el camino contrario de una usual comedia romántica: ellas van de la vista a la palabra, pues aunque el amor surge con la vista, siempre la unión entre dos personas (más allá de las escenas de sexo que se puedan incluir) se afianza a través del discurso, y/o se rompe debido a él. Con Cita a ciegas sucede lo contrario: la relación se afianza a través de la palabra, y también corre el riesgo de romperse por ella, y solo hasta el final se conocen en persona. Pero a estas alturas, la pareja ha superado ya las mayores desavenencias que podrían tener.

En este sentido, el filme sigue (aunque al revés) el mismo camino recorrido por muchas comedias románticas: no importa qué tan bellos sean, qué tan placentero sea el sexo, el éxito de una pareja o su felicidad se juega en el pensamiento, en el discurso, en sus palabras. Al final, todo se supedita a esto. El mayor placer está en encontrar a alguien cuya forma de ser y pensar nos haga enloquecer.

Hay una escena que lo revela todo: cuando él crítica la manera en que ella interpreta a Chopin, y la guía poco a poco. La escena, en cierto modo, es un cliché, porque en ella la chica cada vez se hace más atractiva: por una fuerza inexplicable pierde los lentes, su cabello cae sobre sus hombros y pierde algunos botones de su blusa, revelando que tras la recatada mujer hay una chica notablemente atractiva. Al acabar su interpretación, ambos terminan exhaustos y ella desarreglada, tras haber sido «desnudada» por aquella fuerza inexplicable, como si lo que hubiera terminado fuera una escena de sexo. Y en algún modo así fue, pero el sumo placer no vino aquí del cuerpo, sino del pensamiento y las palabras. La sapiencia que se encontró en el otro, la coincidencia en una pasión, el haber captado el sentido de algo, de aquí provino el placer. A partir de este momento nuestros protagonistas inician su relación.

Así entonces, Cita a ciegas no es algo que no se haya visto antes. Tiene los mismos valores y afinidades que otras comedias románticas. Pero lo admirable, en este caso, no es lo que se dice, sino el cómo. Ya desde la idea de seguir un camino recorrido por muchos pero de manera contraria se revela cierta genialidad, o al menos frescura en la mirada.

Es notable, por ejemplo, la decisión del filmar dos momentos clave con un travelling circular: cuando ella interpreta una pieza en su audición, y cuando por fin nuestra pareja se ve frente a frente y se besan. Se filman así porque se trata de momentos perfectos. Son instantes absolutos. No requieren de nada más. En una interpretación perfecta no es necesario nada, ni siquiera un plano con la reacción del público. Y un beso hace que la pareja sea autosuficiente. El resto del mundo (les) deja de importar: ellos se bastan a sí mismos. Decidir filmar estos momentos así revela que tras la cámara está alguien que sabe lo que está haciendo.

Cita a ciegasTítulo original: Un peu, beaucoup, aveuglément!
Título: Cita a ciegas.
Director: Clovis Cornillac.
Guion: Clovis Cornillac, Tristan Schulmann, Lilou Fogli.
Producción: Pierre Forette, Grégoire Lassalle, Thierry Wong.
Fotografía: Thierry Pouget.
Edición: Jean-François Elie.
Música: Guillaume Roussel.
País: Francia.
Año: 2015.
Elenco: Mélanie Bernier (Machine), Clovis Cornillac (Machin), Lilou Fogli (Charlotte), Philippe Duquesne (Artus).

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Se puede ver Cita a ciegas de manera gratuita durante el 6° My French Film Festival, en la página del festival, hasta el 18 de febrero de 2016.

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2 comentarios en “Cita a ciegas: una mirada fresca.

  1. Acuerdo en general con su crítica, pero creo que justamente al invertir la secuencia de enamoramiento (primero la palabra y luego la vista) se plantea un sentido de extrañamiento en el espectador, una cierta ansiedad por saber cuando finalmente se conocerán cara a cara los amantes, y esto para mi no es un detalle menor, es una transgresión que se hubiera coronado como obra maestra, si alguno de los dos protagonistas no respondieran al estereotipo de belleza occidental. ¿Cómo hubiera sido la escena del encuentro cara a cara si él o ella hubieran sido “feos” y por lo tanto distantes de los cánones de belleza establecidos?

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    1. Me parece cierto lo que señala. Aunque, a propósito de ello, me llama la atención un momento en el que los dos protagonistas se preguntan cómo son: ella dice que es rubia y alta (tal vez haciendo referencia a su hermana quien, por cierto, tiene a todos los hombres tras de sí); él no niega ser guapo, pero miente en algunas cosas. A mí me parece que ambos son atractivos desde el comienzo, pero lo curioso es que ellos no se consideran así, a tal grado que se ven en la necesidad de mentir sobre su apariencia física.

      Esto me lleva a observar mejor el momento en el que por fin se conocen: él no tiene grandes cambios, pero ella sí. La apariencia de la chica del final es muy distinta a la del comienzo, más parecida a la de la escena donde él le dice cómo interpretar a Chopin. Cabello suelto, sin mangas, sin anteojos, con un lindo vestido y menos tímida. Pareciera que toda la relación fundamentada en la palabra la llevó resplandecer físicamente. Hasta podría arriesgarme a decir que «se volvió más bella» gracias a la relación que tuvo sin contacto físico. Pero claro, la elección de actores parece que fue hecha con esta intención: actores atractivos a los que se les quitó un poco de su resplandor y después se les devolvió. En este sentido, su pregunta permanece: ¿cuán más admirable hubiera sido el filme si al menos uno de los dos no hubiera sido tan claramente bello? Parece que Cornillac intuyó el asunto, pero no llevó a cabo la transgresión de la que habla.

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