El verano de Sarah: simpleza.

El verano de Sarah (Belle Gueule, 2015) es de una simpleza notoria: la historia de una chica que junto a su padre, durante las vacaciones de verano, trabaja vendiendo buñuelos en la playa, porque su situación económica es apretada. Pero conoce a un chico de más poder adquisitivo que le gusta, aunque frente a él se avergüenza por su falta de dinero. Se trata de un cortometraje sin matices o exploraciones. Solo retrata la vergüenza de sí que experimentan algunas personas con pocos recursos, de tal modo que la obra de Emma Benestan los rebaja todavía más porque los muestra como unos seres acomplejados. El único problema que se ve, entonces, está en ellos.

Así también, la simpleza radica en que el cortometraje está filmado, en su mayoría, con primeros planos al rostro de Sarah. Benestan no se mete en problemas ni se quiebra la cabeza preguntándose cómo filmar varias cosas; más bien, hace que un plano tenga varios sentidos: como avergonzarse de sí mismo es una especie de retraimiento, utiliza el primer plano, así reduce el campo de acción, y aunque la protagonista esté caminando por la playa queda claro que lo hace escondiéndose, procurando no ser vista por el chico. El primer plano también indica el desconocimiento de una situación, pues Sarah cree que «trabaja como perro», cuando vender buñuelos está lejos de ser una labor extenuante, y tampoco sabe lo complicado que es ganarse el dinero, según le dice su padre. Nuestra protagonista tiene poco conocimiento de lo que otros tienen que hacer para vivir, y el primer plano denota lo encerrada que está en sí misma y en sus intereses. También, este sirve para filmar las discusiones, porque cuando se discute, en cierto modo, uno se encierra: no se ven las razones del otro (ni se está dispuesto hacerlo) sino solo las nuestras.

Quizá el mejor momento (aunque algo insípido) es cuando Sarah atiende a dos chicas en la playa: Benestan filma el encuentro en un plano-contraplano, pero mientras Sarah aparece en su usual primer plano, las chicas lo hacen en un plano conjunto. Ellas son todo lo que nuestra protagonista quisiera ser: hermosas, con dinero, personas que van a la playa con el único objetivo de divertirse y que no tienen que andar ocultándose de nada. Y todo ello es muy notorio cuando se contrasta la imagen de estas chicas con el rostro perdido de Sarah. Pero con esto el cortometraje no abandona su simpleza; al contrario, remarca la vergüenza que ella tiene de sí misma, mientras las personas en una situación acomodada son filmadas de manera luminosa.

Poco más se puede decir sobre un cortometraje como este: simpleza en el filmar, en la historia, y con una protagonista que ni siquiera es capaz de inventar buenas mentiras.

El verano de SarahTítulo original: Belle Gueule.
Título: El verano de Sarah.
Directora: Emma Benestan.
Guion: Emma Benestan.
Producción: Bélinda Leduc.
Fotografía: Adrien Lecouturier.
Edición: Julie Borvon.
País: Francia.
Año: 2015.
Elenco: Oulaya Amamra (Sarah), Samir Guesmi (Elías), Ilian Bergala (Baptiste).

 

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Se puede ver El verano de Sarah de manera gratuita durante el 6° My French Film Festival, en la página del festival, hasta el 18 de febrero de 2016.

 

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