El trotamundos: acompañar la abyección.

El caso es que no podemos negar la existencia de los seres viles. Y cuando salen a la luz pública se puede notar que, cuánto más se sorprende e indigna alguien por su existencia, tanto más edulcorado es el mundo en el que se imagina vivir. La tortura, el cruel asesinato, las violaciones, por mencionar algunas cosas, están teniendo lugar a cada momento, pese a que uno no lo tenga en mente a cada instante. Pero a pesar de su normalidad, o debido a ella, uno debe tomar postura. Y el caso de un director de cine no es la excepción: si se propone filmar a uno de esos seres viles, la cuestión que se impone es ¿cómo hacerlo?

Y esto se vuelve tanto más urgente porque ellos mismos se graban. Así por ejemplo, existen videos tomados por los mismos violadores. Y estos son buscados por aquellos que quieren vivir ese hecho a través de los ojos de otro. De tal modo, el director se enfrenta a una pregunta de no poco peso, porque su mirada también compromete a la del espectador, y se encuentra en pugna con estas.

Lo que Peter Dourountzis hace en El trotamundos (Errance, 2014) es merecedor de todo nuestro desprecio. No porque haya decidido filmar y sacar a la luz a un tipo, Djé, que vaga por las calles de París, siempre tras los pasos de una mujer, y quien tras varios intentos de acercarse a alguna, al final le tiende una trampa a una joven, a la que (todo lo indica) viola y le quita sus pertenencias. Se merece nuestro desprecio por el modo en que lo filmó, como un acompañante de la abyección.

La cámara de Dourountzis está sometida Djé, siempre en travellings de segumiento, como si fuera su compañera de fechorías. La mirada del director nunca juzga; siempre acompaña de manera sumisa, atrás de él, a distancia respetuosa. Y a veces también acecha junto a este, siguiendo a las posibles victimas. Su mirada también es acechadora cuando, en el bar, la mirada de Djé y la de la cámara no dejan de observar a una joven.

Las mujeres nunca son filmadas desde una perspectiva que no sea la de su persecutor. E incluso cuando la cámara parece independizarse y deja de seguir a Djé, en realidad sigue en su papel de compañera. En la escena donde tiende la trampa, se coloca al frente de la víctima, y en primer plano aparece la joven mientras al fondo se ubica Djé. La mirada parece indicar: «descuida, yo cuido esta salida y también que no se escape de tu vista».

Peter Dourountzis se complace siendo un acompañante de la abyección: se limita a seguir, disfruta acechar junto a Djé, e incluso se vuelve complice de violación. Y provoca que nosotros también lo seamos: ver El trotamundos no es solo mirar lo abyecto filmado por quien lo comete; es ver una complicidad y una alabanza de esto. Podría agradecerse que el director dejara en fuera de campo la violación, pero en realidad lo que hizo es más cruel: alabó la inteligencia de Djé, con un plano fijo de su rostro planeando todo, y dejando a la joven totalmente indefensa, encerrada en su cochera. Y peor todavía: hacia el final le regala algunas miradas coquetas por parte de unas chicas.

El trotamundos posterTítulo original: Errance.
Título: El trotamundos.
Director: Peter Dourountzis.
Guion: Peter Dourountzis.
Producción: Guillaume Dreyfus.
Fotografía: David Chambille.
Edición: Jean-Christophe Bouzy.
País: Francia.
Año: 2014.
Elenco: Paul Hamy (Djé), Héloïse Godet (la víctima).

 

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Se puede ver El trotamundos de manera gratuita durante el 6° My French Film Festival, en la página del festival, hasta el 18 de febrero de 2016.

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