Las Sufragistas: las mártires.

El 4 de junio de 1913, Emily Wilding Davison fue golpeada por el caballo del rey Jorge V, durante el Derby de Epsom. Cuatro días después murió a causa de sus heridas en el Hospital Epsom Cottage. El hecho ha pasado a convertirse en un referente de la lucha por el sufragio femenino, y no solo inglés, sino mundial. Aunque para la película de Sarah Gavron, Las Sufragistas (2015), la muerte de Davison no es tan relevante para la historia, sin embargo sí lo es para toda la cinta.

A la fecha, la muerte de Davinson se debate entre dos interpretaciones: o su intención fue sacrificar su vida por la causa o no fue así. Por una parte, se cree que no tuvo la intención de suicidarse porque tenía un boleto de regreso a Londres y también porque había planeado unas vacaciones con su hermana; y sin embargo, a nadie le son desconocidas las decisiones de último minuto, hechas sin importar lo que hasta ese día se tenía planeado. Las grabaciones de aquel momento tampoco permiten elegir una de las opciones con toda seguridad. Así entonces, la muerte de Emily Davison puede interpretarse de una u otra manera.

Por su parte, la directora y la guionista, Abi Morgan, decidieron inclinarse por el sacrificio. En Las Sufragistas, la escena que representa aquel momento es perfecta (y muy recurrente) para la creación de una mártir: en medio de una masa de gente, Emily y la protagonista de la cinta, Maud Watts, no pueden hacerse escuchar. Una causa sistemáticamente silenciada y golpeada requiere de un hecho mastodóntico para hacerse ver. Así, la música estradiegética aparece acelerando el ritmo de la escena, y anunciando aquel hecho; Emily se adelanta a Maud con la seguridad de quien sabe lo que hace. Llega a la orilla de la pista, gira y tiene el tiempo suficiente para decir sus últimas palabras a Maud, que son una consigna: mantenerse en la lucha. El golpe del caballo sucede, y todo queda en silencio. Lo lograron: el ruido del mundo se para y todos prestan atención (no falta la imagen del rey levantándose de su asiento), aunque sea por breve tiempo.

La elección hecha con respecto a Emily Davison marca toda la cinta: las protagonistas sufren grandes padecimientos por su lucha. Así, tras unirse a la causa, Maud pierde a su hijo, queda sin hogar, es golpeada e injuriada. A Edith Ellyn, una de las orquestadoras de la lucha, se le está yendo la vida en ella; Violet Miller es golpeada cada tanto, y desconoce la terrible vida que lleva su hija trabajando como lavandera, donde no solo es explotada laboralmente, también es violada por su jefe.

La lucha por el voto que muestra Las Sufragistas no es sencilla, como lo indica el plano secuencia con el que inicia el filme: del girar de las maquinas a las mujeres trabajando, agachadas. No luchan contra un grupo de seres malvados; más bien contra una maquina, donde todo está encaminado a la reproducción de una perspectiva: la mujer es nada, como dice uno de los hombres y como varias mujeres aceptan tácitamente. Fuerza policíaca, poder político y opinión pública encaminadas a mantener el lugar de las mujeres como madres, esposas y objeto sexual, poco más. El reducido margen de acción de las mujeres queda bien marcado por el plano corto en el que casi siempre aparecen.

Y si acaso alguna busca otra cosa, como participación política, debía avergonzarse. Y cuanto más lo busca tantos más atropellos se comenten contra ella, hasta quebrarla. Y sin duda quebrarse es fácil: a todas las mujeres de la cinta les sucede en algún momento, a excepción de Emily. Así entonces: ¿cómo mantenerse en la lucha?

Una debe caer para que se levante la otra, y para que la causa no muera. En este sentido es muy importante que, tras las escena de la muerte de Emily Davison, venga otra en la que, por fin, Maud se atreve a liberar a la hija de Violet de la lavandería en que trabaja. Solo el recuerdo de una mártir le da el valor para enfrentar a su antiguo jefe, quien la violó por años. Así pasa a lo largo del filme: una mujer cae para levantar a las otras y moverlas a luchar. La clandestinidad de Emmeline Pankhurst motiva a todas, la salida de Violet compromete más a Maud, y Emily se arroja frente al caballo al no llegar Edith.

¿Cómo mantenerse en la lucha? La pregunta se hace tanto más importante porque la lucha aún no termina: el sufragio femenino es aún una conquista muy reciente, en unos lugares más que en otros, y en otros es aún una promesa; y en algunos lugares, donde las mujeres pueden votar, sin embargo, ello no significa que tengan la misma participación política que los hombres. La lucha aún no termina, y menos todavía si se considera que la maquina de la primera escena aún sigue reproduciendo ciertas perspectivas.

Clara Campoamor, quien abogó por el sufragio femenino en España, escribió que «si ninguna verdad, por modesta que sea, se establece sin mártires, venga la verdad, que es lo que importa.» (p. 255) En Las Sufragistas, Sarah Gavron acepta a rajatabla las palabras de Campoamor: muestra a las mujeres del filme sufrir grandes padecimientos, uno tras otro, y el epítome de todos ellos es la muerte de Emily Wilding Davison. En la cinta una cae para levantar y mantener firmes a las otras. Y en su conjunto, Las Sufragistas retrata mártires para mantener firmes a quienes luchan ahora. Las vidas dadas en pos de la verdad ya establecida, para motivar el establecimiento de otras que, sin embargo, también cobrarán sus vidas.

Las sufragistas posterTítulo original: Suffragette.
Título: Las Sufragistas.
Directora: Sarah Gavron.
Guion: Abi Morgan.
Producción: Faye Ward, Alison Owen.
Fotografía: Eduard Grau.
Edición: Barney Pilling.
Música: Alexandre Desplat.
País: Reino Unido.
Año: 2015.
Elenco: Carey Mulligan (Maud Watts), Helena Bonham Carter (Edith Ellyn), Anne-Marie Duff (Violet Miller), Natalie Press (Emily Wilding Davison), Ben Whishaw (Sonny Watts).

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Campoamor, Clara. El voto femenino y yo. Mi pecado mortal. 1ª edición, Madrid: Diario Público. 2010. Colección: Biblioteca Pensamiento Crítico.

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