Navajazo: sostener la mirada.

Hay un gesto sobre el que gira Navajazo (2014), la opera prima de Ricardo Silva: sostener la mirada. Como otros más, este tiene muchas intenciones posibles. Así, se sostiene la mirada para ver como igual al Otro, ni desde arriba ni desde abajo.

En opinión del director, Navajazo es etnoficción ─tomando el concepto de Martin Lienhard─, es decir, una obra donde el autor se pone la máscara del Otro y representa su discurso. No habría entonces una mirada de superioridad o misericordia, sino que se habla como si fuera este.

Silva no tiende a la conmiseración: ni la música extradiegética ni los planos buscan ello. En su mayoría, el director muestra a las personas tal como son. De hecho, en cierto momento, tras filmar una pelea, una mujer dice: «así es la vida real». De aquí que en el filme se utilice la cámara en mano y en algunas ocasiones llegue a aparecer el micrófono: se debe ser rápido y estar preparado para filmar lo irrepetible.

Hay una escena reveladora de este sostener la mirada: en un travelling de seguimiento, Silva acompaña a uno de los protagonistas cuando va a recoger a su hija del colegio. El hombre camina por un pasillo para llegar a este; una vez que la encuentra, su pequeña y él regresan por el mismo pasillo. Pero mientras avanzan, varios niños también caminan por el pasillo, en dirección contraria. Entonces Silva gira la cámara hacia la izquierda, de manera un tanto abrupta, y corta el plano secuencia.

¿Qué revela la escena? Respeto. En este caso, no mostrando a quienes no han dado su autorización para aparecer en el filme, y más aún por tratarse de niños. Y el mismo respeto que muestra aquí es el que tiene por las personas que aparecen en Navajazo: el hombre de la escena mencionada y su hija, un coleccionista de juguetes que construyó una casa con ellos, varias personas sin hogar, un tipo encapuchado que al parecer mató a alguien, un joven que sueña con ser rico gracias a sus canciones, un hombre que toca un piano y canta en un estacionamiento, etcétera. Silva nunca se solaza ridiculizando a nadie ni muestra solo una personalidad; al contrario, intenta mostrarlos en todas sus facetas: ingeniosos, a veces amables, cuando la tristeza los vence, con sus dudas y tan arrojados como solo ellos.

Pero también se sostiene la mirada para retar, y cuando se está a punto de lanzar un escupitajo a la cara de otro. Esto es contante en el filme: hay una perspectiva, construida a base de textos que salen en la pantalla, que engloba a todos en una postura de resistencia. Al inicio de la cinta se le habla a alguien (quizá el gobierno, quizá otros) a quien se le pidió ayuda y los ignoró, y hacia el final se enuncia que, muy a su pesar, aún siguen ahí. Y están dispuestos a sostener la mirada y lanzar un escupitajo en la cara de aquel. Es dudoso que todos en Navajazo se consideren de este modo, pero Silva los muestra así: «todos ellos son sobrevivientes. Son gente dispuesta a hacer lo que se tenga que hacer para sobrevivir.» (1) Frente a esta convicción del director, el hombre de los juguetes, más ecuánime, dijo una vez que a él solo le gustan los juguetes, cuando algunos lo creyeron un brujo. Estos siempre tienen la oportunidad de hacer dinero, la posibilidad de sobrevivir a base de mentir; sin embargo, se negó a hacerlo.

Sostener la mirada también lleva a la intromisión, cuando se mira de más. A veces la cámara de Silva cae en este exceso, y llega a incomodar a las personas de Navajazo. La escena de la felación es el mejor ejemplo: la mujer se sintió con ganas de hacerlo, buscó estar cómoda, pero como su posición no permitía ver lo que hacía, entonces Silva intervino: le indicó a la mujer que se moviera, que regresara a la posición donde no estaba a gusto. Sacrificó la comodidad y espontaneidad por una escena provocadora. Se olvidó de la etnoficción y se convirtió en un cineasta que observa lo que hacen los pobres.

Debatida entre todas estas intenciones, la mirada que sostiene Navajazo no es clara: es tan respetuosa como provocadora y entrometida. La secuencia final, donde se suceden los rostros de las personas, y también el plano de un pene que tiene tatuada una cara sonriente, parece expresar todo: la cinta muestra el rostro, la forma de ser de las personas, pero a veces cae en una provocación fácil (el signo de la higa lo es desde hace mucho), y cuando busca entrometerse lo hace a más no poder.

Navajazo posterTítulo original: Navajazo.
Director: Ricardo Silva.
Guion: Ricardo Silva, Julia Pastrana.
Producción: Paulina Valencia.
Fotografía: Adrian Durazo, Alejandro Montalvo.
Edición: Julia Pastrana.
Música: Albert Pla.
País: México.
Año: 2014.

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