Transeúntes: las vidas humanas en su conjunto.

Ha llevado poco más de 20 años para que viera la luz la segunda película de Luis Aller, Transeúntes (2015). Ya con esto la cinta va a contracorriente, siendo muestra de paciencia, y por poner la película antes que otros valores, como el deseo de recaudación o fama de director prolifero. Y ello se acentúa más en un mundo cinematográfico donde los grandes estudios provocan la desesperación, anunciando cintas varios años antes, y entregando cada tanto trailers que aumentan la expectación y con ello el futuro número de asistentes a las salas. En parte, por ello causó tanto revuelo el caso de Boyhood (Richard Linklater, 2014): en un mundo desesperado, nadie pasó por alto al hombre que dedicó (parcialmente) 12 años a una película.

Pero Transeúntes sería poca cosa si se redujera a esto. En datos duros, la película se compone de unos 7000 planos. En la cinta aparecen muchas personas, la ciudad de Barcelona es distintos años, y hay algunas historias: la de una pareja que enfrenta una dura situación económica y una breve infidelidad; la de unos viejos que aprenden a leer y eso les trae solo desgracias; la de una mujer que sacrificó su sueño de viajar a Japón por ayudar a alguien, etcétera. Los planos de la cinta son cortos, los planos secuencia son entrecortados, la sobreimpresiones son un recurso constante, y además en ocasiones se escucha de fondo lo que parece la voz salida de una radio, que cuenta varias noticias de lo que sucede en otras partes del mundo.

En cierto modo, la película de Aller tiene un antecedente literario, en la Antigüedad. En un diálogo escrito en el siglo II d. C, Luciano de Samósata narra cómo Menipo, un viejo filósofo cínico, pudo volar gracias a un ingenioso invento: consiguió el ala de una águila y otra de un buitre, las unió y así emprendió el vuelo hacia el Olimpo, para encontrarse con Zeus. Pero a medio camino se detuvo a descansar en la Luna, desde donde pudo observar cómo era la vida de los seres humanos.

Parado ahí, tuvo la impresión de que toda la vida humana en la Tierra se asemeja a muchos coros, donde cada cantante entona una propia melodía, sin prestar atención a lo que otros cantan. Además, cada uno se esfuerza por superar a su vecino, elevando el volumen de su voz.

Pues bien, en mayor o menor medida, tanto ese diálogo de Luciano como la película de Aller ponen ante nosotros algo semejante: las vidas humanas en su conjunto. Esto es algo que pasa desapercibido casi siempre, porque la vida obliga a enfocar nuestra atención en aquello que nos es más cercano. Y así olvidamos que, al mismo tiempo que sucede algo próximo a nosotros, en el resto del mundo pasan otras cosas.

Ello se señala, por ejemplo, cada vez que la «atención del mundo» se enfoca en algo: así, tras los atentados de París y las abrumadoras muestras de apoyo, no faltaron quienes señalaron que en otros lugares se vive una situación terrible cada día, y de ello no se habla.

En este mismo instante, mientras escribo o lee esto, en algún lugar una pareja se está besando, otras personas están discutiendo, alguien más está siendo agredido, otro ha muerto y varias personas están cautivas, a la espera de que alguien los encuentre. Hacerse una imagen de este tipo, de las vidas humanas en su conjunto, no es una tarea fácil, y menos a través de la escritura. Por ello Luciano tuvo que recurrir a una mirada desde arriba, y como los ejemplos no son suficientes, recurrió a un símil, al del grupo de coristas.

En este sentido el cine ofrece más ventajas: las sobreimpresiones de Transeúntes indican que muchas cosas están sucediendo a la vez, y así también lo hace la voz de la radio que se escucha. Mientras vemos un suceso en Barcelona, gracias a aquella nos enteramos del levantamiento zapatista en México, o de una epidemia de cólera en Ruanda. Así pues, la película se propone una empresa mastodóntica: aunque puede parecer que ella se enfoca en Barcelona, por estar filmada ahí, la cinta tiene un mayor alcance. De aquí la escena en la que de manera vertiginosa aparecen los nombres de muchas ciudades, y también el que la voz de la radio no solo dé noticias de España. La vida en el mundo es lo que muestra Transeúntes.

Aller se ha mostrado bien consciente de lo que filmó. Así, en una entrevista ha dicho que «la película está engarzada con temas que son bastante universales. […] Temas como la desorientación o la miseria son, desgraciadamente, de cualquier época.» Temas, entonces, presentes en todo lugar y en toda época: la violencia (los tipos que intentaron violar a una joven), la empatía (la mujer del viaje a Japón), el arrepentimiento (la mujer que estuvo a punto de engañar a su esposo), etcétera. A este respecto, me parece extraordinario el momento en el que se enuncia la pregunta «¿qué hacer?», y a ella le siguen muchas respuestas, incluyendo el «nada». En esta escena, tal vez está dicho todo el posible campo de acción humano.

Y sin embargo, Aller también ha mencionado lo complicado de la empresa: «a pesar de todo lo que parezca, el material se me ordenaba continuamente. Constantemente traté de ir rompiendo ese orden, fue el mayor esfuerzo del trabajo creativo, tratar de mantener cierto desorden.» Y esto es también lo que intentó Luciano con el símil de los coristas: ver todas la vidas humanas al mismo tiempo debe resultar tan confuso y desordenado como escuchar a muchas personas cantando diferentes melodias.

Y así es, en Transeúntes se suceden personas de tal manera que el conjunto se perciba desordenado. Mas, pese al esfuerzo de Aller, en su película hay historias. Siempre aparece una línea a seguir que dota de cierto orden al filme. Pero no hay ningún problema en ello; más bien era una condición necesaria para realizar la cinta: las pequeñas historias en la película proporcionan puntos de comparación, pues así como a partir de nuestra vida percibimos que otras cosas están pasando en el mundo, en Transeúntes algunas vidas ayudan a ver que, a la vez que ellas pasan, otras también lo hacen. Mientras vivimos, otros lo hacen. Y Transeúntes parece mostrar un mundo donde todos los sentimientos, actos y temas están presentes. El conjunto de vidas humanas revela que el mundo nunca es completamente cruel, y nunca completamente dulce.

Transeúntes posterTítulo original: Transeúntes.
Director: Luis Aller.
Guion: Luis Aller.
Producción: María José García.
Fotografía: Emili Llorach, Carles Gusi, Quique López, Luis Aller.
Edición: Luis Aller, Manu López, Manu Prats, Olga Elías.
Música: Pepe Rodaller.
País: España.
Año: 2015.
Elenco: María Galiana, Sergi López, Santiago Ramos, Roger Coma, Duna Jové, Jordi Sánchez, Pep Munné, María José García, Joaquín Hinojosa, Lluis Marco, Iñaki Muñoz, Monica Glaenzel, Carles Martí, Joan Massotkleiner, Josep Oriach, Joan Pera, Germán Madrid, Gemma Brio, Homer Etminani, Manel Español, Silvia Steinvorth, Santiago Zannou, David García, María Cinta.

Luciano de Samósata. «Icaromenipo» en Obras I. Traducción y notas: Andrés Espinoza Alarcón. 1ª edición, Madrid: Editorial Gredos. 1981. Colección: Biblioteca Clásica Gredos/42. pp. 409-433.

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Se puede ver Transeúntes de manera gratuita en la página del Festival Márgenes, hasta el 31 de diciembre de 2015.

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