Microbús: el espacio de los jóvenes.

La opera prima de Alejandro Small, Microbús (2014), inicia con una escena que tiene un doble significado. En ella, un grupo de jóvenes corre hacia una pared intentando llegar lo más alto posible, dejando la marca de sus zapatos. Por un lado, lo importante es la marca que dejan; en cierto modo, hay una apropiación del espacio mediante esa huella, como cuando los escaladores dejan una bandera en lo alto de una montaña o los exploradores reclaman un lugar en nombre suyo o de su patria. En estos casos, el espacio es conquistado. Pero, de otra parte, la acción es también muy reveladora. Las paredes son metáfora de lo inamovible, y también de algo que te rodea y puede acabar contigo. Por ello decimos, cuando una situación es comprometedora, que las paredes oyen. Entonces, la conquista sobre el espacio de los jóvenes de Microbús es solo pasajera.

En Microbús, entonces, hay una conquista del espacio. Precisamente, la historia que cuenta la película es la de un grupo de cinco jóvenes que deambulan por la noche en las calles de Lima. Al grupo previo de cuatro amigos se les une Isidro, un flaco recién conocido por Luciana, y al que invita a pasar la noche junto a ella, Daniela, Mario y Nicolás. Mientras caminan hablan sobre León, un amigo que no contesta sus mensajes desde hace tiempo, beben, recuerdan salidas pasadas, juegan y demás. La acción es aquí muy importante: deambular. Eso es algo que no hacemos mucho. Y lo ponemos menos en practica cuanto más pasan los años.

Deambular en síntoma de juventud. No por nada se dice que los jóvenes necesitan ser encaminados, o que no saben qué hacer, qué dirección darle a su vida. En cambio, la adultez pasa por la etapa en la que uno «toma las riendas» de la misma, como si fuéramos a la vez caballo y jinete que guía. Este cambio se revela en la forma en que cada uno camina por el espacio que habita. El joven sale a vagabundear; el adulto siempre va a un destino. Así entonces, lo importante para el último es el lugar de destino, mientras el recorrido para llegar a él se vuelve intrascendente. ¿Qué mejor ejemplo de ello que un viaje en microbús? En el transporte colectivo, cada cual bloquea el espacio recorrido, como Isidro al comienzo de la película, a través de sus audífonos.

En cambio, deambular hace que todo el espacio recorrido sea importante. Por eso el contraste al inicio de la cinta: con la cámara filmando desde dentro del microbús, lo que vemos por la ventana pasa demasiado rápido y tiene poca importancia para nosotros. En cambio, en el resto del metraje, la belleza de las imágenes teñidas de dorado no deja de asombrar, y llama la atención la forma en que Small utiliza, por ejemplo, las paredes como metáfora de división. Eso es lo que pasa en la escena en la que Nicolás y Mario discuten mientras están recargados en una pared; y divididos por un muro están Luciana e Isidro hablando y, del otro lado, Daniela discutiendo por teléfono con su novio. En esta escena, esas paredes escinden todo: separan a los personajes, los muestra en discusiones, se desfasa el audio y la imagen. En el deambular de los jóvenes, el espacio importa.

Y los jóvenes de Microbús hacen suyo el espacio que recorren. No importa que sea la mitad de la noche, la niebla, el alumbrado, hacen cálidas las calles de Lima, pese al frío que se siente. Incluso, si no fuera por los autos que aparecen ocasionalmente, podría decirse que ahí solo viven ellos cinco. El confort que sienten todos se hace muy claro cuando una calle es un lugar seguro para una confesión terrible (la de Luciana a Isidro), o bien cuando perderse da paso a una oportunidad de ligar.

Y sin embargo, la juventud se acaba. Microbús se desarrolla al final del verano, y pronto los protagonistas entrarán a la universidad, y se verán menos. Vemos, pues, uno de sus últimos encuentros. Quizá por ello Daniela gusta de tomar fotografías, para apresar el momento. Por su parte, Mario parece no poder aceptar que las cosas cambian: por ejemplo, los amigos de la juventud se van. Está obsesionado por el hecho de que León no conteste sus mensajes: quiere que esté junto a ellos, como en los viejos tiempos. Para él, la transición es violenta.

La escena final tiene una profunda significación: subidos todos en un microbús imaginario, Isidro con los audífonos puestos, sin verse el uno al otro, abandonan el deambular. Ya no juegan en el espacio, como en el parque, y el director se olvida de la atmósfera cálida; ahora, el espacio se convierte en lugar de transito y los colores son fríos. ¿Qué diferencia hay entre cruzar una calle en auto y caminarla con la atención puesta solo en el lugar al que queremos llegar, sin admirar la calle? Ninguna, en ambos casos la calle solo es lugar de transito, como si fuéramos en un microbús imaginario. Al final, la adultez y su forma de recorrer el mundo se impone a los jóvenes de Microbús.

Microbus posterTítulo original: Microbús.
Director: Alejandro Small.
Guion: Jorge Ossio Seminario, Paulo Pereyra y Alejandro Small.
Producción: Cynthia Castillo.
Fotografía: César Fe.
Edición: Alejandro Small.
Música: Turbopótamos.
País: Perú.
Año: 2014.
Elenco: Raúl Saco, Luciana Blomberg, Bruno Espejo, Cecilia Silva Remy, Sebastián De Los Heros.

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Se puede ver Microbús de manera gratuita en la página del Festival Márgenes, hasta el 31 de diciembre de 2015.

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