Intensa Mente: los homúnculos en los que nos reconocemos.

Imaginar seres humanos pequeños es algo que, al parecer, tiene un pasado largo. Desde Homero, pasando por Luciano de Samósata, Jonathan Swift, Carlo Collodi, hasta Tripulación Dave (2008) de Brian Robbins, los homúnculos están presentes. Pero los procedimientos para crearlos han sido distintos. El ser humano puede volverse pequeño si se compara con otro de tamaño descomunal, como en los autores mencionados, donde seres de «estatura normal» se encuentran con gigantes. Por otro lado, los gigantes también pueden ser construidos, como en Tripulación Dave, y la gente puede entrar en ellos

Hasta donde sé, estos procedimientos para imaginar seres pequeños son los más antiguos, ya que puede aceptarse que el segundo tiene en el Caballo de Troya un antecedente. Pero con el paso del tiempo otros dos procedimientos vieron la luz. Así, uno puede reducirse de tamaño mediante cierta intervención mágica o científica, como, por citar varios ejemplos, en El chapulin colorado, en Los simpson o en Doctor Who. Y también hay otros seres pequeños, no construidos, no producidos por ningún medio, sino nacidos al mismo tiempo que un ser más grande del que forman parte de manera vital.

El nuevo éxito de Pixar es un ejemplo de este último procedimiento para crear homúnculos. Intensa Mente (2015) tiene de fondo la historia de Riley, una niña de 11 años que se muda de Minnesota a San Francisco, dejando atrás a sus amigos y la casa de su infancia. Pero en primer plano, Intensa Mente cuenta la historia de cinco seres que se encuentran en la cabina-de-control de Riley. Cada uno de ellos es una emoción: Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado y Furia. Por turnos o en equipo, mediante un tablero de controles, guían el comportamiento de Riley. Hasta el día de la mudanza, ella vivía en su mayoría guiada por Alegría, pero tras esta, Tristeza va coloreando sus recuerdos, lo que provoca que Riley empiece a sentir nostalgia por lo que dejó atrás. Entonces Alegría y Tristeza entran en conflicto, lo que causa que terminen perdidas en la mente de Riley, y se enfrasquen en un viaje para regresar a la cabina de control.

Aquellos seres pequeños, entonces, nacieron al mismo tiempo que Riley. En nuestro tiempo, la historia de Intensa Mente puede asimilarse sin ningún problema, y no causa ningún tipo de extrañeza: seres pequeños son una parte constitutiva de nosotros. Sin embargo, es importante el preguntarnos por qué. Cuanto más nos alejemos en el tiempo tanto más extraña resulta una idea semejante. Antiguamente se habló de posesiones, de transmutaciones, de endiosamientos, sin embargo, el imaginar que pequeños seres guían nuestro comportamiento desde el comienzo de la vida, según parece, no fue planteado. Siempre el agente que podía llegar a controlarnos fue externo, y lo hacía por breve tiempo o podía ser expulsado.

Al parecer, la normalidad con que tomamos la película de Pete Docter y Ronnie Del Carmen se debe a años de psicología y neurociencia que han marcado la experiencia que tenemos de nosotros mismos. De algún modo, ahora nos percibimos escindidos: por un lado está nuestro comportamiento, nuestras reacciones, y en general todo nuestro actuar; y por otro, están los procesos que propician esto. Nuestra experiencia vital está dividida: a la vez que sentimos miedo sabemos los pasos del intercambio de información neuronal que nos llevan a sentirlo. In situ, esta escisión pasa desapercibida. Pero que entendamos el argumento de Intensa Mente sin ningún problema, revela que percibimos (inconscientemente) que vivimos bajo el control de «algo».

Por esto no es nada gratuito que Pete Docter se haya asesorado con dos estudiosos de las emociones: Dacher Keltner y Paul Ekman. Según cuentan en un artículo publicado en el New York Times, hay ciencia detrás de Intensa Mente. Por ejemplo, afirman que hay estudios que muestran que a los 11 años las experiencias de emociones positivas disminuyen en frecuencia e intensidad; y, también, se ha mostrado que las emociones guían nuestra percepción del mundo e incluso nuestros juicios morales sobre lo correcto e incorrecto.

Guiados por este asesoramiento científico, y por lo común que es para nosotros el aceptar como metáfora el hecho de que unos pequeños seres guían nuestro comportamiento, es muy fácil creer que Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado y Furia son lo que dice su nombre. Pero hay un problema fundamental para todas las lecturas que ven a estos personajes como emociones: no es posible construir un filme con seres unidimensionales. Si en verdad Alegría fuera Alegría, no podría sentir tristeza, y ello es lo que siente en la magnifica escena en la que Bing Bong, el amigo imaginario de Riley, se sacrifica para ayudarla.

Para pensar Intensa Mente, es conveniente traer a cuento un antecedente: en uno de los mejores capítulos de Bob Esponja («El regreso de Calamarino»), aunque sin tantas pretensiones, pequeños Bob fueron utilizados para representar cómo funciona el pensamiento. Tras unas escenas, uno de ellos afirma que no existen sino que son «una ingeniosa metáfora visual para representar el concepto abstracto del pensamiento». Tras esta clarividencia, el guion recurre a un chiste que le devuelve su realidad y existencia mundana al Bob que lo dijo.

Es curioso, y muy importante, el movimiento: el guion recurre a ese gag no solo para hacer reír, sino porque esos pequeños Bob pueden representar el concepto abstracto del pensamiento ya que, ellos mismos, lo tienen. Es decir, en Intensa Mente los personajes representan emociones porque tienen todas las emociones que nosotros tenemos. No hubiera sido posible una historia con personajes capaces de sentir una sola emoción, porque no se hubieran entendido entre sí. Por ello, en mi opinión, los personajes de Intensa Mente no son emociones, más bien son seres como nosotros, pero pequeños, y por ello pueden representar emociones, como nosotros.

¿Cuál es el sentido que tienen estos homúnculos que nacen al mismo tiempo que nosotros? Mientras el hombre que se vuelve pequeño al encontrase con un gigante revela el temor que sentimos ante algo otro y la conciencia de nuestras carencias y fuerzas (piénsese en Pinocho, por ejemplo), por su parte, los homúnculos que forman parte constitutiva de nosotros son un espejo. Por eso muchos se han reconocido en Intensa Mente.

Dicho esto, se puede afirmar que en la película la imagen es más rápida que el desenvolvimiento de su historia. Porque si bien la primacía la tiene la relación entre Alegría y Tristeza, ese no es el punto. Es una muestra de la cuestión de fondo. La escena que representa el filme es aquella en la que en un travelling hacia adelante alcanzamos a ver cómo los recuerdos de Riley, a diferencia del comienzo, aparecen pintados con dos o más colores. Aquí está el asunto: las emociones no son independientes, sino que están interconectadas. De una emoción se pasa a otra, por ejemplo, de la tristeza a la alegría, o de la furia al miedo. Pero la historia llega tarde a este descubrimiento, ya hacia el final de la cinta. En cambio, la imagen siempre lo hizo patente, y es que ni uno de los cinco personajes está delineado; su contorno es difuminado. La imagen lo decía: no hay separación entre las emociones, sino conexión, relación.

Aunque Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado y Furia están casi siempre de un solo humor, son capaces de sentir otras emociones. Como nosotros, por ello Riley, su papá y mamá son guiados por una emoción diferente: Alegría, Furia y Tristeza, respectivamente. Decimos así que hay personas alegres, melancólicas y coléricas, e incluso hemos inventado denominaciones para grupos de personas que se caracterizan por una emoción: emos, por ejemplo. Y sin embargo, no es posible vivir de un solo humor. Nosotros y los homúnculos de Intensa Mente somos prueba de ello, y por esto nos podemos reconocer en el filme de Pixar.

Poster Intensa MenteTítulo original: Inside Out.
Título: Intensa Mente.
Directores: Pete Docter y Ronnie Del Carmen.
Guion: Pete Docter, Ronnie Del Carmen, Meg LeFauve, Josh Cooley.
Producción: John Lasseter, Jonas Rivera, Andrew Stanton, Mark Nielsen.
Edición: Kevin Nolting.
Música: Michael Giacchino.
País: Estados Unidos.
Año: 2015.
Voces: Amy Poehler (Alegría), Phyllis Smith (Tristeza), Bill Hader (Temor), Lewis Black (Furia), Mindy Kaling (Desagrado), Richard Kind (Bing Bong), Kaitlyn Dias (Riley).

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