¿Cómo era la filosofía en la Antigüedad?

Glosa de varios textos de Pierre Hadot.

Primera parte (versión a): la aparición de la philosophia.**

Hablar de «filosofía» es algo ya muy común entre nosotros. Incluso hacemos referencia a ella de manera coloquial, y así decimos que hay que «tomar algo con filosofía», señalando que debemos hacerle frente a algo con serenidad. A mi juicio, en esta expresión late lo que aquella era para los antiguos: una forma de vida.

Esto puede resultar extraño, porque es usual que demos por supuesta cierta concepción de que la filosofía ha sido, en el fondo, la misma actividad desde hace siglos. No obstante, como expresó Pierre Hadot, existe una «profunda diferencia […] entre la representación que los antiguos se hacían de la philosophia y la que habitualmente nos hacemos en nuestros días de la filosofía, por lo menos la imagen que de ella se da a los estudiantes por las necesidades de la enseñanza universitaria.» (¿Qué es la filosofía antigua? p. 12)

Creo que ningún estudiante ni, en general, nadie inmerso en el ejercicio académico de la filosofía es ajeno a lo que Hadot tiene en mente al escribir estas palabras: la educación universitaria ─y también en algunos bachilleratos─ nos lleva a estudiar filosofía según autores, épocas y corrientes ─sin mencionar otras divisiones─, de tal modo que se tiene «la impresión de que todos los filósofos […] se afanaron por turnos para inventar, cada uno de manera original, una nueva construcción sistemática y abstracta, destinada a explicar, de una u otra manera, el universo o, por lo menos, si se trata de filósofos contemporáneos, que pretendieron elaborar un nuevo discurso acerca del lenguaje.» (Ídem.) Y tal impresión se reafirma cuando llega el momento de las evaluaciones, pues como expresó Hadot y, me atrevo a decir, como lo corrobora la experiencia de todos:

Para el examen, habrá que redactar una disertación que muestre que se conocen bien los problemas planteados por las teorías de tal o cual autor. Otra disertación dará testimonio de la capacidad que se tenga de reflexionar sobre un problema calificado de «filosófico», porque en general fue tratado por los filósofos antiguos o contemporáneos.

¿Qué es la filosofía antigua? p. 11.

De esta manera, la representación que tenemos de la filosofía es principalmente la de una actividad intelectual, dedicada a la exégesis, problematización y manejo de las filosofías de los autores antiguos y contemporáneos, «que aboga en primer lugar por la construcción de un lenguaje técnico y reservado a especialistas.» ( «La filosofía como forma de vida». p. 246)

En cambio, en la Antigüedad, la filosofía era de manera primordial una forma de vida. Es decir, una actividad en la que se involucraba todo nuestro ser, de tal modo que quien se convertía a la filosofía experimentaba un cambio en su modo de vida y su visión del mundo, y así pasaba de un estado lleno de perturbaciones «a un estado vital nuevo y auténtico, en el cual el hombre alcanza la consciencia de sí mismo, la visión exacta del mundo, una paz y libertad interiores.» («Ejercicios espirituales» p. 25.)

Con este texto, y otros que seguirán, busco exponer, precisamente, cuál era la representación que los antiguos tenían de la filosofía, y que Pierre Hadot hizo manifiesta en varios textos. Pero antes de pasar a ello, es preciso detenerse en la aparición de la philosophia.

Pues bien, aunque las palabras de la familia philosophia resultan tan comunes para nosotros, a tal grado que se llegan a usar de manera coloquial, y así se puede llegar a creer que han estado presentes desde siempre; sin embargo, según refiere Hadot, los presocráticos «no conocieron ni el adjetivo philosophos ni el verbo philosophein (filosofar), y con mayor razón la palabra philosophia.» (¿Qué es la filosofía antigua? p. 27.)

Ello se debe a que todas estas palabras aparecieron, con toda verosimilitud, hasta el «siglo de Pericles», es decir, el siglo V a. C. De esta manera es en la obra de Heródoto en donde se encuentra la primera mención de una actividad «filosófica», cuando el historiador relata el encuentro entre Solón y Creso, el rey de Lidia.

En el libro I de su Historia, Heródoto cuenta cómo Creso se dirigió de la siguiente manera a Solón: «Mi huésped ateniense, el rumor de tu sabiduría (sophiês), de tus viajes, ha llegado hasta nosotros. Se nos ha dicho que teniendo el gusto de la sabiduría (philosopheôn), visitaste muchos países, movido por tu deseo de ver.» Con este texto, dice Hadot, «Heródoto revela […] la existencia de una palabra que quizás ya estaba de moda, pero que en todo caso llegaría a estarlo, en la Atenas del siglo V, la Atenas de la democracia y de los sofistas.» (Ibídem. p. 28) En este sentido, en el Discurso fúnebre de Pericles se puede observar el orgullo que sentían los atenienses con respecto a la vida que llevaban por esas fechas. Dice el texto: «Amamos la belleza con sencillez y el saber sin relajación.» (Historia de la Guerra del Peloponeso. Libro II, 40, 1.)

En estas palabras aparecen los verbos philokaloûmen y philosophoûmen. En el caso del primero, dice Juan José Torres Esbarranch, «se trata de un verbo que aparece aquí por primera vez en la literatura griega [y] designa el gusto por lo bello (tò philókalon) como actitud vital»; y en el caso del segundo, es «un verbo ya utilizado por Heródoto que indicaba el gusto por la ciencia y la cultura

Ahora bien, como puede apreciarse, tanto en el texto de Heródoto como en el de Tucídides aparecen palabras compuestas por philo-. Pues bien, respecto a ello, Hadot escribe que

De una manera general, desde Homero, las palabras compuestas con philo- servían para designar la disposición de alguien que encuentra su interés, su placer, su razón de vivir, en consagrarse a tal o cual actividad: philo-posia, por ejemplo, es el placer y el interés que se toma por la bebida; philo-timia es la propensión a adquirir honores; philo-sophia será pues el interés que se toma en la sophia.

¿Qué es la filosofía antigua? p. 28.

Pero en lo que respecta a la philo-sophia, como se puede notar en el texto de Heródoto y de Tucídides, «hay que reconocer claramente que en esa época no existe definición filosófica de la noción de sophia.» (Ibídem. p. 29.) En efecto, la philosophia era el gusto que se tenía por la ciencia y la cultura, es decir, entran aquí un abanico de saberes. Ello puede verse en las palabras de Heródoto, pues «los viajes que Solón emprendió no tenían otro objetivo que conocer, adquirir una amplia experiencia de la realidad y de los hombres, descubrir al mismo tiempo comarcas y costumbres diferentes.» (Ibídem. p. 28.)

Así pues, por esas fechas no existía una definición filosófica de la sophia, sino que, más bien, las palabras sophia y sophos eran usadas en los contextos más diversos: así, por ejemplo, Solón las emplea en el siglo VII a. C. para referirse a la actividad poética; en un texto de Teognis dirigido a Cirnos, escrito en el siglo VI a. C., designan un saber conducirse ante los demás. (Cfr. ibídem. pp. 29-31.) Pero esta diversidad de componentes de la noción de sophia puede apreciarse de manera más clara en la representación que se tenía de los siete sabios, quienes eran considerados de tal modo no en razón de una sola actividad o conocimiento. Al contrario, además de ciertas frases que se les atribuían, en ellos se encontraba un saber técnico, un saber político, un saber poético, etcétera. Así:

Tales de Mileto (finales del siglo VII-VI a. C.) posee ante todo un saber que podríamos calificar de científico: predice el eclipse de sol del 28 de mayo de 585, afirma que la tierra descansa en el agua; pero asimismo tiene un saber técnico: se le atribuye la desviación del curso de un río; por último da pruebas de clarividencia política: intenta salvar a los griegos de Jonia, proponiéndoles formar una federación. De Pítaco de Mitilene (siglo VII) no se da testimonio más que de una actividad política. Solón de Atena (siglos VII-VI) es también un hombre político, cuya bienhechora legislación deja un largo recuerdo, mas también es un poeta que expresa en sus versos su ideal ético y político. Quilón de Esparta, Periandro de Corinto, Bías de Priene (los tres de principios del siglo VI) son asimismo hombres políticos, celebres por algunas leyes que habían promulgado o por su actividad oratoria y judicial. Las indicaciones que se refieren a Cleóbulo de Lindos son las más inciertas: sólo sabemos que se le atribuía un cierto número de poemas.

Ibídem. pp. 32-33.

De esta manera, la noción de sophia hace referencia a una variedad de componentes, y así era también para los sofistas, para quienes la sophia significaba un saber hacer en la vida política, pero no dejaba de abarcar otros aspectos que forman parte de la cultura general. En este sentido, se puede afirmar que cuando por estas fechas se habla de philosophia se hace referencia a una

actividad [que] abarca todo lo que se refiere a la cultura intelectual y general: especulaciones de los presocráticos, ciencias nacientes, teoría del lenguaje, técnica retórica, arte de persuadir. [Y] a veces se relaciona de modo más preciso con el arte de la argumentación […].

Ibídem. p. 29.

De tal modo, habrá que esperar hasta la obra de Platón, quien influenciado por Sócrates, dará a la filosofía la definición aún existente en nuestros días como amor a la sabiduría.

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**Hay una segunda versión, creo más completa, de este texto. Y el primero de los que giran en torno a la pregunta que les da título a todos: ¿Cómo era la filosofía en la Antigüedad?

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Bibliografía.

Hadot, Pierre. ¿Qué es la filosofía antigua? Traducción: Eliane Cazenave Tapie Isoard. 1ª edición, México: Fondo de Cultura Económica. 1998. Colección: Filosofía.

__________. «La filosofía como forma de vida» en Ejercicios espirituales y filosofía antigua. Traducción: Javier Palacio. 1ª edición, Madrid: Ediciones Siruela. 2006. Colección: Biblioteca de Ensayo (Serie Mayor)/50. pp. 235-249.

__________. «Ejercicios espirituales» en Ejercicios espirituales y filosofía antigua. Traducción: Javier Palacio. 1ª edición, Madrid: Ediciones Siruela. 2006. Colección: Biblioteca de Ensayo (Serie Mayor)/50. pp. 23-58.

Tucídides. Historia de la Guerra del Peloponeso. Libros I-II. Traducción: Juan José Torres Esbarranch. Madrid: Editorial Gredos. 1990. Colección: Biblioteca Clásica Gredos/149.

*Imagen: detalle de La muerte de Sócrates.
Jacques Louis David – Francia.
1787.
Metropolitan Museum of Art.
129.5 x 196.2 cm.

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