A la Mala: los comerciales disfrazados.

En lo que respecta a las dos televisoras más importantes de México, Televisa y TV Azteca, desde hace algún tiempo convirtieron en práctica común poner comerciales dentro de los programas que producen. Para ello, han recurrido a varios métodos, entre los que se cuentan hacer que los personajes pongan atención en su televisor, al tiempo que pasa el comercial; o bien, introducir en la trama la visita a uno de los locales de cierta empresa, y ya en él uno de los empleados habla maravillas de la marca. Esta práctica ha sido llevada a su máximo esplendor durante las producciones que pasan los domingos por la noche, cuando se transmiten los programas de mayor rating, conllevando que estos sean básicamente comerciales largos.

Desde luego, la presencia de comerciales más o menos disfrazados se retrotrae hasta hace mucho, aunque no tengo la información necesaria para mencionar una fecha exacta. Pero se puede pensar en un programa como En familia con Chabelo, que con varios años al aire, en el fondo es una sucesión casi ininterrumpida de comerciales.

En este marco, veo en la tercera película de Pedro Pablo Ibarra, A la Mala (2015), intentos de sofisticar las burdas prácticas que se realizan en los programas de televisión. Plagada de cameos hechos por personajes de Televisa, y algunos planos tan medidos como obvios en los que vemos las marcas que financiaron la película, la cinta de Ibarra es protagonizada por una actriz ─según se caracteriza a sí misma─ llamada María Laura, cuyos amigos apodan Mala. Al encontrarse sin trabajo y en la necesidad de pagar el alquiler, una de sus amigas la convence para que intente seducir a su novio, y así ella pueda saber si este es proclive a engañarla algún día. Tras este encargo, empieza a hacer lo mismo para otras chicas, hasta que una productora la contrata para seducir y luego abandonar a un joven empresario de nombre Santiago. Pero todo se complica cuando Mala se enamora de él.

Así pues, A la Mala pretende ser una comedia, pero si acaso es un chiste mal contado. Según se dice, es posible reconocer una mala broma cuando quien la cuenta se ve en la necesidad de explicarla. La razón por la que se cree esto es más o menos clara: se intuye que la primera impresión que debería despertar un chiste es la risa. Frente a esto, la película de Ibarra de manera constante regresa sobre sus bromas y las explica, así por ejemplo, se repite varias veces que Pablo, un amigo de Mala, solo se hace pasar por venezolano para flirtear con una chica. Pero la prueba más contundente se encuentra hacia el final, cuando Mala se ve en la necesidad de cantar una canción de Timbiriche. Durante media película, aproximadamente, se prepara este chiste anunciando repetidas veces que Mala canta muy mal. Cuando por fin pasa, descubrimos que es cierto, pero la película insiste en explicar la broma, añadiendo una secuencia en la que un niño dice en voz baja que ella canta muy mal.

Aunado a esto, en el guion se revelan de manera muy clara dos tipos de diálogos: unos, basados en expresiones coloquiales y que pretenden denotar naturalidad; otros, impostados, en los que se intenta recurrir a frases poéticas, por decirlo de algún modo. No habría ninguna objeción contra esto, salvo que cuando se recurre a los segundos, intentando hacer romántico el encuentro entre Mala y Santiago, la escena se vuelve ridícula. Con todo esto, A la Mala se revela como una ironía, pues mientras a través del personaje de Mala ─quien en una escena enlista todos su estudios─ se prima la capacidad interpretativa en contra de la elección de actores por su apariencia, sin embargo, nadie en el filme es capaz de hacer creíble su papel, de tal manera que se recurre siempre a la música extradiegética, porque ninguno de los actores es capaz de interpretar ningún sentimiento.

Frente a estas carencias, lo que más llama mi atención es el cuidado con que fueron introducidos los comerciales. Deseando no ser tan burdo, Pablo Ibarra los muestra mediante planos secuencia que terminan en un personaje o que le dan fin a una escena, e intenta que la historia oculte la marca mostrada. En detrimento de la película, todo el cuidado fue puesto en esos pequeños comerciales. Pero todo intento es vano, creo, porque tan acostumbrados estamos a su visionado que ya es fácil reconocerlos, por eso, tal vez, en la televisión se han decantado por mostrarlos sin ningún pudor.

a la mala1Título original: A la Mala.
Director: Pedro Pablo Ibarra.
Guión: Issa López, Ari Rosen.
Producción: Jorge Aragón.
Fotografía: Fido Pérez-Gavilán .
Edición: Camilo Abadia, Ángel Hernández Zoido.
Música: Rodrigo Dávila.
País: México.
Año: 2015.
Elenco: Aislinn Derbez (Mala), Mauricio Ochmann (Santiago), Papile Aurora (Kika), Luis Arrieta (Pablo).

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