Fair Play: la vida en un régimen totalitario.

Según parece, la identificación de un régimen totalitario se ha convertido en algo sencillo. De manera inmediata llegan a la mente fechas, nombres y actitudes que sirven de ejemplo. Y así con Fair Play (2014) no cabe duda de que su contexto es un régimen de ese tipo. Por ejemplo, las protagonistas siempre se comportan como si alguien estuviera a sus espaldas —y en una ocasión eso pasa literalmente—. O bien, la identificación de un gobierno semejante es automática al ver personajes que son los mejores exponentes de seres sin escrúpulos, fríos y altaneros, como todos nos llegamos a imaginar a sus miembros.

A todo ello se aúna la fotografía de colores fríos. En este sentido, la tercera cinta de Andrea Sedlácková es simplemente un retrato de la vida en un régimen totalitario, en esta ocasión enmarcado en la desaparecida Checoslovaquia y protagonizada por Anna, una joven corredora que busca clasificarse a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Para ello, debe quedar por debajo de cierto tiempo, así que su entrenador y algunos funcionarios del partido en el poder la obligan —con un contrato de confidencialidad de por medio— a inyectarse Stromba, un esteroide, sin decirle lo que es. Sin embargo, pronto descubre que tales inyecciones pueden matarla, y además está convencida de que su uso es hacer trampa, así que se niega a recibirlas. Pero su madre, mediante ciertas estratagemas, le inyecta el Stromba para que pueda clasificar, y con ello logre escapar del país. En paralelo a esta historia, corre una secundaria protagonizada por la madre de Anna, quien hace copias de textos disidentes para uno de los líderes del movimiento contrario al gobierno.

Pese a trabajar dos historias, Fair Play avanza de manera tersa porque ambas tienen el mismo fin, aunque van por caminos diferentes. Ya sea aprovechando las oportunidades que Checoslovaquia ofrece para los deportistas o mediante la revuelta, el objetivo es huir de la situación en la que viven. Ello queda expuesto cuando su madre le confiesa a Anna que el peor error de su vida fue no haber escapado del país cuando tuvo la oportunidad; todo, porque tuvo miedo de vivir en el exterior y creyó que las cosas mejorarían.

La película de Sedlácková es tan agradable como clara: planteando una división entre gobierno e individuos, rompe lanzas a favor de estos últimos. Todos los miembros del gobierno son antipáticos y obtusos, incapaces de ver más allá de su amor a la patria, y hacia el final descubrimos que toda su hostilidad es producto de la inseguridad: el gobierno decide no enviar a ningún deportista a los Juegos Olímpicos por temor a que se convirtieran en blancos de odio (léase, creo, para evitar que entren en contacto con el exterior). Los individuos, Anna y su madre, en cambio, pese a no conseguir su objetivo, quedan retratadas como las defensoras de la libertad, la valentía y el sacrificio. Ambas mujeres en el filme son las únicas capaces de decirle “¡no!” a miembros del gobierno que emplean la amenaza y el terror para conseguir sus metas.

Pero más allá de todo esto, hay un momento de extraña lucidez y belleza en el filme, cuando se decidió que la secuencia final recreará o fuera la misma que la inicial. En ella, vemos a Anna corriendo por calles vacías.

En caso de ser una recreación, la secuencia inicial habría sido signo de rebeldía, porque es una actividad que no le permite hacer su entrenador; en tanto, la secuencia final, pese a ser la misma actividad, seria una vía de escape o el único momento de la vida en que su cuerpo le pertenecería, contrastando con su trabajo mecánico en una fábrica. La forma en que se comprende la práctica cambia según el lugar que ocupa: si es una persona útil para fines políticos, la rebeldía es un lujo que se puede dar; en cambio, si no es nadie —tal como amenazaron a Anna tras negarse a participar en las Olimpiadas— toda actividad que haga permanece ignota.

Y en caso de ser la misma secuencia, la película queda abierta: ¿es una metáfora de un escape no conseguido?, ¿la vida se reduce a una pequeña alegría que el gobierno no te puede quitar?, ¿o acaso es la victoria del individuo libre sobre un gobierno que no permite a nadie salir al exterior? En todo caso, aquí está la belleza de Fair Play: más allá de su simple toma de postura y del retrato fácil de la vida bajo un régimen totalitario, una secuencia es lo más notable, capaz de plantear tantos escenarios y dudas.

film-plakat-origTítulo: Juego limpio.
Título original: Fair Play.
Directora: Andrea Sedlácková.
Guión: Andrea Sedlácková e Irena Hejdová.
Producción: Katerina Cerná, Undine Filter, Silvia Panaková, Pavel Strnad.
Fotografía: Jan Baset Stritezsky.
Edición: Jakub Hejna.
Música: Miroslav Zbirka.
País: República Checa, Eslovaquia y Alemania.
Año: 2014.
Elenco: Judit Bárdos (Anna), Anna Geislerová (Irena), Roman Luknár (Bohdan), Eva Josefíková (Marina).

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