Xenia: los griegos desarraigados.

Entre los antiguos griegos caminó un filósofo cínico que a nuestros ojos puede resultar tan extraño y radical como atractivo. Era Diógenes el Perro, quien se masturbaba en público, poseía una lengua tan afilada como ninguna, entre otras anécdotas que Diógenes Laercio nos refiere, salvándolas del olvido. Entre ellas, nos cuenta que el filósofo solía decir (mediante los versos de un trágico que ahora desconocemos) que sobre él habían caído todas las maldiciones de la tragedia, pues estaba

sin ciudad, sin familia, privado de patria,
pobre, vagabundo, tratando de subsistir día a día.

Vida y opiniones de los filósofos ilustres. VI, 38.

Muchos siglos después, el director griego Panos H. Koutras lleva a la pantalla la historia de otros desarraigados con su cuarto largometraje, Xenia (2014), protagonizado por una pareja de hermanos, Danny y Odysseas (llamado Ody por su hermano). Ambos, pese a haber nacido en Grecia, no son considerados griegos; ello porque su madre es albanesa, y su padre griego huyó de casa sin reconocerlos. De este modo, tras la muerte de aquella, Danny va al encuentro de su hermano para, juntos, hallar a su padre, pedirle que los reconozca y sacarle el dinero que puedan.

El filme de Koutras se mueve entre la comedia, el drama y, por momentos, el musical; en consonancia, hay en él una variedad de temas e historias que se olvidan casi tan pronto surgen. Pueden nombrarse el papel de la ultraderecha en la política; las llamadas posturas fascistas que quedan retratadas cuando, una noche, un grupo de motociclistas entra a escena gritando que Grecia es de los griegos y de los cristianos; las dificultades todavía presentes para alguien que, como Danny, se presenta al mundo como homosexual; o bien, aquella persecución policíaca que queda en el aire, tras la escena en la que los hermanos se enfrascan en una pelea y Danny le dispara a uno de sus agresores (según su tranquilidad, hacia el final de la cinta parecen olvidar que son fugitivos por un intento de homicidio).

En esta evanescencia de los géneros y temas puede verse ─como se ha hecho─ ineptitud, o cuando menos inexperiencia por parte del director y guionista, quien en este rubro comparte créditos con Panagiotis Evangelidis. No obstante, me parece que esta elaboración de la cinta es propia del tema y la forma en que lo aborda: el desarraigo.

Los protagonistas de Xenia casi no tienen ningún vínculo, a excepción del que los une. Para ellos, el único lazo es el de su hermandad; en lo demás, no tienen patria, carecen de amigos, faltos de padre y de madre, van por la vida sobreviviendo como pueden: Odysseas en un trabajo aburrido y mal pagado del que puede ser despedido en cualquier momento pues, según dice su jefa, hay muchos otros buscando su puesto; y Danny, por su lado, parece vivir a base de romances, alimentado y sostenido por sus ligues. En este sentido, el filme muestra la ruptura de lazos con la evanescencia: deshaciéndose de historias, dejándolas en el aire o saltando de un género a otro, aunque a veces Koutras lo haga con un recurso tan común como poner a bailar a los protagonistas al sonar una canción vieja y nos escuchada desde hace mucho.

Pero, ¿cómo hacerle frente al desarraigo? Tengo la impresión de que ello es algo que no sabemos hacer: vivir desarraigados no nos parece posible. Pese a todo, los vínculos familiares son tan firmes como nunca, el amor a la patria sigue moviendo masas, el amor hacia otro nos hace perder la cabeza con extrema facilidad, y la amistad es uno de los pilares que casi nadie osa cuestionar. Además, parece posible (para algunos) sentirse ligado a nuestros seguidores en Twitter, amigos en Facebook o lectores.

Por su lado, los desarraigados de Xenia buscan ser como nosotros. Danny y Odysseas quieren una patria, una pareja, un apellido y un hogar. De este modo, hacen uso de todos los medios a su alcance para conseguir su objetivo: desde la violencia para amenazar a su supuesto padre hasta la voz de Odysseas, quien en una de las historias dejadas en el aire busca entrar a un concurso, Greek Star, con la intención de obtener dinero y hacer lo que quieran. Todo esto porque el desarraigo les pesa. De ello el mejor ejemplo está en Danny, quien escapa a espacios de ensoñación: cuando está en la cárcel, se ve en un bolso; se imagina durmiendo en el mismo pecho que lo acogía cuando niño; o bien, habla con Patty Pravo, la diva bajo cuya influencia musical lo educó su madre. Pero lo más notable es la presencia del conejo de peluche llamado Dido que Danny tenía desde niño, al cual su imaginación dotó de vida, para reafirmar la condición de seguridad y el vínculo afectivo con él, pues, como ya sabía Aristóteles, no se puede amar a objetos inanimados.

Así visto, la condición de extrañeza que se siente hacia Diógenes el Perro se intensifica: un antiguo griego afrontó y deseaba una vida desarraigada; ¿para nosotros es eso posible? La cinta de Koutras, con actuales seres desarraigados, muestra que no.

Xenia_posterTítulo original: Xenia.
Director: Panos H. Koutras.
Guión: Panos H. Koutras y Panagiotis Evangelidis.
Producción: Alexandra Boussiou, Eleni Kossyfidou.
Fotografía: Hélène Louvart, Simos Sarketzis.
Edición: Yorgos Lamprinos .
Música: Delaney Blue, George Boussounis.
País: Grecia, Francia, Bélgica.
Año: 2014.
Elenco: Kostas Nikouli (Danny), Nikos Gelia (Odysseas), Aggelos Papadimitriou (Tassos Peris ), Yannis Stankoglou (Lefteris Christopoulos).

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Diógenes Laercio. Vida y opiniones de los filósofos ilustres. Traductor: Carlos García Gual. 1ª edición, Madrid: Alianza Editorial. 2007. Colección: Clásicos de Grecia y Roma.

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