¿Por qué ningún filósofo cínico anduvo desnudo?

Michel Onfray es un filósofo francés con una peculiar y refrescante forma de abordar los temas. Entre varias impresiones que tengo, él ha escrito algunas de las páginas más bellas que me ha tocado leer, por ejemplo, el prefacio de su libro Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros; así también, son de su autoría algunas de las más divertidas que he leído: varias están en su Antimanual de filosofía. Lecciones socráticas y alternativas.

En el primer libro mencionado se encuentra el origen de la pregunta que da título a este texto: en la Antigüedad, ¿por qué ningún filósofo cínico anduvo desnudo? En Cinismos, Michel Onfray escribió:

Resulta sorprendente que la doxografía no haya conservado testimonios sobre algún cínico que paseara completamente desnudo por la plaza pública. Tal actitud habría correspondido al orden cínico de las cosas: confianza en la naturaleza, repudio de la civilización, gusto por la provocación y la anécdota pedagógica inquietante; ni Diógenes ni Crates se habrían negado a semejante escenificación, ya que el vestido es también argumento para el pudor.

Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros. p. 47.

A primera vista, la observación de Onfray resulta muy atractiva, pues para quien tenga nociones de lo que fue el cinismo este aparece definido por su carácter contestatario. De manera inmediata, en cuanto al pudor, llegan a la mente todos los testimonios que recordamos. Por ejemplo, que Diógenes se masturbaba en la vía pública y que lamentaba que el hambre no pudiera quitarse con solo frotarse el vientre; o bien, que Crates e Hiparquía tenían relaciones sexuales también a la vista de todos. Y en cuanto a la ligereza del vestido, se pude rememorar cómo los cínicos, ante el uso de la túnica (chitón, en griego) y el manto (himátion), se caracterizaban por usar el tribón, una prenda austera de estameña, roída. Y según refiere Diógenes Laercio, por si fuera poco, Diógenes el Perro “durante el verano se echaba a rodar sobre la arena ardiente, mientras en invierno abrazaba las estatuas heladas por la nieve, acostumbrándose a todos los rigores.” (Vida y opiniones de los filósofos ilustres. VI, 23)

Diógenes.
Diógenes. Fotografía vía Flickr por Sarah Murray.

Así pues, a primera vista, Onfray parece tener toda la razón, porque no parece existir ningún impedimento para que un filósofo cínico anduviera desnudo por la vida: el pudor no es un obstáculo, tampoco el temor a enfrentar las condiciones del medio e incluso puede decirse que iría acorde con su talante provocador. No obstante, hay algo que se le escapa al filósofo francés, que puede encontrarse al estudiar el cinismo pero que también es de sentido común.

Lo que nuestro autor no ve puede reducirse a la siguiente pregunta: ¿es posible la vida sin vestimenta? Imaginemos el caso: bien podríamos estar sin grandes problemas durante el día, pues si nos quema el sol, por ejemplo, nos resguardamos bajo un techo. E incluso si aparece una ligera corriente de aire sentiremos cómo refresca todo nuestro cuerpo. ¿Pero que pasaría en la noche, con el frio que cala los huesos? Desprovistos de todo vestido, tendríamos que apañarnosla encontrando el lugar más protegido que podamos. Y sin embargo el frio persistiría.

Me parece que no es necesario seguir ahondando, porque si con la falta de algún vestido no podemos soportar ni una noche, entonces es manifiesta su necesidad. Este es precisamente el asunto: el filósofo cínico se distingue por vivir con lo necesario. Así Diógenes se deshizo del objeto con el que bebía agua cuando vio a un niño beber de sus manos, pero ¿es posible deshacerse del vestido cuando nuestra sola piel no basta para lo mismo? Con su tribón, el cínico podía hacerle frente a los días calurosos, y también podía doblarlo para protegerse del frio. Un filósofo cínico que anduviera desnudo, quizá podría decirse que ese sí habría sido un loco, haciendo eco de la locura que Platón le enjaretó a Diógenes.

Bibliografía.

Diógenes Laercio. Vida y opiniones de los filósofos ilustres. Traductor: Carlos García Gual. 1ª edición, Madrid: Alianza Editorial. 2007. Colección: Clásicos de Grecia y Roma.

Onfray, Michel. Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros. Traducción: Alcira Bixio. 1ª edición, Argentina: Editorial Paidós. 2001. Colección: Espacios del Saber/27.

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