Textos sobre el aborto: «La interrupción del embarazo antes de las doce semanas» (Jorge Carpizo; 2008).

En abril de 2007, en la Gaceta Oficial del Distrito Federal, se publicaron una serie de reformas al Código Penal para el Distrito Federal, además de adiciones a dos artículos de la Ley de Salud. Ellas tenían, grosso modo, el siguiente fin: establecer que el aborto ocurre cuando un embarazo es interrumpido después de las doce semanas, en tanto que, cuando se lleva a cabo antes de ellas, la interrupción del embarazo no se considera jurídicamente aborto, y en consecuencia no está penalizado por la ley. A partir de esa fecha y hasta el 31 de marzo de 2014, según estadísticas que se pueden consultar en el sitio del Instituto de las Mujeres, en el Distrito Federal se han realizado 118 500 interrupciones legales del embarazo.

Por esas fechas, la discusión de tales reformas provocó gran efervescencia: los diputados que las aprobaron se ganaron la excomunión por parte de la iglesia católica, varios fueron amenazados, se intentó posponer la votación a través de un referendo, etcétera. En resumen, pasó lo mismo que sucede cada vez que se aborda un tema complicado y controvertido: se alzan voces contrarias y en ocasiones se esgrimen, antes que argumentos, cualesquiera otras tácticas de persuasión. En este marco se inscribe el texto del doctor Jorge Carpizo, «La interrupción del embarazo antes de las doce semanas», publicado en 2008 en el libro Derechos humanos, aborto y eutanasia. Como él mismo apunta:

Durante ese periodo, y con posteridad, declaré que estaba a favor de la probable reforma legislativa para “despenalizar el aborto” si acontece antes de las primeras doce semanas del embarazo, y siempre expuse argumentos, siendo muy cuidadoso para no caer en descalificaciones de quienes piensan diferente, tanto por convicción como para no contribuir a enrarecer el ambiente y la división sociales, lo cual me parece aún más delicado si dichas descalificaciones provienen de una autoridad, dirigente religioso o supuesto defensor de los derechos humanos.

«La interrupción del embarazo antes de las doce semanas». p. 4.

Aquí encontramos la declaración de principios de Jorge Carpizo: apuesta por una discusión basada en argumentos que no caiga, en ninguna forma, en ataques personales o descalificaciones dirigidas a las posturas contrarias. De este modo, en su texto, Carpizo expone los argumentos que lo llevan a tener aquella postura, divididos en seis grupos, según el carácter de ellos: “1) bioético y científico, 2) de derecho comparado, 3) constitucionales del orden jurídico mexicano, 4) de derecho internacional de los derechos humanos, 5) del sistema democrático, y 6) de índole social.” (Idem.) No obstante, según apunta él mismo, todos ellos constituyen un bloque en el cual se apoyan de manera reciproca.

Puede vislumbrarse gracias a este desglose de argumentos que, en su mayoría, el texto de Jorge Carpizo es de carácter jurídico; así no es extraño que abunde más en los puntos 2, 3 y 4. Además, al haber sido escrito poco después de la aprobación de las reformas ya mencionadas, dedica un espacio considerable a responder las objeciones planteadas por sus detractores, quienes las consideraron anti o inconstitucionales. Ahondar en tales puntos sin duda es atractivo, empero, una razón muy sencilla me impide hacer eso: no tengo los conocimientos necesarios para esa tarea.

Como apunta el autor, es necesario distinguir la discusión legal de la discusión moral o filosófica. Si bien podría objetarse que debe haber una relación entre ambas y que, en tanto que no es imposible la existencia de una ley que sea inmoral, tal relación debe ser bilateral; sin embargo, como de hecho una ley no puede ser modificada o rechazada mediante argumentos morales o filosóficos, es menester hacer esa distinción en pos de una mejor discusión, pues en el caso de las reformas ya mencionadas varios de sus detractores hicieron “valer ideas que se encuentran muy lejanas de las normas y valores constitucionales, en virtud de que expresan ideas o concepciones morales.” (Jorge Carpizo. Op. cit. p. 14) Es decir, si lo que se pretende es rechazar una ley o una reforma de ley ello debe hacerse mediante argumentos del mismo tipo y, por eso mismo, la defensa que hace el doctor Carpizo siempre es teniendo a la vista la Constitución mexicana, tratados internacionales, resoluciones hechas por otros países, etcétera.

No obstante, el texto de Jorge Carpizo es de interés en tanto que revela la importancia del (según percibo) más importante de los argumentos en favor de la interrupción del embarazo antes de las doce semanas. Este es el que brinda la ciencia, y en especial la neurobiología, el cual sostiene que lo que distingue al ser humano de todos los demás seres vivos es su sistema nervioso central, y en especial su corteza cerebral, la cual no se encuentra formada a las doce semanas de embarazo. De esta manera, si bien el embrión (en lo siguiente no distingo entre feto o embrión, por no parecerme relevante en la argumentación) es un ser vivo, y si bien puede afirmarse que es un ser humano en potencia en tanto que posee el genoma de la especie humana; sin embargo, solo puede hablarse de vida humana hasta que nuestro “sistema nervioso ha adquirido la estructura y la funcionalidad necesarias para percibir estímulos sensoriales, experimentar dolor y adquirir conciencia y autonomía.” (Ricardo Tapia. «La formación de la persona durante el desarrollo intrauterino, desde el punto de vista de la neurobiología». p. 2) Y ello no acontece cuando la mujer tiene doce semanas de gestación.

La importancia de este argumento queda puesta de manifiesto cuando Jorge Carpizo apunta, de manera repetida (Cfr. Jorge Carpizo. Op. cit. pp. 16, 19, 25), que en él se sustenta buena parte de la postura legal en tanto que no se puede considerar al embrión una persona cuyo derecho a la vida deba protegerse, pues no lo es en razón de que su corteza cerebral no está desarrollada a las doce semanas de embarazo; y así tampoco puede afirmarse que la elección de ese numero de semanas sea arbitraria, en tanto que la neurobiología brinda pruebas que nos permiten tener claro, nuevamente, que la corteza cerebral no está desarrollada.

En este sentido, podemos abordar la argumentación de Jorge Carpizo un paso atrás, antes de llegar a la discusión jurídica. Empero, debo apuntar que no es mi intención pensar la cuestión a fondo; pretendo solo hacer algunos apuntes. Ante el argumento que podemos llamar el de la formación de la corteza cerebral, un primer impulso que he percibido es negarlo de manera concluyente. La posición contraria cierra los ojos ante lo que dice la ciencia. Sobre esto, Carpizo escribió que “no es posible ignorar lo avances científicos de la neurobiología. Sería tanto como sostener que nuestro planeta es plano o que el Sol gira alrededor de él, como se creyó durante miles de años y, por sostener lo contrario, Galileo fue denigrado y perseguido”. (Ibidem. p. 6) Con estas palabras, el doctor argumenta que si se ignora lo que dice la neurobiología, no se está negando solo una afirmación, sino los avances de la ciencia toda: no es razonable aceptar lo que ella dice y sostiene con pruebas en otros campos, y sin embargo no aceptar lo que afirma la neurobiología con respecto al desarrollo humano durante el embarazo. Solo un testarudo, para mantener esta postura, también sostendría que la tierra es plana o se negaría a recibir todo cuidado de la medicina actual… y con los testarudos no se puede dialogar.

Considero que Jorge Carpizo está en lo cierto: no es posible cerrar los ojos ante lo que dice la neurobiología, no en tanto que ofrece evidencia en favor de sus conclusiones. Ante esto se podría argumentar el carácter equívoco de la ciencia, es decir, dentro de unos años podría darse el caso de que se hagan nuevos descubrimientos que trastoquen el argumento de la formación de la corteza cerebral. Pero no es razonable ignorar lo que dice la neurobiología basándose en esto, pues las razones ofrecidas son inexistentes, posibles nada más. Esto es semejante a argumentar que no deberíamos salir a la calle porque, como le ha sucedido a otros, podemos sufrir un accidente o un asalto que acabe con nuestra vida. Las razones ofrecidas son inexistentes: no nos ha pasado ni se tiene la seguridad de que eso pasará; es posible que suceda, desde luego, pero como ya sabía Aristóteles lo posible puede llegar a ser o no ser. Este argumento solo produce miedo o dudas planteando escenarios que nadie sabe si sucederán o no.

No obstante, quiero llamar la atención en algo: el argumento, como hemos visto, dice que si bien el embrión está vivo, no se puede hablar de vida humana sino solo hasta que la corteza cerebral está formada. En palabras del bioquímico Ricardo Tapia: “Mientras esto no ocurre, la vida de un embrión no difiere sustancialmente de la de cualquier célula, órgano o tejido de un organismo multicelular vivo”. (Ricardo Tapia. Op. cit. p. 3) Nótese la forma de expresarse: sustancialmente, un embrión no es diferente de cualquier otro organismo multicelular vivo, en tanto que todos (valga la redundancia) están vivos. Aquí se alude a un semejanza sustancial, esencial, de fondo. No obstante, hay un problema con tal punto de vista: se olvida de pensar las diferencias.

Aceptemos que un embrión no es una vida humana en tanto que su corteza cerebral no está desarrollada, aunque esté vivo. Y es semejante a cualquier otro organismo multicelular vivo en tanto que comparten esta característica. Ahora bien, ¿además de esta semejanza sustancial, se puede afirmar que un embrión es semejante a “cualquier célula, órgano o tejido de un organismo multicelular vivo”? Por su condición parecen ser diferentes: un órgano es y será siempre lo que es, con independencia de su estado de salud; en cambio, un embrión es un ser de transición. Ello es lo que provoca reparos frente al aborto y no provoca los mismos frente al alcoholismo, por ejemplo: cuando se habla de la salud del alcohólico, se piensa en él como una vida humana, pero nadie se preocupa por la salud de sus riñones en tanto que seres vivos. En cambio, el embrión no es totalmente semejante a un órgano, porque puede devenir vida humana, mientras este no puede hacerlo. En este caso, me parece que no es relevante que pueda o no llegar a hacerlo; con la simple posibilidad, la condición del embrión es diferente a la de cualquier organismo multicelular vivo que no pueda devenir vida humana.

El argumento de la formación de la corteza cerebral sostiene de manera muy sencilla que el embrión de doce semanas no es diferente de cualquier otro organismo multicelular vivo, porque no menciona los aspectos en los que difiere. Si bien la elección de ese número de semanas no es arbitraria en tanto que se elige un número al azar, tal vez, podría afirmarse que sí lo es en tanto que mediante dos conceptos invariables, vida y vida humana, encuadra a un ser de transición. Cualquier otro organismo multicelular vivo no puede devenir vida humana, solo puede morir. De igual modo, parece que la vida humana no puede perderse si no es con la muerte o en condiciones muy cercanas a ella. En cambio, un embrión vivo sí puede devenir vida humana, y con ello abandonaría su condición de ser de transición y pasaría a un estado inamovible. Por su parte, el argumento de la formación de la corteza cerebral divide en dos una condición que, por decirlo así, tiene un pie en una y otra.

Bibliografía.

Carpizo, Jorge. «La interrupción del embarazo antes de las doce semanas» en Derechos humanos, aborto y eutanasia1ª edición, México: Universidad Nacional Autónoma de México – Instituto de Investigaciones Jurídicas. 2008. Colección: Estudios Jurídicos/125.

El texto de Ricardo Tapia, «La formación de la persona durante el desarrollo intrauterino, desde el punto de vista de la neurobiología», puede consultarse en la página del Colegio de Bioética (1), o bien en la del Instituto de Neurobiología de la UNAM (2).

*Imagen: «Manifestación “Decidir no es un delito. Fuera el aborto del código penal», realizada el 28 de septiembre de 2012 en Madrid. Fotografía vía Flickr por gaelx.

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