Las reglas para dirigir nuestra vida en Las aventuras de Pinocho.

La historia creada por Carlo Collodi primero fue publicada por entregas en el Giornale per Bambini, la primera publicación periódica italiana para niños, y después pasó a convertirse en el libro que hoy conocemos como Las aventuras de Pinocho. Una de las constantes en él es la presencia de máximas, es decir, sentencias mediante las cuales autorregular la vida. Ellas siempre son dichas por los personajes nobles y buenos que Collodi pone en escena, como Geppetto, la Hada o el Grillo parlante.

Desde luego, casi en todas las ocasiones ellas van dirigidas a Pinocho, para que cambie su modo de vida holgazana y malagradecida por una industriosa. Pero creo que todas ellas tienen como propósito, además, hacer que uno tienda a autorregular su modo de vida como el muñeco de madera. Es decir, a la vez que se iría produciendo una transformación en Pinocho, hasta llegar a convertirse en un niño de verdad, Collodi pretende que el lector tenga una transformación parecida, adoptando aquellas máximas dichas a lo largo de la novela.

Destacar esto es importante porque, al estar latentes estas máximas, debemos darnos cuenta de que Las aventuras de Pinocho no es solo una historia, sino que en el libro hay una pretensión de transformar la vida del lector. Ahora bien, cuando estamos hablando de un novela conocida por todos, llamada un clásico para niños y adultos, no está de más observar cómo lleva a cabo aquella pretensión transformadora, cuáles son sus alcances y supuestos. En este sentido, por ejemplo, cabe mencionar el talante punitivo del libro, no solo porque Pinocho aprende mediante castigos y pesares, sino también porque ello se revela en la forma en que Collodi expresa las máximas, muchas veces poniendo frente a nosotros un final funesto.

Ahora bien, como estas máximas pueden pasar desapercibidas en la lectura (si bien aparecen perfectamente anunciadas), y como no he encontrado ningún texto que haga mención o eco de ellas, a continuación paso a transcribirlas (esperando, en otro texto, abordar de manera más detallada todo esto).

¡Ay de aquellos muchachos que se rebelan contra sus padres y que abandonan caprichosamente la casa paterna! Nunca lograrán nada bueno en este mundo y antes o después tendrán que arrepentirse de ello amargamente. (Capítulo 4)

En este mundo es preciso, desde niños, habituarse a morder y a saber comer de todo, porque nunca se sabe lo que puede suceder. ¡Son tantas las desgracias! (Capítulo 7)

No prestes atención a los consejos de las malas compañías. ¡Si no, te arrepentirás de ello! (Capítulo 12)

No te fíes, muchacho, de los que prometen hacerte rico de la mañana a la noche. ¡Habitualmente, o son unos locos, o unos embrollones! (Capítulo 13)

Para reunir honestamente un poco de dinero, es preciso saberlo ganar con el trabajo de las propias manos o con el ingenio de la propia cabeza. (Capítulo 19)

El hambre, muchacho, no es una buena razón para apropiarse de las cosas que no son nuestras. (Capítulo 21)

El hombre, para que lo sepas, nazca rico o pobre, está obligado a hacer algo en este mundo, a verse ocupado, a trabajar. ¡Ay del que se vea poseído por el ocio! (Capítulo 25)

Ya se sabe: en este mundo todos debemos ayudarnos los unos a los otros. (Capítulo 29)

Los chicos que no atienden a los consejos de quien sabe más que ellos, siempre van al encuentro de una desgracia. (Capítulo 30)

¡Tenlo presente, los chicos que dejan de estudiar y la dan la espalda a los libros, a las escuelas y a los maestros para entregarse a los juegos y a las diversiones no pueden tener más que un final desgraciado! (Capítulo 31)

Los dineros robados no dan nunca fruto. (Capítulo 36)

Quien roba la capa a su prójimo suele morir sin camisa. (Capítulo 36)

En este mundo, cuando se puede, hay que mostrarse amables con todos si queremos que nos devuelvan la misma cortesía el día que tengamos necesidad de ella. (Capítulo 36)

Bibliografía.

Collodi, Carlo. Las aventuras de Pinocho. Traducción y prólogo: Antonio Colinas. 1ª edición, Madrid: Ediciones Siruela. 2011. Colección: Tiempo de Clásicos/9.

* “Pinocchio’s“: fotografía vía Flickr por Nacho Manotas.

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