Cenicienta.

Al inicio de La bella y la bestia (1946), Jean Cocteau pedía una sola cosa: un poco de ingenuidad. Bien conocía el ceño fruncido y el aire grave que caracteriza a la llamada madurez, donde algunos pierden la capacidad de escuchar historias y dejarse llevar por ellas. Frente a estos, señaló Cocteau, los niños creen que arrancar una rosa puede traer consecuencias terribles para una familia, y creen que una bestia puede sentirse avergonzada ante una doncella. Por eso para los niños el verdadero “ábrete sésamo”, que abre la puerta a mil y un maravillas, consta solo de tres palabras: erase una vez… Pero un adulto puede echar todo a perder: señalará errores, cosas imposibles, ridiculizará a los personajes, encontrará discursos ocultos, y dirá una y otra vez ─como si necesitara convencerse a sí mismo─ que creer en eso es una necedad.

A su modo, la versión de Cenicienta (2015) dirigida por Kenneth Branagh sabe y pide lo mismo que, en su tiempo y para otro cuento de hadas, pedía Jean Cocteau. En las secuencias iniciales se plantean dudas: la mamá de Cenicienta (también llamada Ella) le pregunta a su pequeña si aún cree que los animales la entienden cuando les habla; ella se sorprende un poco: ¡acaso su madre no lo cree? Pero inmediatamente, al ver la reacción de su hija, le confía que por supuesto que lo cree, y que también piensa que ellos nos hablan si uno escucha atentamente y que, además, cree en la existencia de las hadas madrinas. Ella dice: “yo creo en todo”; a lo que su hija responde: “entonces yo también creo en todo”. Esto es lo que pide Cenicienta: creer en todo; por un momento, como Ella, no ver el mundo como es sino como podría ser.

Pero claro, ni siquiera la magia es capaz de detener los terribles momentos de la vida, así la madre de Ella muere, su padre se hunde en la angustia y llega a su vida una madrastra cruel porque no es lo que podría ser, y un par de hermanastras tan torpes y de miras tan cortas porque no todos pueden llegar a ser lo que podrían ser. Hay un contraste entre Ella y estas mujeres: a su muerte, la madre de Ella le dio dos principios para guiar su vida, la valentía y la bondad, a los cuales puede acudir en cualquier momento y que desaparecen solo cuando duda de sí misma; por su parte, la madrastra y hermanastras también basan su vida en algo, el dinero, que sin embargo puede desaparecer en cuanto muera quien lo provee.

Ella está dotada de tres cosas: la capacidad de creer en todo y dos principios para regular su vida; de un lado está la magia, y del otro lo que cualquiera (si se lo propone) puede hacer. Pero en un cuento de hadas ambas cosas son inseparables ─por eso la voz en off que narra la historia es la de la Hada madrina, pues la magia está entretejida con lo que no requiere de ella─: cuando los propios recursos de Ella no son suficientes, aparece la magia para sacarla adelante. Así, tras ser humillada y ser llamada Cenicienta, por estar cubierta de cenizas, sale montada en su caballo y se encuentra con el descomunal venado (irreal) que está siendo perseguido por el príncipe del reino. O bien, cuando su vestido es destruido y se resigna a no ir al baile, hace su aparición la Hada madrina, que la dotará de todo lo necesario para asistir al mismo.

Mas otra característica de la magia es su evanescencia: ya se sabe, Cenicienta debe salir del baile antes de que terminen las doce campanadas que marcan la medianoche, porque después de ellas el vestido desaparece, la carroza se vuelve calabaza; los cocheros, lagartijas; el conductor, ganso; y los caballos, ratones. Aquí hay una coincidencia entre la magia y los cuentos de hadas: su fin es ineluctable. Esto le da un argumento más a los adultos que echan todo a perder: al ser efímero un cuento ─o cualquier otra cosa semejante─ hablan de productos para evadirse, para escapar de una realidad que no nos atrevemos a enfrentar. Pero se equivocan otra vez; aquí carecen de la ingenuidad que pedía Cocteau, porque no se entregan a la escucha del cuento de hadas, sino que están con un ojo en él y otro en sus asuntos tan “reales e importantes”; o bien, como lo anota Kenneth Branagh, carecen de la capacidad para disfrutar algo mientras dure: Cenicienta a la entrada del castillo dice sentir miedo, porque no es una princesa sino una simple chica, es decir, se enuncia lo irreal del cuento de hadas ─el vestido que trae puesto, el carruaje, su encuentro con el príncipe y todo aquello semejante─. Pero a ella le responde uno de sus cocheros, quien no es un hombre sino una lagartija, que lo disfrute mientras dure: no importa que ello no sea real, existe y por tanto ha de tenerse en cuenta y es susceptible de ser disfrutado.

Ante la evanescencia de la magia, un cuento no se puede sostener solo con ella, por eso cobran importancia los dos principios que Cenicienta recibió de su madre. Ante la amenaza de su madrastra, quien le pide que la deje controlar el reino tras su boda con el príncipe, Cenicienta se opone y prefiere vivir encerrada el resto de su vida antes que entregarle tal control a ella. Aquí se busca más allá de lo que se enuncia: “discursos feministas”, o aquel tan manido empoderamiento de las mujeres en las últimas películas de Disney. Pero aunque puedan tener razón, lo que se enuncia es tremendamente claro: valentía ante la amenaza de la madrastra y bondad frente a todos aquellos a quienes les evita caer bajo su control. Pareciera que se prefiere encontrar las posturas ocultas de otros antes que ver lo difícil que es conducirse con valentía y bondad. He aquí dos palabras muy fáciles de olvidar y de atacar, pero cuán difícil es vivir de este modo.

Y ante la evanescencia del cuento de hadas, tras el beso del príncipe y Cenicienta, la voz en off de la Hada madrina le da más importancia aquellos dos principios, valentía y bondad, susceptibles de ser extrapolados más allá de él. Si bien la magia no deja de estar presente, pues en un plano general, acompañando al príncipe y Cenicienta, aparecen el ganso, los ratones y las lagartijas que tanto hicieron para permitir el final feliz, porque a lo largo de un cuento de hadas siempre está presente un poquito de magia. No obstante, más allá de ella queda la valentía y la bondad con las cuales bien podríamos guiar nuestras vidas.

Cenicienta-979962068-largeTítulo original: Cinderella.
Título: Cenicienta.
Director: Kenneth Branagh.
Guión: Chris Weitz.
Producción: David Barron, Simon Kinberg, Allison Shearmur.
Fotografía: Haris Zambarloukos.
Edición: Martin Walsh.
Música: Patrick Doyle.
País: Estados Unidos.
Año: 2015.
Elenco: Lily James (Cenicienta), Cate Blanchett (Madrastra), Richard Madden, (Príncipe), Helena Bonham Carter (Hada madrina), Sophie McShera (Drisella), Holliday Grainger (Anastasia), Ben Chaplin (Padre de Ella).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s