Hot Girls Wanted.

Al inicio de Hot Girls Wanted (2015) hay una secuencia clave: en ella se suceden de manera vertiginosa fotografías de Kim Kardashian, Miley Cyrus, dos escenas ─sacadas de contexto─ de Cincuenta sombras de Grey (2015), entre otras imágenes provocativas, además de varios discursos incendiarios contra la pornografía. En esta secuencia se pueden distinguir dos movimientos: por un lado, buscar impresionar de manera sencilla, señalando lo expuestas que están las jóvenes a estereotipos de mujeres que solo destacan y obtienen riqueza, fama y demás cosas a través de su cuerpo sobreexpuesto. Por otro lado, también está presente la falta de diferentes posturas, matices y apreciaciones: en esta secuencia todo es estridencia y condena. Ya desde este inicio, el documental lanzado por Netflix, dirigido por Jill Bauer y Ronna Gradus, muestra sus pretensiones: aleccionar a las jóvenes, mostrándoles el terrible mundo de la pornografía.

Para esto, en el documental seguimos la historia de cinco chicas que dan sus primeros pasos en el porno amateur, aquel protagonizado por jóvenes, apenas mayores de 18 años, que pueden pasar por “la chica de al lado”. Pero de entre ellas destaca Tressa Silguero, cuyo nombre artístico fue Stella May. No es para nada gratuito que ella sea, por sobre todas, la protagonista del documental: salida de un hogar estable y amoroso, con una carrera escolar que le permitiría acceder a la universidad, Tressa es caracterizada como una joven inocente, un tanto boba y superficial, que al entrar al mundo de la pornografía arruinó la relación con sus padres y quedó marcada para toda su vida. En pocas palabras: entrar a la industria, en busca de dinero fácil, fue el peor error de su vida.

A propósito de ello, en una entrevista, la actriz porno Amarna Miller señaló, con respecto a los motivos para entrar a la industria, que “Si te dedicas a algo que tiene que ver con tu sexualidad por hacer dinero fácil vas a joder partes de ti mismo que son mucho más importantes e íntimas. Vender tu sexualidad a cambio de ser rica me parece la peor decisión que puedes tomar en tu vida.” Y en efecto, todas las chicas en Hot Girls Wanted coinciden en esto: quieren obtener dinero de manera sencilla. Tanto así que hacia el final del documental, cuando su madre y novio le preguntan a Tressa por qué sigue en el porno, ella contesta que es por el dinero, por la ropa y la posibilidad de viajar en avión a todas partes.

Ante estas chicas dispuestas a hacer todo por dinero, los hombres quedan mostrados como seres que se aprovechan de ellas: desde el reclutador que las busca por medio de Craigslist, a quien le deben dar el 10% de sus ganancias, hasta los fotógrafos y los actores. Todos, sin excepción, las ven como a objetos desechables: se menciona de manera constante que ninguna dura más de unos meses en el porno amateur y que siempre, cuando se marchen, hay una chica que puede ocupar su lugar. Todo en el documental remacha una y otra vez estas ideas: los hombres se aprovechan, las chicas son explotadas, la familia siempre se dará cuenta aunque se intente ocultar; conforme avanza el documental, la lección se intenta hacer más clara: la pornografía no es un buen camino a escoger.

Si bien al comienzo puede parecer dulce (y así lo retrata el documental), pues los actores las tratan ─coinciden ellas─ como a “princesas”, reciben una buena cantidad de dinero por no hacer nada extravagante, y pueden salir de compras o flirtear cada noche; sin embargo, conforme pase el tiempo todo se pondrá peor: los familiares y amigos se terminan dando cuenta, el dinero no rinde lo suficiente para pagar las cuentas, se puede llegar al hospital (como le pasó a Tressa), terminan exhaustas después de la jornada y los límites no son claros (¿pueden decir “no” a ciertas cosas, pueden decidir qué hacer y no hacer?) Cuando se llega aquí el discurso se vuelve más radical: Tressa y su novio discuten acerca de si lo que hace ella es prostitución o no; así también, una de las chicas afirma sentirse violada, con respecto a lo que pasó en el set de filmación.

Y sin embargo, pese a esta remachada condena de la industria, Hot Girls Wanted nunca muestra la realización de sus productos: no vemos el trabajo en un set de filmación, salvo una parte en la que se muestra el comienzo y el fin de cierto día de grabación, que sirve solo para que Ava Taylor muestre su descontento una vez más, aunque no quede claro qué es lo que la molestó. Si dirá que es por cierto respeto a las jóvenes que aparecen en pantalla, pero el problema radica en que Hot Girls Wanted muestra todas sus otras facetas, excepto la más importante para el documental: su trabajo como actrices en un filme pornográfico. Hay aquí una enorme carencia, porque así se revela que toda la denuncia que hace el documental es mediante rodeos; es como denunciar la brutalidad en un rastro sin entrar a él, solo mediante comentarios de quienes trabajan ahí y viven cerca de este.

Esto llega a volverse en contra de Hot Girls Wanted, porque al no ver el funcionamiento de la industria, lo que queda expuesto es la superficialidad y torpeza de sus protagonistas, quienes ante un anuncio en Craigslist que promete un viaje a Miami y mucho dinero no dudan en mandar sus fotografías, y entrar a la industria pornográfica sin tener nada claro. A propósito de esto, es ilustrativo que Brooklyn Daniels no tenía ni un nombre pensado cuando ya estaba dentro. Empero, hacia el final, el documental no ceja en su intento de aleccionar a las jóvenes, mostrando un epílogo en el que tres de la cinco chicas protagonistas han dejado ya la industria, y tomado el control de sus vidas y su cuerpo. Sin embargo, pese a ello, Hot Girls Wanted es más un dedo acusador, que en la discusión sobre la pornografía ofrece un punto de vista sesgado y que, pese a sus intentos, expone más las carencias de sus protagonistas que los excesos y abusos de la industria.

FIfaW0NOrfjNim_1_aTítulo: Hot Girls Wanted.
Directores: Jill Bauer y Ronna Gradus.
Guión: Brittany Huckabee.
Producción: Rashida Jones, Jill Bauer y Ronna Gradus.
Fotografía: Ronna Gradus.
Edición: Brittany Huckabee.
Música: Tyler Strickland y Dan Ahearn.
País: Estados Unidos.
Año: 2015.

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