Apuntes 5: notas sobre Forastera, de Diana Gabaldon.

En una de sus muchas cartas, Plinio el Joven cuenta sobre Plinio el Viejo que este “solía decir que ningún libro era tan malo que no fuese útil en algún apartado”. (Cartas. III, 5; 10) Yo también creo en eso firmemente, si bien a veces cabe desear que ese apartado no esté tan perdido entre cientos de páginas. A propósito, hace años que no leía uno de esos libros que cargan con la etiqueta de best sellers: el último fue el tercer tomo de la saga de Crepúsculo. Si bien tengo el cuarto, cuyo grosor hace difícil sostenerlo con una mano, dudo leerlo algún día… pero quién sabe. En todo caso, no es desconocida por nadie la campaña de odio contra esa saga, pero ya desde las lejanas fechas en las que el interés era tan descomunal como aquel, y aunque no conocía a ningún Plinio y pese a que no podía formular con tal claridad el motivo que me llevó a leer los tres primeros libros, intuía que mi cerebro no terminaría fundido si los leía y que algo bueno o interesante, por poco que fuera, podría salir de ahí. Actualmente no recuerdo casi nada, salvo un momento que me gustó, en el que Alice roba un auto, y una cita, aunque no sé en qué tomo está. Quizá ello se debe, sobre todo, a que era un lector descuidado; por ejemplo, no subrayaba ni hacia anotaciones.

Después de estos libros, como decía, ningún best seller había llegado a mis manos. Y técnicamente sigue sin hacerlo, porque el libro de Diana Gabaldon, Forastera, lo leí en versión e-pub. Según he visto, la versión impresa cuenta con poco más de 700 páginas. Un número que puede intimidar, pero no se compara a las más de 1700 en el e-pub, según el tamaño de letra que escogí. Hace días vi el comentario de una chica que afirmaba haberlo leído en tres días; por mi parte, no recuerdo cuánto tiempo me tomó, quizá dos semanas, tal vez tres. Sea como fuere, no importa mucho.

Supe de Diana Gabaldon y Forastera gracias a la serie homónima. Primero intenté ver esta, pero tras leer muchos comentarios sobre el libro, todos igual de efusivos, decidí emprender la lectura del primer tomo de una saga que consta de siete volúmenes. Como lo esperaba, leerlo no es complicado: narrada en primera persona del singular, todo está desarrollado y perfectamente explicado; y por sobre todo, la novela está basada en diálogos. Pienso que la virtud de estos libros radica en su historia (y a todos nos gusta que nos cuenten historias), y la de Forastera no carece de atractivo. Si acaso una pregunta puede resumirla, esta es: ¿que pasaría si viajamos en el tiempo, unos doscientos años atrás, donde no haya electricidad ni autos ni demás cosas tan comunes para nosotros?

Así Forastera cuenta la historia de Claire, una mujer que fue enfermera durante la Segunda Guerra Mundial, ingeniosa e incapaz de callar lo que piensa; hermosa, por su puesto, y con un rostro que revela todos sus pensamientos. Mediante una construcción de piedras, Claire viaja desde 1945 hasta 1743; ahí es perseguida, acosada, raptada y, desde luego, se encuentra con el amor de su vida, Jamie Fraser, quien la protegerá a toda costa:

Estás a salvo. Tienes mi nombre y a mi familia, mi clan y, de ser necesario, la protección de mi cuerpo.

Entre romance, pasión desbordada y un tipo, Jack Randall, que le hace la vida imposible a nuestra pareja se pasan y pasan hojas. Desde luego estoy simplificando, pues en ocasiones tuve la impresión de que Diana Gabaldon nos cuenta día por día la vida de Jamie y Claire. Ello tuvo su lado agradable, empero, porque a lo largo de la novela siempre me resultó divertido leer los comentarios ácidos de la protagonista, quizá la característica más deliciosa de Claire. Sin embargo, tal parece que no es posible escribir un best seller de más de 500 páginas sin que algunos capítulos resulten, cuando menos, aburridos. Pero más allá de todo, y si bien pienso que la autora carece de habilidad para describir las peleas, o a veces roza lo inverosímil, como cuando hace que Claire se enfrente ella sola y sin armas a un lobo (hambriento, sí, y por ello tanto más peligroso), o bien confunde ciencia ficción con lo sobrenatural; sin embargo, la historia me gustó.

Al final terminé con una sensación semejante a la que se tiene cuando uno se excede con la comida. No sé bien a qué atribuirlo ─y es la primera vez que esto me pasa─: quizá fue por los últimos capítulos un tanto plúmbeos. Pero en todo caso, estoy convencido de que Plinio el Viejo estaba en lo cierto: en todo libro hay algo valioso.

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Plinio el Joven. Cartas. Introducción, traducción y notas: Julián González Fernández. 1ª edición, Madrid: Editorial Gredos. 2009. Colección: Biblioteca Gredos/128.

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