David Hume: ejercicios de preparación para la muerte.

2012AA03569
Retrato de David Hume.
Allan Ramsay – Escocia.
1766.
National Gallery of Scotland.
76.20 x 63.50 cm.

 

Es difícl estar más desprendido de la vida de lo que lo estoy en la actualidad.

David Hume. De mi propia vida. p. 39.

En una carta enviada por Adam Smith a Willian Strahan, el primero describe las últimas conversaciones que sostuvo con su amigo David Hume. También cuenta cómo el filósofo llevó sus últimos días con alegría, y cómo era franco con respecto a su enfermedad, pues no albergaba esperanzas de mejorar; así también, agradecía la franqueza de sus amigos, y se sentía complacido y halagado cuando ellos le escribían o le hablaban como a un hombre que agoniza. En una ocasión, Adam Smith, viendo la alegría y fortaleza espiritual de su amigo, le confió que no podía evitar albergar cierta esperanza de que se recobrara, pero Hume le respondió:

─ Sus esperanzas son infundadas. Una diarrea cotidiana que se ha mantenido por más de un año, sería una enfermedad muy mala a cualquier edad; pero a mi edad es mortal. Cuando me acuesto en la noche, me siento más débil que cuando me levanto en la mañana, y cuando me levanto en la mañana, más débil que cuando me acosté en la noche anterior. Siento, además, que algunas de mis partes vitales ya están afectadas, por lo que pronto moriré.

Carta de Adam Smith a Willian Strahan (1776). p. 46.

El filósofo escoces no se engañaba, y no se aferraba a vanas esperanzas de recuperarse. Me interesa llamar la atención en su actitud ante la muerte ─que puede verse también en su autobiografía─: frente a ella, no hay exabruptos; se acepta con serenidad. Pero además, en la carta ya mencionada, hay un apunte de Adam Smith que se refiere a lo que podemos llamar ─haciendo eco de los trabajos de Pierre Hadot─ un ejercicio de preparación para la muerte realizado por David Hume. Smith escribió:

Él dijo que sentía esa satisfacción tan profundamente [de dejar a todos sus parientes y amigos en gran prosperidad], que cuando estaba leyendo unos días antes los Diálogos de los muertos de Luciano de Samosata, de entre todas la cosas que se alegan a Caronte para no entrar de inmediato en su barca, él no pudo encontrar ninguna que le viniera bien: no tenía una casa por terminar, ni tenía una hija que procurar, ni un enemigo del que deseara vengarse.

─ No puedo imaginar ─dijo─ qué excusa inventar a Caronte para conseguir de él un poco más de tiempo. He hecho todo lo importante que alguna vez quise hacer en la vida y no podría suponer, en ningún momento, que dejaría a mis conocidos y amigos en una mejor situación que en la que probablemente los dejo ahora; tengo, por lo tanto, razones de sobra para morir contento.

Ibídem. p. 47.

Este texto, además de ser una bella anécdota, describe una forma de lectura: Hume no lee el texto de Luciano únicamente como entretenimiento, sino que mediante él se enfrenta la muerte. Hay un juego de espejos: por una parte, lee todas las excusas que se le dan a Caronte para no marchar al Hades, y en vez de ello permanecer un tiempo más con vida; y a la vez, Hume echa un vistazo a su propia vida, para ver si alguna de ellas le atañe. En caso de ser así, el texto de Luciano proporcionaría una respuesta a tales excusas, mostrando ─conociendo el talante de Luciano─ lo ridículas o vanas que son. De este modo, uno puede enfrentarse a la muerte. Podría ahondarse más en el tipo de reacción que uno tendría ante ella, pero eso requeriría hacer un análisis directo de los textos de Luciano. Y por otra parte, esa no es mi intención esta vez. Sin embargo, sin importar la respuesta que proporcionara el texto del samosatense, lo que siempre subyace es la intención de que el lector se desprenda de la vida.

De este modo, Hume lee el texto de Luciano como un ejercicio de preparación para la muerte, y de él resulta que puede morir contento. Pero hay más todavía: el filósofo escoces realiza una lectura de segundo nivel propiciada por el texto pero que, sin embargo, lo lleva a abandonarlo. Dice Smith:

Luego se entretuvo inventando varías escusas jocosas que, supuso, podría darle a Caronte e imaginó las hoscas respuestas que éste a su vez, por su carácter, podría dar.

─ Después de largas consideraciones pienso ─dijo─ que debo decirle: “Buen Caronte, he estado corrigiendo mis trabajos para una nueva edición, dame un poco más de tiempo para que pueda ver cómo recibe el público esos cambios”, pero Caronte contestaría: “Cuando hayas visto cómo fue acogida tu obra revisada, querrás hacer más revisiones y la excusa no tendría fin; así que, mi honesto amigo, hazme el favor de entrar a la barca”; pero yo todavía podría insistir: “Ten un poco de paciencia, buen Caronte, me he esforzado por abrir los ojos del público. Si vivo unos años más, podré tener la satisfacción de ver caer algunos de los supersticiosos sistemas que prevalecen”, pero Caronte entonces perdería la paciencia e incluso la decencia: “Bribón, eso no pasará en muchos cientos de años, ¿te imaginas que te concederé un periodo tan largo? Entra a la barca en este instante, perezoso bribón.”

Ibídem. pp. 47-48.

En este caso, movido por y siguiendo el espíritu del texto de Luciano, Hume lo adapta para sí. De este modo, como decía, lo abandona porque las excusas que inventa y las respuestas de Caronte no están en el texto, y sin embargo este las propició. Lo que vemos aquí, otra vez, es un ejercicio de preparación para la muerte: Hume se pone en la situación de alguien que, muerto ya, intenta abogar por su vida. Se ve a sí mismo como un muerto, y expone sus mejores razones para seguir con vida, y sin embargo Caronte expone siempre mejores argumentos. Viendo cómo el barquero se deshace, una por una, de todas las razones que llevan a Hume a querer seguir con vida, no queda otra más que aceptar subir a la barca: se acepta la propia muerte.

Así pues, la lectura no solo es, como lo pensamos comúnmente, una práctica recreativa o informativa, sino un ejercicio mediante el cual se ve transformado nuestro ser. En este caso, los textos de Luciano nos llevan a aceptar con serenidad nuestra propia muerte. Podría objetarse que esta actitud serena frente a ella se debe a la propia naturaleza del filósofo escoces. Quizá hay razón en esto, pero aun así los ejercicios están ahí, ya sea para reafirmarse o para apoyarse en tiempos de debilidad.

Bibliografía.

Smith, Adam. “Carta de Adam Smith a Willian Strahan (1776)” en David Hume. De mi propia vida. Traducción y presentación: Nydia Lara Zavala. 1ª edición, México: Universidad Nacional Autónoma de México. 2003. Colección: Pequeños Grandes Ensayos/12. pp. 43-50.

Hume, David. De mi propia vida. Traducción y presentación: Nydia Lara Zavala. 1ª edición, México: Universidad Nacional Autónoma de México. 2003. Colección: Pequeños Grandes Ensayos/12. pp. 25-41.

Otras referencias.

Hadot, Pierre. ¿Qué es la filosofía antigua? Traducción: Eliane Cazenave Tapie Isoard. 1ª edición, México: Fondo de Cultura Económica. 1998. Colección: Filosofía.

__________. Ejercicios espirituales y filosofía antigua. Traducción: Javier Palacio. 1ª edición, Madrid: Ediciones Siruela. 2006. Colección: Biblioteca de Ensayo (Serie Mayor)/50.

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