Apuntes 4.

8 de marzo de 2015.

Resulta obscena la cantidad de spots políticos que se tienen que ver y escuchar en tiempo de elecciones. Tal parece que debemos ser atosigados para votar (síntoma de que la democracia no está arraigada en nosotros); es como en la películas, cuando el protagonista atraviesa un mercado atestado de vendedores y se le acercan por todos lados. Al final sin saber por qué terminan comprando algo. Quizá votar sea una experiencia semejante, al menos para algunos: al final se vota por quien fue más insistente, cuya imagen vimos más, o quien dijo tener la mejor mercancia, o el que tuvo el tino de abordarnos cuando estabamos más atosigados.

Otros se bloquean ante la aparición de los spots: son los que se desmayan en el mercado, y son sacados de ahí por los vendedores. Si tienen suerte salen con todo su dinero. En paralelo, quienes se bloqueron ante la propaganda usualmente terminan votando, como a quien le roban su dinero. Pero si tuvieron suerte… no lo sé, ¿hay alguna forma de salir indemne de unas elecciones?

Otros más, en medio del mercado, se ponen a gritar que no hay que hacerle caso a los vendedores; lo más osados incluso incitan a su destrucción. Un caso paradójico: quien odia a los vendedores se vuelve un vendedor.

10 de marzo de 2015.

Tal parece que hay ideas bien enraizadas a un lugar, que solo pudieron llegar en un determinado espacio. Ideas que se nos ocurren caminando, mirando por la ventana de un auto… No es que un lugar provoque esas ideas; en el momento en el que salen a la luz, confluyen los estímulos de su parte y un cierto bagaje, como cuando recordamos el sueño que tuvimos anoche gracias a algo que vimos al salir de casa. Pero el lugar tiene tanta importancia que si no apuntamos esas ideas, desaparecen tan rápido como dejamos ese espacio, tal como se olvidan los sueños durante el trance del sueño a la vigilia.

*

Facebook miente: bloquear a una persona no significa que ella no podrá ver tus cosas. Más bien, significa que no podrás ver sus cosas. No es, pues, envolverte en una nube de polvo para que el otro no te vea, es para que tú no puedas verlo.

La mentira se basa en lo siguiente: es más cómodo saber que se límita al otro, y no tanto afrontar que uno se está escondiendo.

14 de marzo de 2015.

Según percibo, al menos hay dos tipos de críticos de cine: uno, compuesto por aquellos que se dedican a juzgar si “vale la pena” (frase terrible: ¡cómo si ver una película fuera un castigo!) ver alguna cinta; otro, en el que se encuentran aquellos que piensan las películas más allá de juzgar si es buena o mala.

Sus textos se reconocen fácilmente: los primeros son sencillos, muchas veces cortos, hacen mención de actuaciones, fotografía, la historia. Aspectos que permiten construir una crítica con unos párrafos, y para cuya lectura no es necesario ver el filme. Los otros, en cambio, son textos más ambiciosos. Y lo extraordinario es que pueden ser leídos, a veces, sin ver la película, porque en ellos hay ideas, sí, ancladas a la cinta pero que pueden ser comprendidas más allá de esta.

*

Los silencios es las conversaciones. Momento incómodo, se dice siempre, pero es ahí cuando se percibe más claramente la afinidad que guardamos con una persona. Si el silencio es incómodo, la relación también lo es, y la conversación es solo una distracción que no permite ver cuán extrañas se resultan dos personas. Pero hay otros silencios, suaves e indoloros, porque la compañía del otro es placentera por sí misma.

18 de marzo de 2015.

En el cine me he econtrado con un tipo que llevaba la misma playera que yo. No me sorprende: era de un precio tan bajo que debe haber cientos en la ciudad. Pero noté mi reacción: la oculté de tal modo que no se diera cuenta de que llevabamos la misma ropa. He visto esta reacción otras veces en otras personas. ¿Por qué se hara eso cuando se descubre que uno lleva la misma ropa que otro?

Quizá es el miedo a reconocer que uno no es tan original como cree. Uno de esos momentos en los que se descubre que nuestros gustos, que creemos tan propios, están hechos en serie.

19 de marzo de 2015.

Me asusta hacer ciertas preguntas: aquellas con las que se da paso a lo indeterminado. Cuando la pregunta no tiene respuesta preestablecida. Me puedo pasar horas decidiendo entre hacerla o no hacerla; y si la hago, ¿cómo formularla?

Hay preguntas que marcan límites, y el solo hacerlas es traspasarlos. Y después de cruzar un límite no se puede regresar y fingir que nada ha cambiado. No puedo dar un ejemplo que aplique siempre, porque cada relación parece marcar sus propios límites, temas intocables o deseos que no deben ser formulados. Pero uno se da cuenta de que está cerca de ellos cuando aparece el miedo a formular preguntas. En Amor índigo, a Colin le asusta preguntarle a Chloé si quiere casarse con él, porque como su novio es muy feliz y teme perderla solo por hacer una pregunta. Aquí otro aspecto importante: el miedo a formular una pregunta manifiesta lo importante que es el otro.

Con las personas más importantes la total apertura y confianza parece inexistente, o si acaso es muy rara, porque siempre está presente el miedo a perderlos. Antes bien, con ellos se vive bajo reservas, que solo son sorteadas tras varias horas de indesición.

Después de formular la pregunta todo cambia.

21 de marzo de 2015.

Hoy terminé de releer Otra vuelta de tuerca. Pensé en escribir algo sobre mi lectura, pero después, tras leer algunos artículos sobre la novela, mi ánimo decayó. Tiene mucha razón Virginia Woolf cuando afirma que el zumbar de la crítica le resta entusiasmo a las notas que uno puede llegar a hacer.

En todo caso, la novela me asustó más esta vez, en ambas interpretaciones: tanto si los fantasmas existen como si son producto de la mente de la institutriz. En cualquier caso, uno se ve enfrentado a algo más poderoso. Desde luego, que sea algo externo o que esté en uno mismo es una gran diferencia, pero en ambos casos se ve trastocado el supuesto orden y control que pensamos tener de nosotros mismos.

Como un descubrimiento feliz, en la búsqueda de la edición de Siruela de Otra vuelta de tuerca, encontré una revista digital que publica textos sobre libros. Entre otras cosas, hallé la mejor crítica que he leído de Cincuenta sombras de Grey (la película). La escribió Martin Schifino y descubrí que concordamos en una idea: lo que se despliega en la cinta es el poder económico.

24 de marzo de 2015.

Recien vi The Kid, y busqué algunas críticas de la película. No encontré nada ─al menos en español. Esta no es la primera vez que pasa. Hace unos días tampoco encontré nada de El gabinete del Dr. Caligari. Si bien no busqué con mucha determinación, aun así me resulta extraño todo esto, porque con películas recientes no pasa. Si busco alguna crítica de un filme de hace unos años, estoy seguro de que encontraré algo. Sin embargo, no hay nada, o no hay mucho, de un cine más antiguo. ¿Acaso nadie se da a la tarea de criticar viejos filmes?

28 de marzo de 2015.

Siempre recuerdo este día como aquel en el que Virginia Woolf se suicido. Quizá eso se debe a que fue el primer suicidio del que tuve noticia.

13 de abril de 2015.

Hace unos minutos me enteré de la muerte de Eduardo Galeano. Tras la noticia venían los consabidos comentarios de las personas. Aquellos en los que lamentan la pérdida, dicen que es una noticia triste, expresan sus condolencias, en fin. Siempre me sorprende tal tipo de cosas. ¿Por qué se lamenta la muerte (al menos por causa natural) de alguien? Nadie puede vivir para siempre, y como mostró el Nosferatu de Herzog es peor no poder morir.

14 de abril de 2015.

Existen cuando menos tres formas de sentirse orgulloso. La primera consiste en el orgullo por algo que uno mismo ha hecho. La segunda se debe a lo que hizo alguien muy cercano a nosotros: el “estoy muy orgulloso de ti” es un “a través de ti me enorgullezco de mí.” La tercera, por decirlo con Platón, está a triple distancia: uno se enorgullece de sí a través de alguien que no se conoce mediante la semejanza en un rasgo. Por ejemplo, cuando se habla de las personas que enorgullecen a una nación. Esta última forma es muy explotada por los gobiernos, y sale a relucir en cada muerte o aniversario luctuoso o natalicio de alguien notable, por no hablar de los eventos deportivos. Pero también es de carácter privado, por ejemplo cuando un artista tiene un éxito y uno se siente orgulloso, porque ambos están ligados por su obra, uno porque la hizo y otro porque le gusta.

16 de abril de 2015.

¡Qué impresionado me deja Plinio el Joven en varias ocasiones! ¡Cuánta bondad y buen juicio descubro en sus cartas! Por ejemplo, he recuperado esta frase hoy: “yo no envidio en otros, como muchos, el bien del que carezco, sino al contrario, siento una cierta sensación de placer si veo que a mis amigos les sobran los bienes que a mí se me niegan.” (Cartas. I, 10)

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Plinio el Joven. Cartas. Introducción, traducción y notas: Julián González Fernández. 1ª edición, Madrid: Editorial Gredos. 2009. Colección: Biblioteca Gredos/128.

Woolf, Virginia. Estar enfermo. Traducción: Laura Emilia Pacheco. 1ª edición, México: Universidad Nacional Autónoma de México. 2007. Colección: Pequeños Grandes Ensayos/50.

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