Los pingüinos de Madagascar.

En un capítulo de Los simpson, Homero encuentra la mejor salida para cubrir los errores: decir que es la primera vez que se hace algo, es decir, no tener un pasado. Sucede algo semejante con Los pingüinos de Madagascar (2014): la película se plantea como desligada de la brillante y divertida serie que protagoniza el comando guiado por Skipper. Así, el argumento que se esgrime para defender la cinta es, básicamente, el mismo que usaba Homero: nos piden fingir que la serie no existe. Pero eso es absurdo, porque lo mejor de los pingüinos está ahí, y con esa lógica que nos pide olvidar una de las dos cosas, más bien, deberíamos fingir que lo que no existe es la película.

Con la serie en mente, la cinta dirigida por Eric Darnell y Simon J. Smith, en general, es pobre. Casi todo los críticos que he leído han sido condescendientes: se conforman con un ritmo ágil y bromas desperdigadas, propiciadas por una historia que se sostiene solo por un amontonamiento de personajes, cuando lo mínimo que se le debe pedir a una película sobre este comando de pingüinos es que tenga un duelo apasionante con el villano y planes alocados. Pero en Los pingüinos de Madagascar Skipper no tiene la capacidad de crear planes y no le pide opciones a Kowalski cuando debería hacerlo; y el villano no es más que un bufón que, como apuntó Jordi Costa, parece una idea reciclada: “¿por qué el villano octópodo parece una idea desechada de Monstruos contra alienígenas (2009) o Megamind (2010)?”

Por si fuera poco, los pingüinos no parecen ser los mismos: Kowalski no construye ningún aparato, y cada vez que le piden opciones carece de chispa y de todo ingenio; Rico no es el torbellino destructor que conocemos, y en toda la cinta no explota nada ni saca alguna sierra; Skipper no es el líder un tanto paranoico que hemos visto, y Cabo es demasiado melifluo. La película se ha tomado muy en serio aquello de ser la primera vez, al grado en que ha reinventado a los pingüinos.

Así pues, olvidando la serie, en Los pingüinos de Madagascar vemos al pulpo Dave, quien busca desfigurar a todos los pingüinos del mundo como venganza contra el comando dirigido por Skipper, pues él fue echado de todos los zoológicos debido al carisma, ternura y gracia de estos últimos. Pero además nuestros héroes se encuentran con otro comando llamado Ráfaga Polar, dirigido por un lobo de nombre clasificado, y con este se entabla una competencia por ver cuál es el mejor comando de los dos.

Pero como esta es la primera vez, la película se retrotrae hasta la niñez de los pingüinos, en la que descubrimos que ─tal parece─ son hermanos, y Cabo nació de un huevo que rescataron en su primera misión con bastante suerte. De este modo, el hilo conductor de la cinta es el reconocimiento que busca Cabo como una parte importante del equipo, y no solo como el más tierno de los cuatro.

Hay una secuencia que revela el espíritu de la cinta: cuando los dos comandos están reunidos en el cuartel secreto de la Ráfaga Polar, Dave entra a su sistema para pavonearse y mostrarles su plan malévolo, pero no hay sonido. Entonces Kowalski le dice que su micrófono está apagado, y Dave comienza a buscar el botón con el cual encenderlo. Para ello se pone sus lentes, pero no entiende su propio panel de control y le pide ayuda a sus asistentes. Tras un rato, lo encuentra, pero la pantalla se pone negra. Y ahora Kowalski le dice que ya lo escuchan pero que no pueden verlo. Tras batallar otro poco, por fin todo funciona a la perfección y Dave puede presumir su plan.

En esta secuencia se muestra que a los realizadores no les importa ni la historia ni el todo; Los pingüinos de Madagascar es, sobre todo, un aglomerado de momentos chistosos, y todo momento se presta para intercalar uno. En cambio, aunque no sea justo traer la serie a cuento, cuando el Dr. Espiráculo presume sus planes las bromas siempre son propiciadas por el carácter del personaje, y no es necesario hacerlo un completo tonto. Por su parte, con Dave resulta chocante verlo hacer el ridículo por su torpeza, pero inmediatamente después ─cuando los guionistas recuerdan que hay una historia de fondo─ aparece como un genio malvado.

Así pues, la cinta se reduce a sacar risas sea como sea, y ella es tanto más lograda cuantas más risas nos provoque, porque eso es lo único a lo que aspira. El problema, no obstante, es que todo lo gracioso en la película sería gracioso aunque estuviera presentado en cualquier otro ser animado, y así los personajes de Kowalski, Rico, Cabo y Skipper solo fueron utilizados para llamar fácilmente nuestra atención.

191001Título original: Penguins of Madagascar.
Título: Los pingüinos de Madagascar.
Director: Eric Darnell y Simon J. Smith.
Guión: Michael Colton, John Aboud y Brandon Sawyer.
Producción: Lara Breay, Mark Swift.
Edición: Nick Kenway.
Música: Lorne Balfe.
País: Estados Unidos.
Año: 2014.
Voces: Tom McGrath (Skipper), Chris Miller (Kowalski), Christopher Knights (Cabo), Conrad Vernon (Rico), John Malkovich (Dave), Benedict Cumberbatch (Classified), Ken Jeong (Short Fuse), Annet Mahendru (Eva), Peter Stormare (Corporal).

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