Despertar el polvo.

Despertar el polvo (2013) es el tercer largometraje de Hari Sama, y tomando como referencia su última secuencia, en él se plantea un viaje de redención, que refiere a lo vivido por Cristo, pero aquí encarnado en Chano, el personaje principal del filme. Sin embargo, la última secuencia me parece desafortunada, porque la cinta rebasa el sentido que con ella se pretende fijar.

La película de Sama está dividida en tres partes, a mí entender muy claras: en la primera, vemos la vida de un vagabundo, Chano; la segunda muestra su regreso a la vida cotidiana, como si de un salvador se tratase, tras la ayuda que le pide Rosa porque su ahijado está en la cárcel, acusado de violación y homicidio; por último (perdón por la obviedad), está la ya mencionada secuencia final, la de la iluminación y ascensión, bien marcada por la música extradiegética.

Ellas tres juntas despliegan el sentido redentor de Despertar el polvo, y ateniéndose a ello me parece que el trabajo es notable, pues a lo largo de la cinta se hunde en la miseria de la sociedad a Chano, un personaje externo a ella al comienzo, habitante de un espacio propio que nadie osa perturbar, como si se tratase de un observador aséptico, imparcial y mudo, que solo ve el suceder de las cosas. Al sumergirse en la sociedad, en él convergen todos los pecados de la misma: corrupción, violencia, hipocresía, muerte. Y así entonces, al final Chano tiene que redimir a la sociedad toda, convertido en aquel sobre el que recayeron todas las penas, y bañado en sangre se eleva hacia la luz.

Pero la cinta de Hari Sama rebasa este sentido; Despertar el polvo es sobre todo un trabajo que aborda la ciudad desde dos de las perspectivas más encontradas: la quietud y el a-través, por un lado, que hace de la ciudad un plano; y el vértice, por el otro, que la vuelve un cono recto. Cada una de estas perspectivas le corresponde a las primeras dos partes de la cinta.

En la primera de ellas, vemos a Chano como vagabundo, con su ropa vieja, cabello largo y sucio. El tono que Hari Sama le imprime a esta parte es casi la de un documental. La cámara se encarga de seguir a Chano, casi siempre guardando una notable distancia o “escondida” tras un objeto. Él es su punto de referencia, siempre estable y calmo. El vagabundo es esta figura que va a contracorriente del movimiento de la sociedad, quizá eco (no siempre por desición, por desgracia) de los viejos cínicos. Donde la sociedad es acelerada, vertiginosa y ruidosa, el vagabundo es quien encarna los valores casi contrarios, siempre a paso lento y silencioso.

Así entonces, ¿cómo filmar la ciudad sin perderse en la marea que es? Un punto fijo, como suele pedirse, es lo que se necesita. Y este es Chano como vagabundo. La secuencia más brillante de todas es aquella en la que, tras despertarse, toma su diablo y recorre la colonia Campamento 2 de octubre en busca de cartón, botellas y demás cosas que vender para ganarse unos cuantos pesos. En un travelling lateral seguimos su recorrido a paso lento, y a la vez vemos desfilar a las personas de la colonia y escuchamos el ambiente de la ciudad. El trabajo de sonido me parece admirable: se oyen los autos, los gritos, las voces, sílbidos y las groserías; y observamos a personas trabajando, platicando mientras atienden su puesto en la acera o caminando.

Todo este movimiento es observado y escuchado gracias a Chano, quien se mueve a través de la ciudad a paso lento. Recorre el espacio de tal modo que lo hace manifiesto gracias a su presencia. El contrario de esto se encuentra en las películas de acción, donde el espacio desaparece para hacer más notable la figura del héroe, o si acaso es solo el telón de fondo de sus hazañas. Muy diferente es en Despertar el polvo, que en esta primera parte tiene dos protagónistas: la ciudad y Chano.

La segunda parte de la cinta trae consigo volumen a la ciudad. Si bien lo que proporciona el vagabundo es detenerse a ver el paso de las cosas y atrapar algo de lo caótico de ella; sin embargo, lo que se obtiene es fragmentario. Si acaso episodios de la vida, por eso en la primera parte de la película hay momentos que no guardan relación entre sí, salvo que todos refieren a Chano. Así el juego de futbol que se detiene a ver, la mordida que recibe un patrullero mientras él está atrás bebiendo, el tendero que le regala una botella de alcohol o la mujer que sale a entregarle un poco de comida. Pero en cuanto Chano regresa a la vida cotidiana, llamado por Rosa, se ve sumergido cada vez más en la ciudad. La palabra es clave, sumegir, porque deja de ser un caminante y contemplador de la ciudad que se mueve en la superficie, para convertirse en una persona más con motivos y objetivos propios que hacen desaparecer las vidas de aquellos que no se relacionan con estos.

Quizá la secuencia más clara a este respecto sea aquella en la que pasa a través de una fiesta durante la noche, mientras el sonidero lo reconoce como el “mariguano del barrio”. En cierto modo, esta se parece aquella que nos permitió escuchar y ver la vida de la ciudad mientras caminaba con su diablo, pero en esta cambia todo: su paso se vuelve apresurado. Él sabe a dónde va, al encuentro de quien le proporcionará el arma que cargará de aquí en adelante. En esta secuencia ya no hay tiempo de ver a los demás; Chano pasa a través de ellos sin detenerse. Va tan rápido, incluso, que es capaz de dejar atrás a la cámara, atorada entre un montón de gente. Al final, ella lo deja, mientras se sumerge en la oscuridad de la noche. Su siguiente aparición es brutal: es dotado de palabra, y muestra deseos, impulsos, pasiones. Con esto se puede forjar ya una historia.

Ya no es Chano el vagabundo; ahora es el viejo vendedor de droga, el que se la sabe chido, quien puede pedir un paro a cambio de otro futuro, y quien es cabrón cuando se le “mete el mal.” Gracias a él la vida de la ciudad cobra forma: los patrulleros se emparentan con los criminales, la corrupción se hace presente, se nombran a los hijos de puta, y la ciudad deja de ser solo sonidos y aparición de personas. En Chano converge todo esto. Lo triste es que Hari Sama lo hace redimir a la sociedad; en vez de hacer patente que en cada uno, como vértice, converge un poco de lo caótico y estridente que es la vida en ella. El director prefirió dotarnos de esperanza a hacer patente que formamos parte de lo que vimos en la cinta.

hari1Título original: Despertar el polvo.
Director: Hari Sama.
Guión: Hari Sama.
Producción: Verónica Valadez Pérez.
Fotografía: José Casillas.
Edición: Mario Sandoval y Hari Sama.
Música: Darío González Valderrama.
País: México.
Año: 2013.
Elenco: Donaciano Hernández Pérez (Chano), Mercedes Hernández, Julio Escartín, Juan Carlos Torres, Rodrigo Franco, Gerardo Martínez .

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s