Phoenix.

Phoenix se ubica poco después del fin de la Segunda Guerra; escrita por Christian Petzold y Harun Farocki, quien murió en julio del año pasado, ella cuenta la historia de Nelly, una sobreviviente de Auschwitz, el campo de concentración por antonomasia. Ella sobrevivió, pero como pasó con tal vez todos, las marcas de la Shoah no solo quedaron en la psique sino también en el cuerpo. En su caso, terminó con el rostro desfigurado, así que en compañía de su amiga Lene se somete a una cirugía estética para, según la jerga médica, reconstruirlo.

La cirugía es exitosa, y ambas regresan a Berlín con la intención de arreglar el papeleo necesario para que Nelly pueda cobrar la fortuna que heredó tras la muerte de toda su familia, y así también para planear la marcha hacia Palestina, un lugar donde los judíos puedan vivir sin preocupación. Mas ella solo tiene en mente encontrar a su esposo, Johnny, porque la idea de volver a verlo algún día fue lo que la mantuvo con vida. Termina encontrándolo, pero él no la reconoce, aunque percibe cierto parecido. Y eso le da una idea: le plantea que si se hace pasar por Nelly, ellos juntos podrían cobrar todo el dinero. Para esto, reconstruye a Nelly, y entretanto he aquí el drama del filme: ¿Johnny se dará cuenta de que Nelly está viva, y la tiene frente a sí?

Hay una secuencia de vital importancia y notable belleza en Phoenix: aquella en la que, tras la salida del hospital y ya sin vendas en el rostro, Lene lleva a Nelly a ver lo que quedó de su viejo hogar. Lo que hay son ruinas; Nelly camina entre ellas un poco, y ve su rostro y cuerpo en un espejo roto. La alegoría es brillante: tras la Guerra quedan escombros, y no solo por los edificios destruidos sino que uno mismo queda hecho pedazos o irreconocible, como Nelly. Frente a esto, se plantea la pregunta: ¿es posible una reconstrucción?

Sin título
Fotograma de Phoenix.

 

Ella significaría volver todo a como era antes. Pero eso es imposible, según parece, y ya en el auto Lene corrige al doctor que operó a Nelly: recrear es la palabra indicada. No obstante, nuestra protagónista buscó una reconstrucción. De este modo aceptó la propuesta Johnny y se hizo llamar Esther, con la esperanza de que al final se diera cuenta de que ella es Nelly. Aparejada a esta cuestión, está otra igual de importante: la identidad. ¿Cómo saber que el otro es quien es? ¿Dónde está la permanencia en el cambio del que somos objeto?

La película de Petzold no solo aborda de manera muy elegante temas tan complejos, también lo hace de manera bellísima, trabajándolos lentamente, por grados. Así en la reconstrucción que Johnny lleva a cabo avanza poco a poco, y Petzold lo lleva desde lo externo a lo íntimo. Primero es el rostro, la carta de presentación ante todos los demás; su fuerza e importancia es notable, todos lo saben. De aquí que un rostro desfigurado sea capaz de provocar la compasión y la vergüenza en el soldado autoritario al comienzo de la cinta; o bien el rostro denuncia, cuando las bailarinas creen que Nelly es una mujer golpeada por Johnny, al verla con los ojos morados. En Phoenix, un rostro propicia todo.

Pero él no basta para saber que alguien es quien es: hay rostros semejantes. Aún no se habla de los métodos biométricos, entre los que está el reconocimiento facial, pero aunque se hablara de ellos Phoenix rebasa este sentido: no se trata solo de hallar a alguien. Se puede encontrar a una persona que no sea quien es, como sucede con las pérdidas de memoria.

La caligrafía viene después, algo oculto que se puede llegar a mostrar y que, de confiarse en los grafólogos, puede revelar la personalidad de un individuo. Pero la letra se puede copiar, y una firma se puede falsificar. Hay, no obstante, algo más revelador que la escritura: los ojos, las llamadas “ventanas del alma”. Nelly entonces le pregunta a Johnny de qué color eran los ojos de su esposa, y él responde que azules, como los de ella, mientras sale a prisa de su casa. El guión de Petzold y Farocki va a contracorriente: los ojos no son la ventana de nada. El ser no se revela por mediación; y si acaso lo hace, no es a través de una ventana, que lo entrega diluido.

Al final se alcanza la reconstrucción completa: Johnny le da a Nelly un vestido, unos zapatos de París, se tiñe el cabello y maquilla como lo hacía siempre. Luce, pues, como antes de la Guerra, pero ni siquiera así él se da cuenta de que ella es Nelly. Incluso empieza a actuar como ella, sentándose en el banco que solían visitar. Y por si fuera poco, las circunstancias los obligan a besarse. ¡Pero nada! No es posible una reconstrucción.

Tras el paso de la Guerra nada puede volver a ser como era antes. Y Petzold muestra hacia el final los ecos de la misma: Lene se suicida, porque ya no ve cómo seguir adelante; y le revela a su amiga que Johnny se divorció de ella tras ser detenido, y así se comprueba que él la entregó a los nazis. Pero lo más elegante de todo es el uso de los trenes: su imagen y sonido (se escucha el paso de un tren mientras lee el acta de divorcio). Después de la Guerra nada puede ser igual, y Petzold nos muestra lo ridículo que es actuar como si nada hubiera pasado, por ello el reencuentro de Nelly con sus amigos es vergonzoso y pudo ser previsto por Johnny a la perfección. Además, las actuaciones de aquellos son inverosímiles y, tal como dijo él, nadie preguntó por lo que vivió en Auschwitz.

En Phoenix hay un sueño: en una secuencia, Nelly sueña su llegada a la casa flotante en la que se escondía, vestida con las ropas del campo de concentración; ahí se encuentra con Johnny, quien está dándole la espalda. Ella permanece siempre en la oscuridad, y él nunca voltea. El sueño es premonitorio: el traidor da la espalda, y tras la vida en el campo de concentración, Nelly es irreconocible. Después de eso no es posible una reconstrucción en ninguna forma. El uso de las fotografías en el filme también lo muestra: en ellas se observa cómo convivían nazis, muertos y sobrevivientes. Ya no es posible volver a eso, por ello la palabra no es reconstrucción, sino recreación.

Al final, Johnny descubre a Nelly por su cantar, que no la sola voz. Esta es corriente, el cantar excepcional, igual que la secuencia final. La canción que Nelly interpreta es Speak Low, escrita por Kurt Weil, una que sobrevuela todo el filme y al final deja atrás un deseo de reconstrucción (The curtain descendsEverything ends) para dar paso a la recreación: I feel wherever I goThat tomorrow is hereTomorrow is nearAnd always too soon. Y ello deja pasmados a los crédulos que actuaban como si nada hubiera pasado, y a Johnny anonadado.

111242.55983957_1000X1000Título original: Phoenix.
Título: Ave Fénix.
Director: Christian Petzold.
Guión: Christian Petzold y Harun Farocki, basados en la novela Le Retour des cendres de Hubert Monteilhet.
Producción: Florian Koerner von Gustorf, Michael Weber.
Fotografía: Hans Fromm.
Edición: Bettina Böhler.
Música: Stefan Will.
País: Alemania – Polonia.
Año: 2014.
Elenco: Nina Hoss (Nelly Lenz), Ronald Zehrfeld (Johnny), Nina Kunzendorf (Lene Winter).

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