Rápidos y Furiosos 7.

En el argot de las personas que asisten al cine hay una palabra curiosa para juzgar una película: “palomera”. Ello significa que se trata de una cinta ligera y se puede ver en estado de dispersión, de tal modo que es posible realizar otra actividad de manera intercalada a su visión: comer palomitas y beber un refresco. Con tales filmes, casi todos los sentidos pueden ser satisfechos. Para lograr esto, las cintas calificadas con aquel adjetivo son una montaña rusa, con lapsos de gran intensidad y momentos de distención, y a veces también con lo que podrían llamarse “planos perdidos”, en los que ─por alguna razón─ la visión se suelta de la pantalla y sin embargo no se pierde el hilo de la cinta, de tal modo que uno pueda tomar un puño más de palomitas sin ningún problema.

En aras de la brevedad, bien se puede decir que la séptima entrega de Rápidos y Furiosos (2015) puede ser calificada con aquel adjetivo, y a grandes rasgos es un buen viaje a traves de una montaña rusa.

Dirigida por James Wan, quizá más conocido por Saw (2004), Rápidos y Furiosos 7 está marcada por la muerte de Paul Walker, de tal modo que el eje de la cinta es alejar de las balas a su personaje, Brian O’Conner, dándole una última aventura, para que así pueda dedicarse a la que requiere más valentía de todas, según dice Toretto: la familia. Y en efecto, esta es el leitmotiv de toda la película: la lucha por la supervivencia y el honor de dos familias. En ella, la familia de Dominic Toretto, según llama a su equipo, es perseguida por Deckard Shaw, quien busca venganza en nombre de su hermano. A su vez, esta historia se ve recubierta por otra que proporciona todo el arsenal, dinero y medios para hacerla rimbombante: el equipo de Toretto debe rescatar a una hacker llamada Ramsey quien tiene la llave para acceder a un programa llamado “el ojo de Dios”, el cual permite rastrear a cualquier persona en el mundo, combinando un sistema de reconocimiento facial con uno de vigilancia masiva que, entre otras cosas, puede acceder a toda cámara o teléfono celular.

Hay un juego curioso entre estas dos posturas: a pesar de que el agente supersecreto Sr. Nadie le dice a Toretto que, “en manos equivocadas”, “el ojo de Dios” sería extremadamente peligroso para la seguridad nacional; sin embargo, este siempre es usado para fines particulares, ya sea Toretto empleándolo para rastrear a Deckard Shaw o los malvados que pretendían robarlo para vengarse del equipo que se los robó. En cualquier caso, nadie parece darse cuenta del potencial de tal programa. Eso mismo revela hacía dónde hay que dirigir la mirada con Rápidos y Furiosos 7: la familia. He aquí lo importante.

Por ello, las mejores secuencias son las que tienen que ver con la familia, por sobre todo las hilarantes, en las que participan los miembros del equipo de Toretto. El drama y romanticismo no va acorde con Rápidos y Furiosos, y lo bueno es que lo saben, y por ello las secuencias de ese tono son breves y están desperdigadas a lo largo de la cinta, para distender.

Empero, hay dos momentos brillantes en Rápidos y Furiosos 7, donde se logró combinar la gracia con alguna emoción contraria: al inicio, en la única broma visual de todo el filme, cuando James Wan nos hace creer que Brian O’Conner está en un auto de alta velocidad, a punto de arrancar, y sin embargo está en una minivan y avanzó solo unos centímetros. ¡Fantástico!

El otro momento es aquel en el que explota la casa de Brian, por obra de Deckard Shaw: todo era dulce al comienzo y en un instante se elevó la emoción, con Brian logrando cerrar la puerta de la minivan de último minuto para poner a salvo a su hijo, mientras él se estrella con la ventana por la onda expansiva. Además, esta secuencia marcará la constante que en adelante tomará la cinta, cuando el hijo de Brian arroja su auto de juguete, y este le dice que los autos no vuelan

En efecto, no vuelan, pero Rápidos y Furiosos 7 nos muestra que pueden caer con estilo, como le dijera Woody a Buzz Lightyear.

No es extraño que los momentos más brillantes vengan antes de la aparición de las explosiones y los autos. Cuando estas entran, se vuelven las protagonistas, y lo que nos queda es asombrarnos al ver los autos caer con estilo.

Para terminar, la película tiene tres finales, lo que quizá es lo menos logrado, porque refleja que nadie fue capaz de unir todo, y se tomó la salida más fácil: uno de ellos es el de la historia de Rápidos y Furiosos 7, donde los buenos viven y las familias terminan felices y unidas; otro, donde se revela que el malo no murió y se prepara el terreno para la octava entrega de Rápidos y Furiosos, o al menos eso creo; y el último es el homenaje a Paul Walker, con fragmentos de las películas anteriores, que sin embargo, me temo, no le dice mucho a quienes no han seguido la saga.

En todo caso, quizá lo mejor es la toma aérea cenital del final, que muestra el auto de Brian y Toretto marchando a caminos diferentes. Pero mientras este termina en un fuera de campo, aquel se dirige hacia el atardecer. Rápidos y Furiosos 7 se permite una alegoría: el fin del día de Brian O’Conner en honor a Paul Walker.

Nota agregada el 8 de abril de 2015.

Me ha gustado un párrafo de la crítica de José Antonio Martín a la película:

Es cine directo y honesto que da lo que promete. Nadie se va a echar las manos a la cabeza, a estas alturas, al ver cómo la cámara lenta se recrea ante los cuerpos de chicas esculturales al son de pegadizas canciones, en momentos de relleno que son puro videoclip. Tampoco buscará explicaciones inútiles sobre cómo es posible que sus personajes sobrevivan a caídas tan aparatosas por acantilados, edificios y demás escenarios. Sencillamente, el espectador conoce las reglas (o la falta de ellas) de Fast & Furious, las acepta y disfruta de un viaje que bien vale el precio de la entrada del cine.

Desde el estreno de Rápidos y Furiosos 7  vi cómo muchos mostraban su animadversión hacia ella, entre los que Ernesto Diezmartinez destacó, para después escudarse en la salida fácil de “hay cine para todos”. Entiéndase: hay “buen cine” y “mal cine”; Rápidos y Furiosos pertenece a este, pero nos permitían verla para ser respetuosos de nuestros gustos. Si uno sostiene una postura de tal firmeza como la animadversión, no se puede apelar al relativismo: este obliga a darle la misma importancia a todas las posturas, y la animadversión es contrario a esto.

El punto de José Antonio Martín me parece más elaborado: apela a la honestidad del filme. Un criterio objetivo. Así debemos preguntarnos: ¿Rápidos y Furiosos 7 pretende ser algo más que diversión, explosiones, carreras, etc? Me parece que no, y así la cinta puede calificarse, a mi entender, como lograda.

a796d188gw1elwjtjhk19j20zx1kwti5Título original: Furious 7.
Título: Rápidos y Furiosos 7.
Director: James Wan.
Guión: Chris Morgan.
Producción: Vin Diesel, Michael Fottrell, Neal H. Moritz.
Fotografía: Marc Spicer, Stephen F. Windon.
Edición: Leigh Folsom Boyd, Dylan Highsmith, Kirk M. Morri, Christian Wagner.
Música: Brian Tyler.
País: Japón – Estados Unidos.
Año: 2015.
Elenco: Vin Diesel (Dominic Toretto), Paul Walker (Brian O’Conner), Jason Statham (Deckard Shaw), Michelle Rodriguez (Letty), Ludacris (Tej), Tyrese Gibson (Roman), Dwayne Johnson (Hobbs), Kurt Russell (Mr. Nobody), Nathalie Emmanuel (Ramsey).

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