Cincuenta sombras de Grey.

Me gusta ver lo que la crítica destroza porque creo, junto a Dalí (aunque no tan extremo como él), que cuando ella es unánime hay algo de qué sospechar. Desde luego, hay grados en la crítica, desde aquellos que dan razones para sostener su opinión hasta los más burdos intentos de expresar el punto de vista más objetivo, por no decir verdadero. Pero sin importar los grados, en estos casos surge la tentación de volverse defensor de lo que está en discordia, mas eso es ridículo, porque se entra en un enfrentamiento de opiniones que no tiene salida, al menos hasta que uno de los dos bandos se canse y declare, con más o menos desdén, “¡allá ustedes!” Sin embargo, y aun cayendo en esa tentación, me parece que Cincuenta sombras de Grey no ofrece mucho material para intentar su defensa. Pero desde otro punto de vista, es bueno que tal tentación se vea imposibilitada, ya que así es posible no caer ni en la crítica desmedida ni en un intento de salvar la obra.

Basada en el famosísimo libro de E. L. James, Cincuenta sombras de Grey, la película homónima desarrolla los primeros encuentros entre Anastasia Steele y Christian Grey, una pareja que se plantea como formada por contrarios: ella, recién graduada, tímida, virgen, torpe y con deseos de romance; él, exitoso en los negocios, al menos con quince amantes anteriores y un rostro incapaz de mostrar emociones. Pero su mayor contraste se refiere al placer que se obtiene con el cuerpo del otro: él busca la dominación; ella quiere una relación “normal”, con citas y una vida sexual que no vaya más allá de lo que ese adjetivo, con toda su ambigüedad, pueda connotar.

La idea de la dominación y su correspondiente sumisión me parece llamativa, y con ella se pueden crear obras de una fuerza notable: llega a mi mente, justo ahora, La Venus de las pieles (2013) de Roman Polanski. Pero en Cincuenta sombras de Grey no veo nada de esto: la dominación solo es planteada, nunca llevada a efecto. El problema radica en el señor Grey, porque es un dominador que no se domina a sí mismo. Dice guiarse por una serie de reglas que sin embargo rompe a la menor provocación. Así, tras afirmar que no tocara a Anastasia hasta que haya firmado un contrato de confidencialidad, sin embargo en la siguiente secuencia, en el elevador, manda al demonio tal requisito y la besa. También sostiene que él no “hace el amor”, sino que “folla” y “duro”; y que nunca pasa la noche con alguien. Mas esas reglas también son rotas al enterarse de que Anastasia nunca ha mantenido relaciones sexuales.

Alguien que desea dominar a otro y no se domina a sí mismo es una veleta intentando controlar la dirección del aire. El dominio es inexistente. Por eso son asépticas las secuencias en la “habitación de juegos” de Christian, y ni siquiera la abundancia de primeros planos, que pueden darle dinamismo a una secuencia, logran hacerlas más apasionantes. El mejor ejemplo de lo fría que es la relación entre Christian y Anastasia está en la secuencia donde la castiga por vez primera: filmada también con primeros planos, en ella no hay ningún rastro de placer ni de dolor debida a la dominación, a pesar de lo importante que es la secuencia, ya que ella causa la separación de la pareja (y prepara el terreno para la secuela de la película). Basta contrastarla con aquellas secuencias que protagonizan Charlotte Gainsbourg y Jamie Bell en el sexto capítulo de Ninfomanía (2013) para notar que en Cincuenta sombras de Grey la dominación no está en el sexo, ni en el “cuarto de juegos”.

Christian Grey no es un dominante, ni Anastasia Steele es sumisa al menos en este aspecto. Incluso pueden ser catalogados como una pareja “normal”, con discusiones sobre si ella debe ver a su madre o quedarse con él, por ejemplo. Y el famoso contrato sería un eufemismo de cierto tipo de relaciones, marcadas por una jerga usada en los negocios: “yo he dado todo de mí”, “tú no estás comprometido con esta relación”, “no me das lo que necesito”.

Empero, sí hay cierta dominación en Cincuenta sombras de Grey. Quizá el mejor plano de toda la película es el contrapicado, al inicio de la cinta, en el que Anastasia mira hacia arriba y observa lo inmenso que es el edificio Grey House. Es clara la connotación fálica en él, pero ¿en qué contexto se circunscribe? La directora, Sam Taylor-Johnson, decidió comenzar la película con un plano que, tal parece, le hace un guiño a aquel contrapicado: en él vemos los grandes edificios de la ciudad que, como el Grey House, alojan a los grandes emporios.

El dominio que sí está presente en la cinta es el económico. El edificio que alberga la empresa de Christian Grey es un falo, que atrae a todos y deja anonadada a Anastasia. Y a lo largo de la cinta, el único dominio que él ejerce sobre ella es el económico: desde las primeras ediciones que es capaz de conseguir, pasando por una MAC, hasta la decisión de vender el Volkswagen de Anastasia y comprarle un auto nuevo. Cada vez, ella se resistió (nunca muy decidida, dicho sea de paso) a aceptar todos estos regalos, pero al final siempre se los quedó. Solo en este aspecto Grey controla su vida; incluso en una ocasión, para decirle cuán especial es ella para él, le cuenta que ha sido la primera chica que ha llevado en su helicóptero.

Diego Lerer ha señalado que Cincuenta sombras de Grey parece de principio a fin un comercial de Dior, y aunque no profundiza en ello, la observación es acertada. Lo que hay en la película es la manifestación del poder económico a través de lo que se puede obtener con dinero: desde varios autos hasta la concepción que todas las mujeres de la cinta, sin excepción, tienen de Christian Grey como un “verdadero hombre”.

El poder económico que, entre otras cosas, es capaz de colocar la adaptación cinematográfica de un best seller como uno de los eventos más esperados, y que mueve a varios a pagar un boleto de entrada o a pasar dos horas frente a una pantalla solo para destrozar una cinta para la que, al final, vale lo mismo cualquier tipo de promoción.

50 sombras de greyTítulo original: Fifty Shades of Grey.
Título: Cincuenta sombras de Grey.
Director: Sam Taylor-Johnson.
Guión: Kelly Marcel, basada en la novela homónima de E. L. James.
Producción: Dana Brunetti, Michael De Luca, E.L. James.
Fotografía: Seamus McGarvey.
Edición: Anne V. Coates, Lisa Gunning, Debra Neil-Fisher.
País: Estados Unidos.
Año: 2015.
Elenco: Dakota Johnson (Anastasia Steele), Jamie Dornan (Christian Grey), Jennifer Ehle (Carla), Eloise Mumford (Kate), Victor Rasuk (José).

Otras referencias:

Dalí, Salvador. Los cornudos del viejo arte moderno. Traducción: Carmen Artal. Introducción y notas: Alain Bosquet. 1ª edición, Barcelona: Tusquets Editores. 2004. Colección: Esenciales -Dalí/3.

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Un comentario en “Cincuenta sombras de Grey.

  1. Justo es lo mismo que estaba pensando; no hay de por medio una psicología sexual dominante sino una psicología dominante por el poder económico y eso para mí es una pérdida de tiempo, se pude hacer una película en la cual un millonario contrata prostitutas y les paga para que se dejen someter, en pocas palabras no hay una trama envolvente.

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