Sueño de invierno.

Cuando hablamos de la soledad solemos pensarla como una ventaja, porque ayuda a pensar o nos evita malas compañías; o bien, la vemos como un estado pasajero. Pero el problema con la soledad es que se trata de algo inaprensible, porque no hay modo de describirla sin ser tautológico: ella es la falta de compañía, y la falta de ésta es soledad. ¡Imposible ir más allá! La soledad es sólo comprendida por quienes la viven…

La película más reciente de Nuri Bilge Ceylan, Sueño de invierno, nos plantea un encuentro con los seres solitarios desde la primera secuencia: el primer plano de la cinta muestra unos pastizales secos; seguido de un plano general con un hombre en la niebla, rodeado de estos pastizales. Se puede sentir lo frio y opresivo del aire mientras observamos a ese hombre, solo y cabizbajo, que ve a la distancia a un grupo de turistas. Los adjetivos que se presentan son: distanciamiento, asfixia y soledad. Todos ellos constantes a lo largo del filme, y lo genial es que Bilge Ceylan los presenta en imágenes, es decir, evitando el problema de su inaprensión por medio de la palabra, y haciéndolos vivenciales por medio de aquéllas.

En el filme nos encontramos con Aydin, su esposa Nihal, y su hermana Necla. El primero es un actor retirado, dueño de varias propiedades y un hotel en Anatolia, en el que vive con dos mujeres que en algún momento de su vida lo idolatraron. Sin embargo, Aydin está solo. La extensión de sus tierras es contrariamente proporcional al cariño que le tienen: con su esposa la relación es fría y distanciada; con su hermana, todo es hostilidad. De aquí los planos generales en los que aparece a las afueras, cabizbajo y siempre con su gabardina negra: la magnificencia de su tierra hace patente su soledad. Pero aunque Aydin sea el ejemplo prístino de ésta, empero, Nihal y Necla también son seres solitarios. La primera es una mujer lista, joven y bella, que vive prácticamente recluida en su habitación y, según sus palabras, se ha marchitado al lado de su esposo. Necla, por su parte, acaba de divorciarse, y dejó la ciudad más grande de Turquía para irse a vivir al hotel con su hermano y cuñada, a quienes apenas soporta.

Los tres viven en un mismo espacio (el hotel), pero están perfectamente encerrados en su habitación. Se encuentran distanciados, y el guión no deja de remarcarlo cada que vez que Aydin pregunta dónde está alguna de ellas, pues nunca recibe por respuesta una ubicación clara; siempre le dicen “creo que está..”, “debe estar…” ¡Nunca nadie sabe dónde está el otro!

Como seres solitarios que son, ellos comprenden que la soledad es igual a la asfixia. Pues vivir rodeado de aquellos que nos aman y amamos se compara a tener una normal respiración, porque ambas cosas nos llevan con vida al día siguiente: ¿quién no habla con sus amigos a diario, o con su amado(a), quién no tiene planes junto a ellos para el porvenir? En este sentido, compañía y aire son indispensables. Pero así también, su ausencia es igual de semejante: la falta de alguien, como la falta de aire, poco a poco lleva a la muerte.

La asfixia se ve en Sueño de invierno: no hay nada verde a la vista; pastos secos, tierra por doquier, y después la nieve y la niebla, que lleva a todos a recogerse en un pequeño espacio, como Suavi al lado de su estufa o los pasajeros en la estación del tren, como si nadie conociera los abrazos, es decir, la compañía del otro.

Ya se notado la fuerza, la belleza y la estirpe filosófica del guión de Sueño de invierno, pero me temo que la atención no se ha enfocado en las imágenes con la misma presteza. En cierto modo, se ha olvidado que Bilge Ceylan es un cineasta y un fotógrafo, esto es, él sabe pensar con imágenes. Y la atmósfera que imprime cada vez que filma en el exterior muestra que sus personajes se están asfixiando, o lo que es lo mismo, que están muriendo por soledad. Él no necesita remarcarlo con diálogos de manera continua, como hace Scorsese, por ejemplo, quien en Taxi Driver muestra a un Travis Bickle que no deja la letanía de la soledad.

La atmósfera exterior, opresiva y asfixiante, contrasta con la calidez que Bilge Ceylan imprime cuando filma en interiores, incluso las secuencias más crudas, donde Aydin discute con Necla y Nihal. En ellas los planos se tiñen de dorados, y la calidez también se ve en los personajes: Nihal luce todavía más bella a la luz de la chimenea y Aydin cobra un aire de nobleza, y ello es porque, tal como dijo él, a pesar de que se están diciendo todo lo terrible que son, sin embargo están juntos. Pero además, Ceylan muestra la asfixia en varias secuencias de notable belleza, por ejemplo, aquella en la que se captura un caballo: Aydin asiste faltándole el aliento, y después vemos al caballo, separado de sus congéneres y llevado a la asfixia. A uno y otro la cámara los ve de cerca, y a ambos les faltó el aire.

La asfixia lleva a la muerte, y la soledad también, pero aquel que está muriendo por la falta de aire siempre lucha por seguir con vida; en cambio, quien muere por soledad se puede dejar morir, siempre alejando al otro. En Sueño de invierno, vemos a Necla hacer esto, con una lucha entre la consciencia y el inconsciente: ella habla de “no resistirse al mal”, y en el fondo esto es un deseo de comunión, porque no habría que distanciarse ni de aquellos que consideramos más terribles, y sin embargo Necla se resiste, lanzando reclamos a Nihal y Aydin, cuyo “mal” no puede soportar.

El último plano de Necla es casi negro, cuando pasa frente a la cámara y deja a su hermano tras discutir, después de un prolongado silencio; y más adelante esto se reafirma, cuando no responde a la llamada de su puerta. Quizá esto sea la muerte por soledad: un fundido a negro en silencio.

Por su parte, los caminos de Aydin y Nihal se juegan en picados y contrapicados. Él decidió no ir a Estambul y con ello evitó la muerte por soledad, que Ceylan muestra en dos planos: el del perro muerto y el de los cuervos en los árboles. Pero antes de ir al hotel y ver a Nihal, va de cacería y mata a un conejo, cuyas últimas respiraciones ve en un plano picado: quien mira desde arriba, sobrevive; quien está abajo, muere lentamente.

Cuando Aydin llega al hotel, se traslada esta escena con un cambio de lugares: ahora, él mira desde abajo; y Nihal lo ve en un plano picado. Pues él desea quedarse junto a ella, aunque sea como sirviente o esclavo, porque no quiere nada en el mundo más que estar a su lado. Pero esta vez, el que vio desde abajo sobrevive: la última secuencia de Aydin es un inicio, al comenzar su Historia del teatro turco, mientras el sonido del teclado traspasa las paredes de su habitación. Y Nihal, que miró desde arriba, teniendo que elegir entre perdonar o no a su esposo y permanecer a su lado, parece morir tan lentamente como el conejo, cuando en su último plano está sentada, sola y cabizbaja, al tiempo que se pueden escuchar los ladridos de los perros, bien conocidos por ser llevados a la cacería de conejos.

SueñoTítulo original: Kis Uykusu.
Título: Sueño de invierno.
Director: Nuri Bilge Ceylan.
Guión: Nuri Bilge Ceylan y Ebru Ceylan, basados en los trabajos de Anton Chekhov.
Producción: Zeynep Ozbatur Atakan.
Fotografía: Gökhan Tiryaki.
Edición: Bora Göksingöl y Nuri Bilge Ceylan.
País: Francia – Turquía – Alemania.
Año: 2014.
Elenco: Haluk Bilginer (Aydin), Melisa Sözen (Nihal), Demet Akbag (Necla), Ayberk Pekcan (Hidayet), Serhat Mustafa Kiliç (Hamdi), Nejat Isler (Ismail), Tamer Levent (Suavi), Emirhan Doruktutan (Ilyas).

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