Apuntes 1.

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“Lagendaal schiet naast / Dutch player shoots on goal but misses”: fotografía vía Flickr por Nationaal Archief.

 

12 de enero de 2015.

Cuando tomé el transporte que me lleva a casa, pude ver durante varios minutos cómo es que el conductor (de manera muy poco elegante) intentaba ligarse a dos chicas, que tampoco ponían mucha resistencia. En una muestra de su dominio, discutió un poco con otros dos tipos sobre quién las había visto primero, y con ello, quién tenía derecho sobre ellas, para hablarle o intentar cualquier otra cosa. En esos momentos, se tenía por un hombre poderoso, extasiado por el cuerpo de aquellas dos chicas.

Unos treinta minutos después, alguien aventó a un hombre frente a su camión, que terminó muriendo bajo las llantas del mismo. Pude ver su reacción: se levantó rápidamente y fue a ver el cuerpo, y por unos instantes no supo qué hacer. Quien aventó al hombre intentó huir, pero fue capturado; el conductor sólo se quedo mirando cómo corría.

Un giro extremo: al principio se creyó señor de dos cuerpos; después, otro lo dejó paralizado.

*

He vuelto a ver La delicadeza, de David y Stéphane Foenkinos. En mis planes, desde hace mucho, está escribir sobre ella, pero esta vez observé algo que no había notado: el manejo de la cámara, en ocasiones bastante interesante, de los hermanos Foenkinos. Y por otra parte, encontré el que quizá sea el fotograma más bello de toda la película:

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Fotograma de La delicadeza.

 

Este fotograma es bello, porque en él se puede ver la realidad frente a Markus, y sus sueños atrás de él, siendo un reflejo difuso.

Markus había soñado que una chica bella como Nathalie estaba interesada en él, pero cuando fue a confrontar sus intenciones, se dio cuenta de que nada de lo que había pensado era cierto. En el rechazo amoroso, siempre se muestra cruda la realidad, y esto degrada la fuerza y la presencia de todos aquellos sueños y espectativas que pudimos forjarnos. Siempre es así, por eso tras un rechazo los escenarios que podemos imaginar o que llegan a nosotros, donde estamos junto a quien amamos, no son capaces de motivarnos y animarnos, como sí lo hacían antes del rechazo. La fuerza de las imágenes decrece, mientras lo real se ve más claro y crudo que nunca.

19 de enero de 2015.

Hace unos días, por una lesión, llegué a mi lugar de trabajo con una venda en la mano. La reacción de cada uno, y a la vez unánime, fue decirme “¡qué te paso?”. Haciendo a un lado la bondad de las personas, es curioso cómo un cuerpo en ese estado llama la atención; en cambio, un cuerpo sano casi nunca lo hace ─son pocos los que reciben cumplidos a diario. Incluso las personas con las cuales no me relaciono de manera especial me hicieron la misma pregunta, cuando mi cuerpo (yo) en estado normal no les interesa.

Sin embargo, todo parece suceder por un ligero cambio: una mano vendada, un pie fracturado, un moretón. Con esto el cuerpo no está totalmente enfermo. Cuando sí lo está, parece suceder lo mismo que con un cuerpo sano: deja de llamar la atención. A la cama del moribundo o del enfermo terminal sólo asisten los íntimos.

Quizá un cuerpo sano no llama la atención porque no hay nada nuevo en él, como tampoco lo hay en el completamente enfermo. En cambio, un cuerpo lesionado tiene la atracción de la novedad. Tal vez se debe desconfiar del interés que muestran las personas cuando te dicen “¡qué te paso?”, porque quizá sólo sea su reacción a la única atracción que vieron en ti.

20 de enero de 2015.

Hoy fui al centro de la ciudad en la que vivo, una de las más pobladas del mundo. No tiene caso decir cuál es, porque quizá la experiencia sea semejante en todas las ciudades increíblemente pobladas, y lo que llama mi atención esta vez es precisamente la experiencia.

Se sabe, creo, que los sentidos tienen la capacidad de enfoque, es decir, pueden bloquear una considerable cantidad de estímulos en pos de su concentración en uno sólo o en unos cuantos.

El caso es que vivimos acostumbrados a ignorar estímulos; es imposible dejar de hacerlo, pero pensé que quizá podamos experimentar, hasta cierto punto, cómo es estar abiertos a muchos más de lo común. Hoy fui, decía, al centro de la ciudad, y caminé a través de mareas de gente, tratando de no ensimismarme y esforzándome por escuchar lo más que pudiera. En mi caminata pesqué varias frases sueltas: “decidimos darnos un tiempo”, “este”, “le dije”… Todas frases inconexas, sin una historia. Además, el ruido de los autos, los organilleros, los silbatos de los oficiales de transito; todo esto por todos lados.

Después de varias calles, descubrí que se vuelve un poco complicado desplazarse esquivando a las personas, como si al intentar enfocarme en lo que pasaba a mis lados y hacia atrás, perdiera mi capacidad de guiarme hacia el frente. Se podría pensar que la atención se dispersa, pero creo que no es así. Más bien, con esa experiencia que intenté creo que la atención se vuelve momentánea: pasa rápidamente de un enfoque a otro. Pude pescar esas frases porque mi atención se fijo en ellas: toda percepción es un enfoque, es un poner límites. Un percepción ilimitada, donde se capte todo, parece imposible para nosotros, porque siempre percibimos desde un punto de vista. Así entonces, todo me indica que es imposible dejar de ignorar estímulos, sin embargo, sí se puede intentar acelerar nuestro ritmo de percepciones, cambiando rápidamente de un enfoque a otro. ¿Qué importancia tiene esto? No lo sé, pero algo que me sorprendió fueron todas esas frases inconexas, con una historia atrás, que pasan desapercibidas cuando sólo vamos enfocados en las percepciones que guían nuestra caminata por las ciudades muy pobladas.

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Título original: La délicatesse.
Título: La delicadeza.
Directores: David Foenkinos y Stéphane Foenkinos.
Guión: David Foenkinos, basado en su novela La délicatesse.
Productores: Marc-Antoine Robert, Xavier Rigault y André Logie.
Fotografía: Rémy Chevrin .
Edición: Virginie Bruant .
Música: Émilie Simon .
País: Francia.
Año: 2011.
Elenco: Audrey Tautou (Nathalie Kerr), François Damiens (Markus Lundell), Bruno Todeschini (Charles), Mélanie Bernier (Chloé), Joséphine de Meaux (Sophie), Pio Marmaï (François).

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