Carta a los Reyes Magos: un pequeño ejercicio.

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“Mechor, Gaspar y Baltazar”: fotografía vía Flickr por Jacqueline Torres López (Jackie TL).

 

Queridos Reyes Magos:

Espero que ustedes estén mejor que yo, sobre todo después de darle la vuelta al mundo llevando regalos a todos; supongo que eso debe ser agotador. Yo me suelo quejar de que pasó mucho tiempo en el transporte, ¡pero lo mío no se ha de comparar a recorrer el mundo en una noche! Como sea, supongo que ya saben que les digo estas cosas para hacer tiempo, porque la verdad es que el año pasado no me porte muy bien que digamos. No les voy a ocultar lo que ya saben: mentí mucho, quizá cada día, y las mentiras que dije hace años todavía no se borran, porque las personas a las que se las dije todavía las creen. Sí, lo sé: es un problema. Pero a veces tengo que mentir, y creo que no se puede evitar. Ustedes me conocen: cada vez que alguien me pregunta cómo estoy, casi me obligan a decir que estoy bien, porque si les digo otra cosa, ¡se molestan! Eso cuenta como una mentira, ¿no? Decir que uno está bien cuando no lo está.

Pero también dije otras mentiras, quizá más graves, pero no las voy a escribir porque, bueno, ya las saben, y si esta carta se pierde en el correo, no quiero que ningún cartero chismoso se entere. Aunque quizá el mayor problema en el año fue que sigo sin soportar a mi hermano. Lo sé, lo sé; ya sé lo que van a decir: es mi familia y debo apoyarla. ¡Pero es difícil! Sin embargo, estoy en eso. Quién sabe, tal vez el siguiente año merezca algún buen regalo.

¿Merezco uno este año? Pues no lo sé: si sumamos todos mis actos buenos, y les restamos todos los malos y mis equivocaciones… Bueno, creo que nos tardaríamos mucho en hacer esas cuentas. Cada día parece una suma de cosas buenas y cosas malas, y ustedes lo saben mejor que yo. Porque no son como Santa, quien siempre ve todo en blanco y negro, con su lista de niños buenos y niños malos. ¡Ustedes son más listos que el viejo Santa! Al menos yo no conozco ningún caso en el que le hayan dado a alguien un pedazo de carbón, y creo que es porque ustedes dan segundas oportunidades; como si nos dijeran, “conocemos tus errores, todas tus travesuras, pero cada día tienes la oportunidad de hacer algo mejor, así que toma este regalo, ríe y disfrutalo, porque no queremos que te desanimes; este día vuélvete más valiente, más lista, juega con los demás, y mañana recuerda, cuando te falte fuerza o valor, todo lo que aprendiste el día que te dimos un nuevo juguete”. Las segundas oportunidades no abundan, pero ustedes siempre las dan.

Así que, no lo sé, quizá merezco algo, quizá no; ustedes lo saben mejor que yo.

Adiós, o hasta el siguiente año, mis siempre queridos Reyes Magos.

Con respeto, yo.

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