Australia.

Australia

Hasta fechas recientes, por televisión había visto partes del cuarto largometraje de Baz Luhrmann, Australia (2008), y hasta esos momentos mi única impresión era que se trataba de una película atractiva. No obstante, bien se dice que no se puede juzgar al todo por las partes (ni a las partes por el todo, por cierto). Tras verla de manera completa, me parece que Australia, sobre todo, es un filme de momentos, es decir, de instantes desligados; algunos de los cuales son ciertamente muy bellos e interesantes, pero viendo el todo, me parece que éstos se pierden en la marea de sobreimpresiones que tiene la película.

Australia trata, en términos generales, sobre las aventuras pasadas por lady Ashley a su llegada a Australia. Y ésta, creo, es la única descripción capaz de sintetizar toda la película sin dejar fuera nada importante. Ello porque la cinta está construida de tal modo que historias se van abriendo, a veces cerrando, pero sobre todo superponiendo.

Australia, sin embargo, tiene una clara división en dos partes que puede considerarse como la base de la película, donde la primera comprende desde la llegada de lady Ashley a Australia hasta el momento en que su grupo, comandado por el Arriero, logra llevar el ganado a Darwin. Mientras, la segunda parte comienza con el baile, en el que Sarah Ashley pelea por la custodia de Nullah y termina cuando logra recuperarlo de la isla a la que fue llevado.

La división es bastante clara, al grado en que el director, en cada una de estas dos partes, utilizó el esquema básico de comienzo-clímax-descelance. Por ello, por ejemplo, hay dos momentos de suma emoción que hacen de descelance: por un lado, la llegada del ganado a Darwin; y por otro, la carrera de lady Ashley al puerto donde se reúne, tras la dolorosa separación, con el Arriero y Nullah. Es más, Luhrmann sigue a tal grado el esquema que se ve obligado a presentar a Neil Fletcher dos veces, e incluso de semejante forma en ambas partes de la película: sentado y matando a una mosca.

No obstante, si bien está división es bastante clara, por decirlo así, la madeja se enreda, porque sobre esas dos grandes divisiones, Luhrmann crea otras historias, otros escenarios.

Uno de los casos que más resalta es el de las llamadas “generaciones robadas”, cuya problemática es expuesta al comienzo, y justo después de ello conocemos a Nullah, quien se presenta a sí mismo, en voz en off, como ejemplo de quiénes eran los niños pertenecientes a esas generaciones: “Verán, -dice él- no soy negro. Tampoco soy blanco. Los blancos me llaman mezclado, mestizo, mulato. No le pertenezco a nadie.”

Y sin embargo, este asunto cobra relevancia sólo hasta la segunda parte, mientras que en la primera los únicos visos de ello son las veces en que Nullah se esconde del sargento Callahan. Ya hacia el final de esta primera parte, justo después de llevar el ganado a Darwin, Nullah nos recuerda que él no esta contento porque no es negro ni blanco, sino mestizo. Es decir, Baz Luhrmann retomó mucho tiempo después la problemática o la cuestión que anunció desde el comienzo, y que parecía ser el quid de la película.

El modo en el que lo hizo muestra cómo es que Australia es un filme de momentos, es decir, instantes desligados y abruptos. Casi nada en la narrativa ni en las imágenes le había dado permanencia al problema de las “generaciones robadas”, y así cuando Nullah remota lo que se dijo al comienzo de la película, ello no es otra cosa sino exabrupto, un chispazo. O en términos severos, un pésimo recurso para darle continuidad a una película que no va desglosando su continuidad mientras avanza.

Pero quizá la mejor muestra de cómo es que Australia es una cinta de instantes desligados y abruptos sea la secuencia que está a la mitad del filme, en la que se siguen muchos eventos de manera acelerada: lady Ashley y el Arriero nadando, instantes de la vida en Faraway Downs, escenas de besos, la muerte de King Carney, y sobreimpresiones de periódicos que informan de varias cosas. En ninguno de esos eventos hay nada previo: se trata de instantes sacados de la vida. Y sin embargo, el director no se preocupa por ello, y las presenta sin ningún problema. Mientras que nosotros, exigiendo continuidad, podemos preguntarnos, por ejemplo, ¿por qué King Carney le estaba dando la espalda a Fletcher de ese modo, justo en un lugar donde vive un cocodrilo? ¿O por qué el sargento Callahan dejo de perseguir a Nullah por un tiempo?

Así como en estos casos, hay otros. Por mencionar uno más, se puede hablar del aire mágico que Baz Luhrmann le da a la película, como la ocasión en que Nullah detiene la estampida o la regular presencia de King George, y sin embargo da la impresión de que ese aire está sólo en los momentos complicados, aquellos de los cuales no se podría salir sólo con recursos humanos.

No se puede juzgar a las partes por el todo, y así me parece que si bien en Australia el todo es abigarrado, por las cosas que se dejan en el aire, por historias que se superponen y demás; sin embargo, las partes son realmente interesantes, como la primera vez que es presentado Fletcher: un plano secuencia en el que lo primero que vemos son sus botas, y ello cobra toda su belleza cuando notamos que en la secuencia del asesinato, al comienzo del filme, vemos las mismas botas que, asumimos, son las del asesino. ¡Fantástico! Escenas que se complementan, sólo para observadores. O también, se puede destacar el manejo de los mapas que exhibe Baz Luhrmann al comienzo de la película.

Pero, claro está, tampoco se puede juzgar al todo por las partes, y así, lo bien logrados que puedan ser ciertos momentos, no pueden hacernos perder de vista que Australia es una película descontrolada, porque ella es una cinta de exabruptos, de instantes, a los que no les importa si hay continuidad o no, o si ella es forzada una y otra vez.

Título original: Australia.
Título: Australia.
Director: Baz Luhrmann.
Guión: Stuart Beattie, Baz Luhrmann, Ronald Harwood y Richard Flanagan.
Producción: G. Mac Brown, Catherine Knapman y Baz Luhrmann.
Fotografía: Mandy Walker.
Edición: Dody Dorn y Michael McCusker.
Música: David Hirschfelder.
País: Australia.
Año: 2008.
Elenco: Nicole Kidman (Lady Sarah Ashley), Hugh Jackman (Drover), Brandon Walters (Nullah), David Wenham (Neil Fletcher), David Gulpilil (King George).

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