La ciudad de los ladrones.

Si también de los males hay que hablar en términos favorables, no imagines mayor gimnasio de virtud o examen del alma más fiable que esta ciudad y su género de vida; no carece de importancia resistir a tantos deseos, a tantas imágenes y sonidos que por doquier tratan de arrastrar y apoderarse de uno. Sencillamente, hay que imitar a Ulises y navegar esquivándolos, sin atarse las manos -seria de cobardes- ni obstruir los oídos con cera, sino oyendo sin trabas y con espíritu auténticamente altivo.

Luciano. “Filosofía de Nigrino”. 19.

Es sorprendente, creo yo, ver cuán bien describe el párrafo anterior el capítulo “La ciudad de los ladrones”, número trece de la primera temporada de Hora de aventura. La ciudad de los ladrones no puede llevar un mejor nombre, pues ahí todos son ladrones y sobre aquel que entre a la ciudad, ella ejerce algo que lo lleva también a convertirse en un ladrón. Nadie se salva de esto, dice una vieja a la entrada, pero Finn y Jake no la escuchan, claro está, y bien seguros de sí mismos deciden entrar en búsqueda de una canasta de flores robada a Penny, una niñita nada más.

Tan pronto entran a la ciudad se ven bombardeados por las imágenes y sonidos de los robos, en todos lados y hacia todas direcciones. Ésta es la mejor imagen, por mí hallada, de una ciudad que sirve de gimnasio o para examen del alma. En este caso, de dos héroes tan puros como la nieve, que en ningún escenario se ven como posibles ladrones. Es más, tan confiados están de sí mismos que no sólo creen resistir el impulso de robar, sino que se proponen derramar su pureza en toda la ciudad.

Pero Jake es el primero en caer: no pudo resistir los deseos de robar y terminó haciéndose de unas botas rojas. “¡Esta ciudad me convirtió no sólo en ladrón sino en una mala persona!”, gritó desesperado. Es más, ni siquiera con las medidas cobardes que se tomaron, al ponerle Finn campanas en sus manos -cuál Ulises atándose las suyas-, pudo sobrellevar la situación. Pero lo importante y peor de todo es que ni se dio cuenta de lo que hizo hasta que se lo hicieron notar. ¡Hay que poner atención en esto! Jake robó y no lo supo.

Finn, por su parte, anda por la ciudad “oyendo sin trabas y con espíritu auténticamente altivo”, sin sentir algún deseo de robar; es más, teniendo siempre en mente la intención de regar su pureza en ella. Pero Penny lo engaña y hace que robe el tesoro del Rey de los ladrones, e igual que Jake no se da cuenta de ello hasta que le dicen que ha robado. Como Jake, Finn robó y no lo supo.

¿Qué nos dice todo esto? Nos muestra, creo, un cierto mecanismo más o menos oculto que hay en las ciudades para amoldar los modos de vida. Es claro que hay imágenes, sonidos y deseos manifiestos en las ciudades, los cuales nos provocan y llaman a adoptar cierto modo de vida. Como el del ladrón en La ciudad de los ladrones. O bien, si se quiere, el del emprendedor, por hablar de uno respaldado por el Estado. Pero hay otros medios no manifiestos que también encaminan a la adopción de cierto modo de vida. Como el caso de Penny, pues al estar en La ciudad de los ladrones, donde todo objeto ha sido robado y el sentido de propiedad se limita al tiempo en que tienes algo, ella sabe que recuperar su canasta o tomar cualquier cosa será un robo. Pero como Finn y Jake no saben esto, pudo hacerles creer que es una acción noble recuperar algo robado cuando es, más bien, robar algo que previamente te fue robado. Igual pasa con otros modos de vida: también cuentan con medios no manifiestos. Por ejemplo, el del ya mencionado emprendedor, que el Estado no sólo promueve con ese nombre, sino con otras etiquetas, como la de superación o realización, mostrando siempre a alguien alegre, satisfecho, magnífico. Un camino se disfraza de otro: el de la vida buena por el del emprendedor, y el del héroe que ayuda a las niñitas y castiga a los malvados por el del ladrón. Y como Jake y Finn, uno puede buscar ese primer camino y creer que anda por él, cuando más bien está haciendo las cosas del segundo camino sin saberlo.

Además, Hora de aventura muestra con ese capítulo que el camino del cobarde y el altivo, al final, es el mismo. El segundo bien puede resistir las imágenes, los sonidos y deseos manifiestos que buscan arrastrarlo a un cierto modo de vida. Per al final Jake y Finn terminaron convertidos en ladrones por igual. No obstante, permanece aún la idea de que no hay “mayor gimnasio de virtud o examen del alma más fiable que esta ciudad”, porque lo importante no es resistir sin ser arrastrado, sino hacerlo incluso tras haber caído en el modo de vida de La ciudad de los ladrones. ¡Ahí fue cuando vimos que Jake y Finn en verdad son héroes, cuando quedaron limpios otra vez! No como Penny, quien ya no pudo ser purificada y robó la ropa de Finn.

Bibliografía.

Luciano de Samósata. “Filosofía de Nigrino” en Obras I. Traducción y notas: Andrés Espinoza Alarcón. 1ª edición, Madrid: Editorial Gredos. 1981. Colección: Biblioteca Clásica Gredos/42. pp. 110-129.

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