Nosotros, los no amados.

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“Gorilla”: fotografía vía Flickr por Daniel Chang (mitanei).

 

Hoy, como todos los días, han humillado a uno más de los nuestros, y no sólo disfrutaron el hacerlo, sino que lo revivirán en sus charlas y se reirán de lo que hicieron hasta su muerte. Cada día al levantarnos esperamos una nueva humillación por parte de ustedes, ésta se ha vuelto una constante en nuestra vida. Lo cierto es que nos hemos obligado a vivir con ello, y sus burlas, ofensas, humillaciones y demás, cada vez las tomábamos con más sentido del humor. Nos reíamos, así, de ustedes y de nosotros, porque no se cansan de hacer lo mismo día tras día, pese a que reutilizan una y otra vez burlas ya usadas, y de nosotros porque terminamos sabiéndolas todas y sin embargo aún son capaces de provocarnos dolor.

Como saben, algunos de los nuestros ya se han dirigido a ustedes con anterioridad, guiados por una u otra razón, y así han salido a asesinarlos. ¿Creen, por mencionar lo que con seguridad está en su mente, que es gratuito elegir un cine como escenario para una masacre? O de menos, han ingeniado modos para hacerlos sufrir lo más que puedan, y de esta manera han inventado burlas y caricaturas de ustedes, que sin embargo también reutilizan una y otra vez. Pero en esta ocasión hemos decidido no utilizar medidas violentas, pese a que sabemos hacerlo, y quizá mejor que ustedes, pues entre nosotros hay muchos resentidos. En esta ocasión hemos decidido utilizar un medio más noble -aunque hay quienes lo consideran violento en sumo grado-, que algunos de nosotros saben utilizar muy bien: las palabras escritas. Con seguridad no se darán por enterados, porque en nuestra época se escriben cosas en abundancia y nuestras palabras sin duda se perderán entre tantas. Sin embargo, como creemos que ellas perduran, y como sabemos que en el futuro habrán más de nosotros y más de ustedes, al mismo tiempo desde ahora acompañamos a aquéllos y nos dirigimos a éstos.

Por lo demás, queremos asentar que esta ocasión es extraordinaria, ya que nosotros no nos relacionamos nunca. Los no amados, a diferencia de ustedes que son amados, no somos un grupo ni los formamos: cada uno de nosotros vive separado de los otros, refugiado en su soledad, por una u otra razón. Así, cada cual no sabe si alguien alrededor suyo es también un no amado. Pero, como se dice, situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias. De este modo, por primera y última vez nos hemos reunido, con nuestras respectivas túnicas y máscaras, como en Ojos bien cerrados, la película de Kubrick. No esperen en el futuro, pues, ninguna otra palabra o acción llevada a cabo por todos nosotros.

¿Qué les queremos decir? No crean que trataremos de convencerlos de que dejen de humillar, de burlarse, de menospreciar, etcétera. Bien sabemos que ésta es una empresa vana. Ni crean tampoco que anhelamos una época donde la tiranía de los amados desaparezca pues, como ya dijimos, sabemos que en el futuro habrán más de nosotros y más de ustedes. ¿Cómo lo sabemos? Porque aceptamos la tesis que dice: “Hacer sufrir produce bienestar en sumo grado”. (Friedrich Nietzsche. La genealogía de la moral. Un escrito polémico. II, § 6; p. 95.) Incluso algunos de nosotros la han experimentado en carne propia, y ustedes no son tan idiotas ni tan ingenuos como para privarse de tal goce, habiendo tantos que pueden considerar como inferiores. Entonces, así, lo único que queremos decirles es: cuidado.

Les queremos advertir que algunos de nosotros no soportan ya más sus actitudes, y están dispuestos a dirigir toda su inteligencia y poder contra ustedes. Desde luego, no nos preocupan todos: sabemos que algunos de los suyos jamás han hecho ni dicho algo contra los no amados, éstos son los que nos preocupan.

Como es usual, y según se dice, pagarán justos por pecadores. Quienes jamás han humillado ni se han burlado del feo, del lento, del solitario, del torpe, del raro, etcétera, según nos llaman los amados, sufrirán como quienes lo han hecho. No podemos hacer nada para detener a aquellos de nosotros que planean cosas terribles para ustedes, e incluso muchos que al principio no concordaban con sus métodos, al oír sus historias, se han convencido de que nada más se puede hacer. Por lo demás, nuestra opinión general es no tenerlos por culpables de algo: sencillamente, pensamos, se han cansado de sufrir, de llorar, de agacharse, de verlos con envidia, etcétera. Se han cansado, en suma, de tenerse a sí mismos como inferiores, aunado a que ustedes los consideran así, y sólo quieren descargar toda su fuerza sobre alguien. Quieren hacer como ustedes: enseñorearse.

Desde ahora, lamentamos dos veces lo que les sucederá: por ustedes y por nosotros. En el primer caso, porque unos pagarán las acciones de otros; y nosotros nos quedaremos sin ustedes, que no han hecho ni dicho algo contra los no amados. Ésta es una gran pérdida para nosotros, ya que a muchos de los nuestros han salvado. Bien sabemos y vivimos el que “un ser humano sin amor decae como una flor sin sol”. Pero han habido ocasiones en que alguno de ustedes se ha acercado a alguno de los nuestros, y de este modo lo han salvado. En especial, aún nos alegra lo que pasó con nuestra querida Amélie (aunque sea sólo una película, según piensan algunos de los nuestros).

Les repetimos, entonces, porque sólo esto podemos hacer, que tengan cuidado. En cuanto a los otros de ustedes, no queremos sonar burlones, porque de hecho sólo describimos lo que vivimos nosotros a diario; en fin, en cuanto a los otros de ustedes, tendrán la oportunidad de causar un goce amplísimo a algunos… quizá tendrán que aprender, como nosotros, a tomarse las cosas con sentido del humor.

Atentamente.

Nosotros, los no amados.

– Nota agregada el 28 de diciembre del 2014.

Hace unos días, a propósito de otro texto, hice un regreso a éste. Tras leerlo, veo que es un escrito que en ocasiones avanza torpemente, porque las ideas están expuestas sin orden. Sin embargo, quizá éste sea el tono adecuado, porque el escrito parece dicho desde el rencor, y con tal ánimo es díficil controlar los tiempos y las formas en cualquier proceder. No por nada su punto de partida es la descripción de una humillación; es decir, desde el comienzo mismo, el texto dice desde dónde está escrito.

Cuando un texto es escrito desde el rencor, creo, dos cosas se deben tomar en cuenta. La primera es que un texto de este tipo nos inscribe en una dicotomía. Como dice Felipe Fernández-Armesto: “El hecho de ser partidario de alguien depende de la alteridad: es preciso que exista otra parte de la que discrepar.” (Américo. p. 267.) Me parece que una de las cosas que distinguen al rencor (o al resentimiento) es que no puede existir si no hay algo en lo que se deposite. Éste es uno de los sentimientos que no existen por sí, como la angustia, sino que es preciso que algo lo despierte, lo mantenga y lo haga cobrar fuerza. Además, un rencoroso se distingue también por ser partidario acérrimo de su causa. No parece posible ser partidario de algo o de alguien a quien se le guarde rencor; y si acaso, como en varias películas, alguien sufre un cambio y se vuelve partidario de aquello contra lo que está resentido, es preciso notar que para que esto pase, primero, se debe hacer a un lado el rencor. De ahí que antes de que se formen alianzas se deben limar asperezas, y ello se suele sellar, por ejemplo, con un saludo de mano. Los que se guardan rencor nunca se unen ni cambian al bando contrario; eso sólo lo hacen los que dejan el rencor atrás, o nunca lo han sentido en verdad.

Entonces, un texto escrito desde el rencor nos inscribe en una dicotomía, y así llegamos al segundo aspecto que se debe tomar en cuenta con un texto de este tipo: se debe ser cuidadoso en su lectura. Un texto de este tipo nos suele inscibir en un tipo especial de dicotomía, en una que es un enfrentamiento, y en ocasiones hasta una lucha. El cuidado que se debe tomar es porque al leer un texto rencoroso se conoce la postura de un bando, que casi nunca logra deshacerse del impulso por dar razones que les traigan partidarios o justifiquen sus acciones. Y precisamente, me parece que este texto cae en ello.

Quizá la tesis más peligrosa, no enunciada explicitamente quizá, pero sí presente, es aquella en la que se equiparan las burlas y las humillaciones que viven ciertas personas con las medidas que éstas pueden tomar como respuesta, que pueden incluir balaceras, homicidios y demás. La equiparación radica en que todas estas acciones buscan causar dolor, y en todas hay un deseo de enseñorearse. Así, en el fondo, (o en esencia, si se quiere) los actos serían iguales.

Las tesis me parece interesante, plausible también; pero es peligrosa, porque se olvida de pensar las diferencias. La pregunta que quizá podríamos hacernos es: ¿son iguales todos los actos que buscan causar dolor y con los cuales se quiere dominar a otro(s)?

Título original: Eyes Wide Shut.
Título: Ojos bien cerrados.
Director: Stanley Kubrick .
Guión: Stanley Kubrick y Frederic Raphael, inspirados por la novela de Arthur Schnitzler, Traumnovelle.
Producción: Stanley Kubrick, Brian W. Cook y Jan Harlan.
Fotografía: Larry Smith.
Edición: Nigel Galt.
Música: Jocelyn Pook.
País: Estados Unidos.
Año: 1999.
Elenco: Tom Cruise (Dr. William Harford), Nicole Kidman (Alice Harford), Madison Eginton (Helena Harford), Sydney Pollack (Victor Ziegler), Leslie Lowe (Illona Ziegler).

Bibliografía.

Fernández-Armesto, Felipe. Américo. El hombre que dio su nombre a un continente. Traducción: Jesús Cuéllar Menezo. 1ª edición, Barcelona: Tusquets Editores. 2008. Colección: Tiempo de Memoria/66.

Nietzsche, Friedrich. La genealogía de la moral. Un escrito polémico. Traducción, introducción y notas: Andrés Sánchez Pascual. 3ª edición, Madrid: Alianza Editorial. 2011. Colección: Biblioteca del Autor/2. *

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