Comer carne humana.

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l’Oeuf.
Odilon Redon – Francia.
1885.
Museo Nacional de Serbia; Belgrado, Serbia.
29.3 x 22.5 cm.

 

1.

“¿Habéis comido ya carne humana?”, nos pregunta Michel Onfray en uno de sus libros. (Michel Onfray. Antimanual de filosofía. Lecciones socráticas y alternativas. p. 47.)

Continúa él: “Vosotros no, probablemente no. De lo contrario, me preocuparíais… Pero vuestros ancestros, sí, sin ninguna duda. No tanto vuestros padres o abuelos (aunque, ¿conocemos realmente el pasado de nuestros parientes…?) como los hombres prehistóricos de los que todos descendemos. […] Claro está que los detalles del banquete han quedado en la sombra, ignorados. Sólo ciertas muescas en las osamentas halladas permiten concluir que los fémures se partían de manera que la médula pudiese ser consumida. Mucho antes del foie-gras y las patatas doradas en grasa de pato, el hombre de las cavernas de Perigord se comía a su prójimo sin ningún problema.” (Ídem.)

Pero, en serio, ¿habéis comido ya carne humana? Preguntémonos esto después de leer lo que sigue…

2.

Artemidoro, en La interpretación de los sueños, nos dice que el soñar que se come carne humana es “el signo más excelente y que supera a los demás […], según yo he podido observar, con tal de que no se trate de un conocido o de un pariente, porque el individuo que come las carnes de un familiar no sólo enterrará a aquél del cual come, sino que tampoco él personalmente conseguirá alguna ventaja de aquello de lo que se nutre. En efecto, es natural que se recurra a semejante sustento unicamente en dificultades extremas, como suele acontecer en épocas de guerra o de hambre. Lo más funesto de todo sería tomar carne del propio hijo. Esta visión anuncia una muerte súbita, a no ser que se sueñe comer una parte del hijo de la cual el muchacho se gana la vida, tales como los pies si se trata de un corredor, las manos si se refiere a un artesano o los hombros si atañe a un luchador, en cuyo caso el sueño indica bienestar para el descendiente, y al padre que recibirá ayuda de su hijo. Devorar las carnes de otros hombres es buen presagio; en cierta manera las personas se comen las unas a las otras cuando se prestan mutuo auxilio.” (Artemidoro. La interpretación de los sueños. I, 70.)

Pues bien, dejando fuera a los usuales consumidores de carne humana, los que preocupan a Michel Onfray, Artemidoro tiene razón, ya que sólo en épocas de guerra o de hambre se recurre a la ingesta de esa carne. Sólo se consume, pues, en situaciones extremas, en aquellas en que no hay más nada que hacer. Sin embargo, no sólo habla de forma literal: “en cierta manera las personas se comen las unas a las otras cuando se prestan mutuo auxilio”, dice él.

Hay que observar bien la palabra que se usa: auxilio. No parece estar pensando Artemidoro en una ayuda cualquiera, como el apoyar a alguien con un paquete pesado o recoger lo que se la caído, sino en una ayuda de vital importancia. El auxilio, el socorro, se pide cuando en ninguna forma o muy difícilmente se puede salir avante por los propios medios. Así, por ejemplo, puede llegar a nuestra mente la imagen de las personas atrapadas en un edificio en llamas pidiendo auxilio, o el que la señal SOS no se manda con ligereza.

Pues bien, teniendo en mente esto, ¿por qué dice Artemidoro que, cuando se prestan auxilio, en cierta manera las personas se comen la una a la otra? La clave parece estar en lo que significa “comer”, así que hay que revisar lo que hacen quienes, en una situación extrema, consumen carne humana.

¿Qué se hace cuando se come, en una situación extrema, tal carne? Sin duda, es claro, le quitamos al otro partes suyas y las usamos en nuestro beneficio. Hay un consumo productivo o, nunca mejor dicho, un “gasto productivo del cerebro, musculo, nervio, mano, etc, humanos […]” (Karl Marx. El capital. p. 54.) Quien recurre al canibalismo en situaciones extremas, pues, gasta o consume a su prójimo en pos de su conservación. Tal gasto del prójimo es, qué duda cabe, absoluto, porque a menos que uno goce en grado sumo con ser cruel, no se deja con vida al otro, o no se mantiene con vida mientras es consumido, sino que es matado o se le deja morir y sólo después de ello es comido. Es preciso aclarar, por si surge la pregunta, que no hay ningún gasto improductivo aquí, ya que si bien un ser humano no se puede comer completamente a otro ser humano, sin embargo, otros animales u organismos se encargan de lo que queda.

Al comer carne humana hay, pues, un “gasto productivo del cerebro, musculo, nervio, mano, etc, humanos […]” (Ídem.) Y tal gasto es absoluto. Ahora retornemos: ¿por qué dice Artemidoro que, cuando se prestan auxilio, en cierta manera las personas se comen la una a la otra?

Bien, ya hemos dicho que parece estar pensando en una ayuda de vital importancia, en una requerida en un momento en que se enfrentan graves dificultades, cuando en ninguna forma o muy difícilmente se puede salir avante por los propios medios. ¿Qué clase de esfuerzo es requerido aquí por quien presta auxilio? Al parecer es uno enorme. Pienso en la imagen del bombero heroico que entra al edificio en llamas arriesgando su propia vida, o en el policía que toma el lugar de un rehén, en quien pasa todo el día en el hospital y/o usas todos sus medios con tal de que mejore alguien, en quienes ayudan sin descanso en las zonas de desastre; en fin, cada cual puede pensar algo más o menos de este estilo. Aquí también hay, aunque en otra manera, un “gasto productivo del cerebro, musculo, nervio, mano, etc, humanos […]” (Ídem.) Desde luego, aquí no es absoluto; sin embargo, por la intensidad de su gasto es equiparable al cómo se gastan al comer carne humana.

Así visto, no es extraño que el soñar comer tal carne sea un buen presagio: indica que alguien hará enormes esfuerzos para prestarnos auxilio en el momento en que enfrentemos grandes dificultades.

Ahora, con Michel Onfray, podemos preguntarnos otra vez: ¿habéis comido ya carne humana? O dicho de otra forma, según nos ha indicado Artemidoro: ¿habéis estado alguna vez en grandes dificultades, y necesitado del auxilio de alguien? ¿Habéis comido ya, en este sentido, carne humana?

3.

Pero hay usuales consumidores de carne humana, no hay que olvidarlos. Hay, tampoco hay que olvidarlos, también algunos que gozan en grado sumo al ser crueles, y no matan o dejan morir a su prójimo para después comerlo, sino que lo mantienen vivo, y lo van consumiendo poco a poco.

Hay también, equiparables a éstos, en el sentido que nos ha indicado Artemidoro, consumidores de carne humana que llamamos aprovechados, embaucadores, estafadores, timadores, sanguijuelas, proxenetas, etcétera.

– Nota agregada el 12 de diciembre de 2013.

Artemidoro, en La interpretación de los sueños, menciona además de la anterior, otras dos veces el comer carne humana:

  • “Nutrirse con las propias carnes es un buen síntoma para el pobre, pues, efectivamente, conseguirá muchos bienes con el trabajo y el esfuerzo de su persona y, de esta forma, se alimentará no gracias a sus carnes, pero sí de las obras de ellas. También es ventajoso para un artesano devorar aquellas partes de su organismo con las que desempeña su tarea. Ciertamente, unos emplean ambas manos, otros una sola, otros las puntas de los dedos, otros, incluso, todo el cuerpo. Para los profesionales de la oratoria es un signo propicio dar a comer su boca y su legua, porque, al procurarse grandes beneficios con ellas, estarán en condiciones de compartirlos con otras personas. […] Una mujer que se nutre de sus propias carnes se prostituirá y de esta forma se ganará el sustento gracias a su cuerpo.” (Artemidoro. La interpretación de los sueños. III, 23.)

Esto parece apoyar lo que decíamos, que el comer carne humana es un “gasto productivo del cerebro, musculo, nervio, mano, etc, humanos […]” (Karl Marx. El capital. p. 54.) Y el hacerlo literalmente se compara con la gran intensidad de su gasto al hacer ciertas obras; aquí dice Artemidoro con “el trabajo y el esfuerzo”, y el caso de la mujer que se prostituirá, sobre todo, dan a entender gran intensidad.

La siguiente ocasión que menciona el comer carne humana, Artemidoro cuenta el sueño que alguien tuvo:

  • “Un padre que tenía tres hijos soñó que dos de ellos, tras haberlo troceado, lo devoraban y que el más joven -que estaba presente- se enfurecía contra sus hermanos, manifestaba su dolor y proclamaba con repugnancia: «Yo ciertamente, no comeré a mi padre». Sucedió que el hijo menor de aquel hombre murió. Únicamente éste se quedó sin gustar no ya las carnes de su progenitor, sino tampoco su patrimonio, puesto que falleció antes que él y, por consiguiente, no disfrutó de la herencia. Los otros, que sí lo habían probado, fueron los sucesores de la hacienda paterna.” (Artemidoro. Op. cit. V, 42.)

Los hijos de aquel hombre, es claro, se beneficiaron del “gasto productivo del cerebro, musculo, nervio, mano, etc, humanos […]” que su padre realizó gran parte de su vida, y culminó como la hacienda heredada. Este ejemplo es atractivo, porque con él pensamos no tanto en gran intensidad de gasto como si estuviera comprimido en un instante o corto periodo, sino también en gasto de larga duración, y por ello tan intenso como los anteriores.

Bibliografía.

Artemidoro. La interpretación de los sueños. Traducción, introducción y notas: Elisa Ruiz García. 1ª edición, Madrid: Editorial Gredos. 1989. Colección: Biblioteca Clásica Gredos/128.

Marx, Karl. El capital. Crítica de la economía política. Tomo I; libro 1. El proceso de producción del capital. Traducción, advertencia y notas: Pedro Scaron. 1ª edición, México: Siglo XXI editores. 1975. Colección: Biblioteca del Pensamiento Socialista.

Onfray, Michel. Antimanual de filosofía. Lecciones socráticas y alternativas. Traducción: Irache Ganuza Fernández. 2ª edición, Madrid: Editorial EDAF. 2005. Colección: EDAF Ensayo.

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5 comentarios en “Comer carne humana.

  1. Hola! Que tal! Pues yo soñe, que me comia mi mano, pero! Muy satisfactoriamente! Porque no me dolia, y percibí que cuando uno se hace una cortadita, como se queja porque, nomas se esta lastime y lastime. Por su atención, gracias.

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