Los viciosos del estudio (filosófico).

La lectrice soumise. René Magritte – Bélgica. 1928. Colección privada.
La lectrice soumise.
René Magritte – Bélgica.
1928.
Colección privada.

 

Toda práctica, costumbre o gusto, puede convertirse en un vicio, en tanto que se lleve a cabo de manera muy frecuente y/o en exceso. Nada escapa, pienso, de esta posibilidad. Sin embargo, es claro que hay prácticas que, aún siendo realizadas sobremanera, no son por lo general consideradas en ninguna forma un vicio, sino, al contrario, prácticas sanísimas. Una de éstas, el más claro ejemplo, es el estudio.

Pocos dicen, de manera seria, que estudiar afanosamente es un vicio. Antes bien, casi todos nos repiten que hay que estudiar para esto o para aquello, no importa; el punto es que hay que estudiar de manera continua y con esmero. Así, todos, sin importar lo que cada cual estudie, hacen en el fondo lo mismo.

Aquellos que de vez en cuando o de manera continúa caminan por las universidades, quizá vean alguna que otra vez a los más viciosos del estudio. Yo he visto a algunos cuantos. ¿Cómo saber quiénes son? Es menester recordar la tesis que dice: casi todo vicio se manifiesta a través del cuerpo, de tal modo que aunque no se hable de él, sin embargo está a la vista de todos. No hay, pues, casi ningún vicio secreto; casi todo vicio está a la vista, aunque sean percibidos, muchas veces, sólo por un observador atento. Esta tesis la he leído expresada por Oscar Wilde y E. T. A. Hoffmann. (Cfr. Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray. p. 198. Y Cfr. E. T. A. Hoffmann. Sor Monika. Documento filantropínico-filantrópico-físico-psico-erótico del Convento Secular de X. en S… pp. 142-143.)

¿Cómo manifiestan los cuerpos, entonces, el vicio del estudio? Luciano de Samósata, observador muy atento él, lo describe en su diálogo llamado Hermótimo, aunque en éste sólo habla de los estudiantes de filosofía. Ahí, Licino le dice a Hermótimo:

A juzgar, Hermótimo, por el libro que llevas y por el ritmo rápido de tu paso, parece que vas a toda prisa a casa de tu maestro. Al menos ibas pensando en algo mientras caminabas, pues movías los labios suavemente susurrando y agitabas la mano a un lado y otro como si estuvieras componiendo un discurso para ti mismo, planteando alguno de esos problemas enrevesados o abordando sesudamente alguna cuestión típica de los sofistas; así que ni aún cuando vas andando descansas, sino que estás en permanente actividad, haciendo algo práctico que de paso pueda servirte para tus estudios. (Luciano de Samósata. “Hermótimo” en Obras IV.  1.)

Dos cosas destaca Luciano: el soliloquio y el movimiento exagerado de las manos. Los más viciosos del estudio, pues, no sólo repiten y meditan constantemente lo que estudian, cosa hecha por todo estudioso, sino que están tan afanados en ello que no les basta hacerlo quietos y en silencio, sino que se ven desbordados y las lecciones les salen por la boca y por las manos, como si acabaran de saltar a la palestra.

Hacer esto, empero, no es siempre la manifestación del vicio del estudio. Contra aquel que está en la tarima dando cátedra, por ejemplo, y agita las manos de un lado a otro, no está diciendo nada Luciano. Él está pensando en los que van caminando, o sea, en los que están en una situación con la que no van sus actitudes. El caminar, nos hace suponer Luciano, es una actividad para observar y descansar, no para hacerse ver, por estar en permanente actividad. Ellos, pues, son viciosos ya que, por estar tan afanados en sus estudios, los llevan a cabo en todo momento que les sea posible, y además de manera exagerada.

El soliloquio y el movimiento exagerado de las manos, sin embargo, no son propios de los viciosos del estudio filosófico. Yo los he visto en estudiantes de medicina y física, por ejemplo. Esto muestra, o da a pensar, que hay algo común en ellos que los lleva a hacer lo mismo: todos son viciosos del estudio.

Este vicio, a diferencia de otros, es cómico. Ver a estos viciosos es como tener bufones frente a nosotros. Pero el problema es que no son bufones, ya que creen realizar una práctica seria y sanísima. Así visto, Licino, más que reírse de Hermótimo, ironiza sobre lo que hace.

Bibliografía.

Hoffmann, E. T. A. Sor Monika. Documento filantropínico-filantrópico-físico-psico-erótico del Convento Secular de X. en S… Traducción: Jordi Jané. 4a edición, Barcelona: Tusquets Editores. 2004. Colección: Narrativa Erótica – La sonrisa vertical/46.

Luciano de Samósata. “Hermótimo o sobre las sectas” en Obras IV. Traducción y notas: José Luis Navarro González. 1ª edición, Madrid: Editorial Gredos. 1992. Colección: Biblioteca Clásica Gredos/172. pp. 24-89.

Wilde, Oscar. El retrato de Dorian Gray. Traducción: José Luis López Muños. 1ª edición, Madrid: Alianza Editorial. 1999. Colección: Literatura-Clásicos/5526.

Anuncios

Un comentario en “Los viciosos del estudio (filosófico).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s