Escribir un Diario.

diary-1986-1987
Diary 1986.
Hanne Darboven – Alemania.
1987.
Galerie Greta Meert; Bruselas, Bélgica.
70 hojas; 51,5 x 71,5 cm.

 

He decidido empezar un Diario, si es que ése es el nombre adecuado para un cuaderno en el que uno habla, mediante la palabra escrita, con uno mismo. Hace no poco tiempo, la idea de escribir un Diario me parecía ridícula, pues ¿por qué uno debería escribir, detalladamente o no, lo que nos sucede? Pensaba de tal manera, sin embargo, en parte por lo que leí en La hermenéutica del sujeto de Foucault, y en algunas cartas de Séneca a Lucilio, y en mayor medida al darme cuenta de la importancia que los diarios han tenido para muchos, empecé a preguntarme si no sería conveniente escribir uno.

Podría pensarse que lo hago sólo por copiar o intentar imitar a otros. Cosa falsa, porque nunca he leído el diario de nadie más, excepto uno de Orwell: el Diario de Guerra. 1940-1942. Pero, más importante aún, lo hago porque, después de pensarlo algunos días, encontré razones para hacerlo. Así como en su momento encontré razones para comenzar un blog.

¿Cuáles razones encontré? Si bien pensé en varias, sólo algunas me parecen importantes para todos aquellos que se pregunten, como lo hice yo, si no sería conveniente escribir un Diario: (1) cada día hablamos con nosotros mismos, pero sólo en nuestra cabeza, aunque a veces se hace en voz alta; sin embargo, tiempo después, a veces la noche del mismo día, somos incapaces de recordar todo lo que nos hemos dicho. Desde luego, en un Diario no se registra todo, pero sí más cosas de las que podemos recordar cuando no las escribimos en un papel. ¿Por qué es importante recordar lo que hablamos con nosotros mismos? Pienso que nosotros mismos somos nuestro permanente compañero, ¿y cómo no escuchar a aquel que está siempre con nosotros? Luciano de Samósata, en uno de sus escritos, dice que nuestra sombra o, mejor dicho, la sombra de aquellos que menciona, fue el mejor testigo en contra de ellos a la hora de ser juzgados, pues ella siempre estuvo presente y así sabía todo lo que pasó e hicieron en su vida. (Luciano de Samósata. “Menipo el cínico (o la necromancia)”. 11.) Más o menos, esto es lo que trato de decir: somos capaces de desdoblarnos y hablar con nosotros mismos, y como nadie sabe tanto de nosotros como nosotros, se debe poner suma atención a lo que nos decimos. ¿Para qué? No lo sé exactamente. (2) Aceptando aquello de que escribir es pensar, podríamos apresurarnos a escribir sobre todo y en todas las formas. Haríamos mal, no obstante, pues no todo escribir es pensar. O mejor dicho: no todo escribir conlleva un esfuerzo intelectual. Aquel que escribe una cita en Twitter o en Facebook, por ejemplo, sólo está transcribiendo, no pensando.

Dicho esto, un Diario me parece que sí es un escribir que conlleva pensar. Pero no sólo esto: es algo que está a medio camino entre un escribir que no conlleva un esfuerzo intelectual y una escritura larga y/o muy meditada. Un Diario, me parece, está lleno de anotaciones -el Diario de Guerra de Orwell es una muestra esto-. Éstas pueden tener toda la belleza y genialidad de aquéllas y sin embargo ninguno de sus defectos: pueden ser tan pequeñas como una cita, pero que no ha sido copiada de ninguna parte, aunque bien puede abrevar de varias; y pueden ser tan profundas como un texto largo y/o muy meditado, y no obstante ser de una lectura “fácil” o menos cansada.

Por otra parte, por un momento pensé escribir un Diario como un blog, como hacen otros, mas pronto abandoné esa idea, pues en un Diario es más fácil encontrar, o tratar de encontrar, quién es el que lo escribe. Cosa terrible, me parece. ¡Ya es suficiente con que aquellos con los que convives lo intenten!

Releo lo que he escrito hasta ahora y me sorprendo: ¡es increíble cuánto puede decir uno! ¿Cuánto hay en nuestra cabeza que puede ser dicho, y sin embargo nunca es dicho, porque nunca comenzamos a decirlo? Ésta es una impresión a la que llegarán muchos de aquellos que comiencen a escribir un Diario.

Bibliografía.

Luciano de Samósata. “Menipo el cínico (o la necromancia)” en Diálogos cínicos. Introducción, traducción y notas: Antonio Guzmán Guerra. 1a edición, Madrid: Alianza Editorial. 2010. pp. 99-117.

Orwell, George. Diario de Guerra. 1940-1942. Traducción: Eduardo Rabasa. 1ª edición, México: Editorial Sexto Piso. 2006. Colección: Narrativa Sexto Piso/19.

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