Filósofo y detective, investigadores.

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Succession.
Wassily Kandinsky – Rusia.
1935
The Philips Collection; Washington DC, Estados Unidos.
80.9625 x 100.0125 cm.

 

En Una investigación filosófica, de Philip Kerr, hay varias partes, especialmente en las que leemos los pensamientos de Wittgenstein, que son muy parecidas a partes o bien del Tractatus logico-philosophicus o de las Investigaciones filosóficas. Incluso en una parte, el Wittgenstein de Una investigación filosófica tiene un gesto similar al de Wittgenstein, al reconocer que en sus pensamientos anteriores hay graves errores, como los remilgos que tenía con respecto a usar ciertas palabras que designaran lo que era, al fin y al cabo, la obra de su vida; así también como lo hace Wittgenstein en el “Prólogo” de las Investigaciones filosóficas, al reconocer que había graves errores en lo que suscribió en el Tractatus logico-philosophicus. En fin, al parecer, hay muchas relaciones que se pueden establecer entre esas dos obras de Wittgenstein y Una investigación filosófica; sin embargo, mi poco conocimiento de esas dos obras no me permite establecerlas como debiera hacerse.

Hay, no obstante, algo que sí creo poder hacer… Pues bien, en el “Prólogo” de las Investigaciones filosóficas, dice Wittgenstein que lo publicado ahí son pensamientos “que son el precipitado de investigaciones filosóficas que me han ocupado en los últimos dieciséis años.” (Ludwig Wittgenstein. Investigaciones filosóficas. p. 11.) Hay, pues, pensamientos en ese libro, al igual que los hay en el Tractatus logico-philosophicus: “Si este trabajo tiene algún valor, éste consiste en dos cosas. La primera de ellas es que en él se expresan pensamientos, y este valor será tanto mayor cuanto mejor expresados estén. Tanto mayor será cuanto más se haya remachado el clavo.” (Ludwig Wittgenstein. Tractatus logico-philosophicus. p. 105)

Pero quedémonos ahora sólo con los de las Investigaciones filosóficas. ¿Qué forma tienen los pensamientos expresado aquí? Wittgenstein dice que los redactó como anotaciones. Ello, pues si bien su intención había sido desde el comienzo reunirlos a todos en un libro, sin embargo, no lo hizo, pues le parecía “esencial que en él los pensamientos debieran progresar de un tema a otro en una secuencia natural y sin fisuras.” (Ludwig Wittgenstein. Investigaciones filosóficas. p. 11.) Intentó ensamblar sus pensamientos varias veces, pero, nos dice, nunca le salió bien. Y comprendió que nunca le saldría bien. Así, se dio cuenta, escribe, de “que lo mejor que yo podría escribir siempre se quedaría sólo en anotaciones filosóficas; que mis pensamientos desfallecían tan pronto como intentaba obligarlos a proseguir, contra su inclinación natural, en una sola dirección.” (Ídem.)

Habla Wittgenstein de la “inclinación natural” de sus pensamientos. ¿Cual es, empero, esa inclinación natural? Pues bien, dice que sus pensamientos desfallecían cuando intentaba obligarlos a proseguir en una sola dirección, pues esto iba contra su inclinación natural. “Y esto -continúa- estaba conectado, ciertamente, con la naturaleza misma de la investigación. Ella misma nos obliga a atravesar en zigzag un amplio dominio de pensamientos en todas las direcciones.” (Ídem.) La inclinación natural de sus pensamientos es, entonces, el ir en varias direcciones, porque al realizar una investigación eso es lo que se hace: ir en varias direcciones, o sea, se revisan pensamientos, que sin embargo no nos llevan en una sola dirección, sino en varias; los pensamientos que se revisan, pues, no son un camino, sino un dominio. Un territorio, pues, en el que se realizan “largos y enmarañados viajes.” (Ídem.)

Habla Wittgenstein, empero, de “la naturaleza misma de la investigación”. No sólo se refiere, entonces, a sus investigaciones, sino a toda investigación. Esto, y lo que hemos dicho, nos lleva a pensar que no sólo sus investigaciones obligan a atravesar en zigzag un amplio dominio de pensamientos en todas las direcciones, sino que más bien todas las investigaciones nos llevan a hacer eso, y llevar los pensamientos revisados en una sola dirección no se puede hacer sin violencia.

En Una investigación filosófica, por su parte, está presente una comparación o equiparación entre una investigación hecha por un detective y un filósofo. Así, sir Jameson Lang le dice a Jake:

Tanto la investigación policial como la filosofía parten de la idea de que hay una verdad que puede descubrirse. Nuestras respectivas actividades se basan en la existencia de determinados indicios que debemos reunir para construir la verdadera imagen de las realidad. El núcleo central de nuestros respectivos empeños es la búsqueda de sentido, de una verdad que, por algún motivo, está oculta. Una verdad que existe detrás de la apariencias. Nosotros tratamos de traspasar esas apariencias, y a esa búsqueda le damos el nombre de conocimiento.

Ahora bien, mientras que la comisión de un crimen es algo natural, la tarea del detective, al igual que la del filósofo, es antinatural e implica el análisis crítico de diversas presuposiciones y convicciones, así como el cuestionamiento de ciertas presunciones e intuiciones. Por ejemplo, usted intentará verificar una coartada del mismo modo que yo trataré de probar la correcta construcción de una proposición. El fin es el mismo, la búsqueda de la claridad. No importa qué nombre le demos, lo que en ambos casos se busca es imponer un orden en el reino del Caos. (Philip Kerr. Una investigación filosófica. p. 196. Los subrayados son nuestros.)

Y más adelante podemos leer:

A sir Jameson Lang sin duda se le había pasado por alto una de las diferencias más importantes entre un filósofo y un detective. A los ojos del detective nada es simplemente lo que es. Una colilla nunca es simplemente una colilla, a veces es también un signo, una pista, una pieza de puzzle a la espera de ser conectada con algún otro elemento. […]

Simplemente conectar. Para saber algo, basta con saber relacionar las cosas entre sí. […]

Evidentemente, había ocasiones en que a Jake se le escapaban las posibles conexiones, en que no podía conectar «nada con nada», en que resultaba imposible descubrir algo.

En eso casos, la única opción era tratar de conseguir que las piezas encajasen.

Hacer encajar. A ningún detective le gustaba demasiado esa expresión. Sonaba a corrupción y malversación, sugería que se priorizaban ciertas conexiones en detrimento de otras. Sonaba a demasiado deliberado, demasiado premeditado. (Ibídem. p. 206.)

En ambas citas podemos ver aquello que daba a entender y que decía Wittgenstein: que, en la búsqueda de un sólo sentido, deben reunirse y ensamblarse determinadas cosas. Tanto el detective como el filósofo buscan, dice el profesor Lang, imponer un orden en el reino del Caos, pero lo que no dice tan claramente es que, piensa él, el orden es puesto instaurando un sentido. Ahora bien, es esencial que el ensamblaje o la relación de esas determinadas cosas sea, como dice Wittgenstein, natural y sin fisuras. Porque, en el caso del detective, por ejemplo, cualquier fisura abriría la posibilidad de que X no sea culpable; abriría, pues, la posibilidad a una duda razonable.

Llegados aquí podemos ver, pensamos, la diferencia más importante entre un filósofo y un detective: el segundo, necesariamente, a menos que sea un muy mal detective y por ello no merecedor de ese nombre, debe hacer encajar aquello que ha revisado durante su investigación en una sola dirección, en la dirección que nos lleve hacia el culpable. Así, por ejemplo, Jake reunió las pistas que consiguió al hipnotizar a Chen, tanto en inglés como en chino, lo que pudo recordar de su cruce con Wittgenstein, de sus conversaciones, el resultado de una prueba grafológica, etcétera, para saber dónde vivía y así atraparlo. En cambio, el filósofo puede no hacerlo, como Wittgenstein, puede no obligar a sus pensamientos a proseguir en una sola dirección, y en vez de ello redactar anotaciones filosóficas.

Así también podemos ver que el detective es más consciente, por decirlo de alguna manera, de la naturaleza de la investigación, la cual nos lleva a revisar en zigzag un dominio de pensamientos en varias direcciones, porque él sabe de la violencia que se debe ejercer cuando la relación o el ensamblaje de ellos no es natural y sin fisuras hacia una sola dirección. Por ello a ninguno le gusta la expresión hacer encajar: sabe que hay violencia ahí. En cambio, el filósofo puede obligar a sus pensamientos a proseguir en una sola dirección y no saberlo. A veces, quizá muchas veces, ejerce violencia y no lo sabe. Wittgenstein, por su parte, sí lo sabía.

De manera reciente encontré las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein; no es la edición que yo cité aquí, publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto de Investigaciones Filosóficas, sino una coeditada entre éstas y Editorial Crítica. Es la misma traducción, la de Alfonso García Suárez y Ulises Moulines. La única diferencia está en que las primeras dos distribuyeron el libro sólo en México; y las tres juntas lo hicieron para España y toda América, claro excepto México. Es lo mismo a final de cuentas, salvo por los cambios en páginación y demás cosas menores. E incluso también ésta, como aquélla, es bilingüe, así que para quien lo necesite, dejo el link a su disposición.

Bibliografía.

Kerr, Philip. Una investigación filosófica. Traducción: Mauricio Bach. 4a edición, Barcelona: Editorial Anagrama. 2011. Colección: Compactos/231. [Versión epub del libro]

Wittgenstein, Ludwig. Investigaciones filosóficas (edición bilingüe). Traducción: Alfonso García Suárez y Ulises Moulines. 1a edición, México: Universidad Nacional Autónoma de México – Instituto de Investigaciones Filosóficas. 1988. Colección: Filosofía Contemporánea.

____________. Tractatus logico-philosophicus. Traducción, introducción y notas: Luis M. Valdés Villanueva. 3a edición, Madrid: Editorial Tecnos. 2007. Colección: Los esenciales de la filosofía.

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