Los superiores y la mayoría.

Boxer. Jean-Michel Basquiat – Estados Unidos. 1982 193 x 239 cm
Boxer.
Jean-Michel Basquiat – Estados Unidos.
1982
193 x 239 cm

 

He leído dos cosas muy semejantes, una fue escrita por Henry Miller y la otra por Oscar Wilde. Ambas versan sobre el destino de aquellos que destacan, y quizá incluso se complementan. En Al cumplir ochenta, Henry Miller escribe: “Lo que importa son las cosas pequeñas, no la fama ni el éxito o el dinero. La cima es muy estrecha, pero abajo hay muchos como tú que no se estorban ni se molestan. Ni por un instante se te ocurra que los genios viven felices; todo lo contrario, da gracias por ser del montón.” (Henry Miller. “Al cumplir ochenta” pp. 15-16.)

En El retrato de Dorian Gray, mediante Basil Hallward, Oscar Wilde dice: “Hay un destino adverso ligado a la superioridad corporal o intelectual, el destino adverso que persigue por toda la historia los pasos vacilantes de los reyes. Es mucho mejor no ser diferente de la mayoría. Los feos y los estúpidos son quienes mejor lo pasan en el mundo. Se pueden sentar a sus anchas y ver la función con la boca abierta. Aunque no sepan nada de triunfar, al menos se ahorran los desengaños de la derrota. Viven como todos deberíamos vivir, tranquilos, despreocupados, impasibles. Ni provocan la ruina de otros, ni la reciben de manos ajenas. Tu situación social y tu riqueza, Harry; mi cerebro, el que sea; mi arte, cualquiera que sea su valor; la apostura de Dorian Gray: todos vamos a sufrir por lo que los dioses nos han dado, y a sufrir terriblemente.” (Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray. p. 12.)

El destino de los superiores es, entonces, el sufrimiento o la infelicidad. Pero hay que avanzar despacio…

Henry Miller y Oscar Wilde tienen como supuesto el que la mayoría de los seres humanos no destaca, porque la mayoría de nosotros somos feos o estúpidos. Así, en algún sentido, todos somos iguales. Sin embargo, hay algunos que no son como la mayoría de nosotros, en tanto que son superiores corporal o intelectualmente, y así ellos son diferentes. Los seres humanos, de este modo, se dividen en dos grupos, el de la mayoría y el de los superiores, siendo aquél mucho más grande que éste.

Los superiores, por su parte, se encuentran en guerra o al menos enfrentados, porque buscan ser siempre superiores a todos los demás o, lo que es lo mismo, buscan siempre estar en la cima. Buscan, en suma, como se dice siempre, triunfar. Esta situación en que se encuentran hace, como indica Oscar Wilde, que provoquen la ruina de otros y/o la reciban de manos ajenas, porque no se puede llegar a la cima sin pasar sobre los otros que buscan llegar a ella. Y el grado de ruina que se provoca y/o reciba es tanto más grande cuanto más pequeño sea lo que se busca. Así, como la cima es muy estrecha, gran ruina provocarán y/o recibirán los seres humanos superiores.

Más aún, si algún o algunos llegaran a la cima, incluso así jamás lograrían vivir tranquilos, despreocupados, impasibles, pues siempre habrán otros buscando quitarlos de ahí. De este modo, el destino de los superiores es, entonces, el sufrimiento o la infelicidad, en tanto que siempre están en guerra o, al menos, enfrentados a los demás.

La mayoría de nosotros, al ser feos o estúpidos, no buscamos llegar a la cima. Quizá, incluso, no buscamos llegar a ningún lado ni a nada. Y, de esta forma, no nos molestamos ni estorbamos, pues no vamos a ningún hacia. Es como si la vida de éstos fuera un simple estar-en, quizá por ello habla Oscar Wilde de que ellos pueden sentarse a sus anchas y ver la función con la boca abierta; en cambio, la vida de los superiores, un dirigirse-a. Así, no hay mejores adjetivos para la mayoría de nosotros que tranquilos, despreocupados, impasibles.

Pero, llegados aquí, habría que preguntarse si hay alguien cuya vida no sea un dirigirse-a, sino un simple estar-en. Al parecer, el problema de lo que dicen Henry Miller y Oscar Wilde es que no hay nadie que tenga tan poco que no tenga un poco. Es decir: no hay nadie que sea tan feo o estúpido que no tenga un poco de belleza o inteligencia. Aquí, uno es tanto más feo cuanto menos belleza se tenga; uno es tanto más estúpido cuanto menos inteligencia se tenga. Pero no se es totalmente feo o estúpido, como si se tratara de contradicciones del bello o inteligente. Y este poco que se tiene es suficiente para ser uno de los seres humanos superiores que busca llegar a una cima, sea cual sea. Incluso las cosas pequeñas, aunque no sabemos si todas, contrario a lo que dice Henry Miller, importan. Por ejemplo, conseguir un asiento en el transporte público, no digamos un asiento preferido, conlleva el ganárselo a todos aquellos que pueden luchar por él. Esto bien lo saben casi todos los habitantes de las ciudades.

De este modo, por muy poco que se tenga o sea x, todos somos seres humanos superiores corporal y/o intelectualmente. Todos, así, buscamos llegar a una cima o, como se dice siempre, buscamos triunfar en algo. Y, de esta forma, todos aquellos que buscan llegar a una cima en común, se estorban y se molestan. Así también, provocan la ruina de otros y/o la reciben de manos ajenas, porque si no lo hacen nadie llegaría a la cima. Entonces, ninguno de nosotros logra vivir tranquilo, despreocupado, impasible. No obstante, nuestro destino no es el sufrimiento o la infelicidad, porque hay cimas que se pueden conseguir fácilmente, y otras que a veces son fáciles de conseguir, y hay cimas de las que nadie intenta quitarnos, o si lo intenta nosotros decidimos ceder el lugar o no; en suma, hay cimas a las que se busca llegar que no nos mantienen siempre guerra o, al menos, enfrentados a lo demás.

Así, al parecer, viviremos por momentos tranquilos, despreocupados, impasibles; pero en otros momentos en la vida habrá sufrimiento, infelicidad, o al menos disgusto o malestar.

Bibliografía.

Miller, Henry. “Al cumplir ochenta” en Al cumplir ochenta. Traducción: Zulai Marcela Fuentes. 1ª edición, México: Universidad Nacional Autónoma de México. 2004. Colección: Pequeños Grandes Ensayos/20. pp. 15-29.

Wilde, Oscar. El retrato de Dorian Gray. Traducción: José Luis López Muños. 1ª edición, Madrid: Alianza Editorial. 1999. Colección: Literatura-Clásicos/5526.

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